Los abusos sexuales, el Opus Dei y el ominoso silencio de los medios

MGF, denunciante de los abusos de Manuel Cociña Abella

El silencio victimiza nuevamente al superviviente de abusos, lo ningunea, trata de anular su dolor, su historia, el horror sufrido… es menos que una anécdota en la historia bimilenaria de la institución. Mientras tanto, Cociña NO ha sido expulsado de la Iglesia, ni tan siquiera de la Obra

Es la primera condena en firme del Vaticano a un clérigo del Opus Dei por abusos sexuales. Y no un cura menor: el primer numerario de la historia, un religioso que convivió con el mismísimo Escrivá de Balaguer. Manuel Cociña y Abella fue condenado por un delito continuado de ‘Solicitación’ y varias ‘imprudencias’. Una condena histórica, aunque ínfima para un hombre que abusó de chicos a su cargo, y que utilizó para ello el sacramento de la confesión.

La noticia ha sido la más leída de las últimas semanas en RD, y ha desatado la polémica en las redes sociales. Sin embargo, tanto la Prelatura del Opus Dei como la práctica totalidad de medios de comunicación (con la salvedad de los diarios de Granada -donde reside Cociña, que NO ha sido expulsado de la Obra- y medios chilenos -donde vive el principal denunciante-) han silenciado la noticia.

El Opus Dei sigue callado. Es la misma estrategia de siempre, la que tanto daño ha hecho a las víctimas de abusos. Porque el silencio victimiza doblemente al superviviente, lo ningunea, trata de anular su dolor, su historia, el horror sufrido. El silencio de quienes, durante años, miraron hacia otro lado, trasladando a Cociña de un lugar a otro y conminando a las víctimas a callar y guardar su dolor en un cajón es, si cabe, más ominoso que los abusos en sí. Porque el silencio es consciente, programado. 

Manuel Cociña y Abella

Manuel Cociña y Abella
Y porque no se queda sólo en eso. Y es que, cuando se trata del Opus Dei, algunos adalides de la defensa de las víctimas de abusos se esconden debajo de las piedras. ¿Por qué? ¿Es tanto el poder que el Opus Dei sigue teniendo en la sociedad española para que medios tan poco sospechosos de cercanía a la Iglesia como El País o la Ser -que sí siguieron la noticia cuando salió a la luz, gracias a RD, en abril de 2019- han callado la sentencia? Recordemos, un fallo de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que ya se está cumpliendo.

¿Por qué no se han hecho eco de la noticia las principales agencias de nuestro país -Efe y Europa Press-, que también han tenido acceso a la información, de primera mano? La respuesta es, lamentablemente, obvia. ¿Dónde están Vida Nueva, Alfa y Omega, la prensa ‘católica’ de nuestro país? ¿Tanto poder tiene la Obra sobre ellos? ¿Qué le dirán a la víctima cuando ésta vuelva a preguntar por el silencio? Sé que estas letras molestarán a muchos amigos y compañeros que trabajan, y muy bien, en estos y otros medios, pero son muchos años de escuchar centenares de historias de dolor y sufrimiento. Quien esto escribe no eligió ser voz de muchos llantos. No es plato de gusto, se lo aseguro. Y no puedo aceptar callado el silencio de otros. Al final, acaban gritando las piedras.

El silencio de los medios ante los abusos en el Opus Dei clama al cielo, nos devuelve a realidades que parecían olvidadas en este país, cuando la Obra manejaba los hilos de la economía, la sociedad y el periodismo. Tiempos que, como vemos, no están tan lejos.

Insisto: por primera vez en la historia, en todo el mundo, un sacerdote del Opus Dei es condenado por la Santa Sede por abusos… ¿y nadie dice nada? Raro, muy raro. Cruel, sin duda. Un jarro de agua fría para las víctimas, que ya no van a poder confiar ni siquiera en los medios de comunicación. Con RD podrán contar. Siempre.

Manuel Cociña y Abella, como miembro de la Orden del Santo Sepulcro

Manuel Cociña y Abella, como miembro de la Orden del Santo Sepulcro

Y, junto al silencio, la dramática maquinaria de una institución que, pese a lo ordenado por el Papa Francisco, continúa impidiendo que el denunciante tenga acceso físico a su sentencia. MGF (¿por qué las víctimas tienen que seguir escondiéndose tras unas siglas, para no ser señalados?) no sabe cómo se produjo el juicio, no ha podido presentar abogado, no puede recurrir, jamás sabrá lo que su abusador, o los responsables de la Obra, dijeron sobre él ante la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Y, por supuesto, ni una palabra de indemnización o resarcimiento. MGF, al menos, cuenta con el apoyo del Arzobispado de Santiago de Chile (donde ahora reside), que ha sufragado cada paso que se ha dado, tanto desde el punto de vista psicológico como procesal. ¿Le pasará la factura al Opus? ¿O también se lavará las manos en esto?

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