Lo sagrado y la religión

La educación cívica entra en las aulas. Su objetivo es enseñar a reflexionar sobre la complejidad de las relaciones sociales y los valores de una convivencia respetuosa.

La cúpula católica promueve la objeción de conciencia contra ella. El laicismo es condición inherente del Estado democrático. La formación religiosa debe darse en el ámbito familiar y en las instituciones de cada comunidad de creyentes.
La escuela laica es de los pocos espacios públicos que quedan para aprender a convivir. Las religiones tienen su propio ámbito; el Estado, también. El hombre construye sus creencias interiormente, ahí donde la religión fluye sosegadamente.
Un laicismo tranquilo sabe respetar las creencias que alivian el desasosiego de muchos hombres. Devociones legítimas, pero que no pueden ser doctrina pública en las aulas. Fernando Savater, laico y volteriano, describe el arraigo de los sentimientos de trascendencia y de lo sagrado. No son percepciones exclusivas de ninguna religión, sino que constituyen un anhelo íntimo del ser humano, el único animal que sabe que ha de morir.

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