Lo que dicen y lo que querían decir

El cartel original es este.

Aunque en realidad estaban pensando en este otro.

Lo que en oratoria se conoce como “audiencia secuestrada”, un auditorio complaciente y sin el menor bagaje crítico, tiene el inconveniente de que rebaja el grado de exigencia del orador a niveles, a veces, ridículos. Por ejemplo, explicar a los niños que los bebés los traen de París las cigüeñas puede tener gracia en algunas circunstancias, excepto si se escucha de labios de un ponente en un congreso de ginecólogos.

Aznar explicaba aquello de que los moros todavía no le habían pedido perdón por conquistar España y haberla “ocupado” durante ocho siglos, y a pesar de tamaña necedad, su audiencia americana, con las neuronas encharcadas en colesterol, asentía con la cabeza como si se encontrase ante el mismísimo Einstein de los historiadores.

El caso más grave es el de la Iglesia Católica, que, de tanto rebajar su nivel para ser entendida por su escasa y envejecida feligresía de beatas, pierde el sentido del ridículo. Ayer, en plena campaña contra el aborto, la Iglesia sacaba un panfleto para explicarnos a los adultos que hasta un lince (en peligro de extinción) está más protegido que la vida humana. ¿Tendremos que matar a todos los linces para que nos dejen reformar la Ley del aborto?

Fijaos bien en el cartelito. Aparece un niño de varios meses, que ya gatea, junto a un cachorro de lince, como si lo que está en juego fuese que, gracias a la Ley del Aborto, no es que vayamos a liquidar fetos, sino que podemos matar a niños de un año que ya gatean, mientras perdemos el tiempo en salvar una especie amenazada, una especie de otro animal, para colmo, muy diferente por cierto a la de los curas, un animal bellísimo y noble, el lince, que jamás, que se sepa, ha colaborado en el asesinato masivo de linces infieles en las Cruzadas, una especie que jamás levantó una hoguera para quemar linces brujas, una especie que jamás habría mirado hacia otro lado mientras se gaseaba a millones de linces judíos, una especie que vive en Doñana y que caza para vivir, y no como esa otra que vive en palacios episcopales y caza para afianzar su poder.

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