«Lo público significa que es de todos, y el estado laico es de todos»

-Entrevista al profesor de filosofía Antonio Aramayona miembro del «Movimiento hacia un estado laico»-

FD La Ilustración ya apostaba, en el siglo XVIII, por un mundo habitado por seres humanos autónomos, críticos e independientes, al margen de autoridades y dogmatismos. En pleno siglo XXI, el “Movimiento hacia un estado laico” (MHUEL) encarna en Aragón esa misma apuesta por conseguir una sociedad laica, como explica Antonio Aramayona, miembro de este grupo.

El laicismo al que aspiran “no niega o persigue aniquilar las creencias religiosas”, puntualizan. Su pretensión es “alcanzar una convivencia de éstas con unas instituciones españolas y aragonesas independientes de cualquier confesión”.

En tan solo unos meses de vida, MHUEL ya ha estado presente en la vida pública de la Comunidad Autónoma de Aragón, concretamente con motivo de la revisión del reglamento de protocolo del Ayuntamiento de Zaragoza. Junto a Antonio Aramayona conocemos desde dentro los cambios que proponen para la sociedad.

PREGUNTA.- ¿Qué necesidad hay en la actualidad para que haya un movimiento social de este tipo?
RESPUESTA.- En la época de la Ilustración apostaron por un mundo habitado por seres humanos autónomos, críticos e independientes, liberados de dogmatismos y de argumentos basados en la autoridad. Esos seres humanos tenían que ser producto de su libertad y del cultivo de su razón. Este ideal quiere seguir vivo hoy día, y eso supone buscar una sociedad y un estado laicos.

P.- ¿Tienen cabida los creyentes en MHUEL?
R.- Por supuesto, de hecho, en MHUEL hay también creyentes. Más aún, un creyente verdadero debería aspirar a vivir en una sociedad laica. Esto supone que el estado no se identifique con ninguna confesión religiosa, y que a la vez los creyentes no tengan cortapisas para ejercer su libertad de conciencia y de culto. El laicismo es garantía de la auténtica libertad para todos los ciudadanos, sin discriminar a nadie.

P.- Por lo que explica, el laicismo no niega o busca acabar con ninguna creencia religiosa…
R.- Queremos que cada uno sea libre y tenga las convicciones morales que quiera. Estamos de acuerdo en que continúen celebrándose actos religiosos en el ámbito de lo público, siempre que cuenten con la debida autorización y a la vez no estén inmiscuidas las instituciones públicas, ya que representan a toda la ciudadanía. Esto está en contradicción, por ejemplo, con el funeral de estado por las víctimas del reciente accidente de Barajas, oficiado por la jerarquía católica. También sirve de ejemplo el inicio oficial del año judicial mediante otra misa católica. En la sociedad española hay personas con otras creencias religiosas o con ninguna, y no tienen que asistir a un acto institucional mediante unas determinadas liturgias confesionales. Las religiones pertenecen al ámbito de lo privado, en cambio, el estado es de todos y, por consiguiente, ha de ser laico.

PROPUESTAS LAICAS

P.- ¿En qué otros aspectos tiene que cambiar España para convertirse en un estado laico?
R.- Los poderes ejecutivo, legislativo y judicial tienen que ser independientes de cualquier religión. Hay que derogar el Concordato que Franco firmó en 1953 con la Iglesia Católica. También es necesario elaborar una ley de la eutanasia para que quien quiera acabar con su vida porque no puede con su sufrimiento, no se le declare un delincuente. Igualmente, se debería revisar la actual normativa sobre el aborto, y que la Iglesia deje de chantajearnos saliendo a manifestarse para decir, engañosamente, “sí a la vida y a la familia”, ¡como si alguien estuviese en contra de la vida o de la familia!

P.- La eliminación de la asignatura de religión de la escuela pública en horario lectivo es otro de los objetivos de MHUEL…
R.- Quienes se quejan de que en la escuela se imparta la asignatura “Educación para la ciudadanía”, se justifican diciendo que la formación personal y moral de los hijos sólo pertenece a las familias, y no a la escuela. De esta manera demuestran que son unos hipócritas, ya que a la vez quieren que en horario lectivo se impartan clases de religión en la escuela pública. Llevan muchos siglos teniendo en exclusividad la patente de corso de dar esta formación, y ahora tienen miedo porque ven que pierden esa competencia. Para ellos es una cuestión de poder, no de educación, aunque no lo reconozcan. En la escuela deben impartirse saberes, no creencias.

P.- ¿Qué pueden hacer aquéllos que desean desligarse de cualquier confesión religiosa?
R.- Existe la posibilidad de apostatar, aunque tras la reciente resolución del Tribunal Supremo hay que encontrar nuevas fórmulas para hacerlo. Desde MHUEL vamos a realizar pronto una campaña de apostasía dirigida a los aragoneses interesados en negar la fe de Jesucristo que recibieron en el bautismo.

P.- ¿Qué razones aduce la gente para apostatar?
R.- Sus propias convicciones personales, pero también el querer desligarse de una institución que ha supuesto en ocasiones y durante siglos, una desgracia y una dificultad dentro de la historia de España. Si a la Iglesia le importara verdaderamente la religión, serían los primeros en no influir, formar parte y presionar a los poderes institucionales en beneficio de sus intereses, a menudo muy alejados de sus sermones oficiales. Por lo mismo, los padres no bautizarían a sus hijos cuando son bebés, si no que esperarían a celebrar ese acto de decisión de “querer ser cristianos” cuando aquéllos eligieran. Los padres tienen pleno derecho a formar a los hijos como quieran, con tal que el primer paso sea la libertad, es decir, la capacidad de elegir por sí mismos.

P.- ¿Es posible que cambie esta situación?
R.- En la medida en que la gente empiece a pensar por sí misma, desde la autonomía y la libertad, las cosas pueden cambiar. Quizás aún no hemos llegado a un tiempo en que la ciudadanía española haya alcanzado esa mayoría de edad que proponía la Ilustración.

P.- ¿Todavía es utópico pensar en pleno siglo XXI en un estado laico?
R.- Utopía no significa algo imposible, si no la incesante aspiración a lo óptimo, y eso es lo que buscamos en MHUEL. Los seres humanos no podemos vivir sin utopías. También los sindicatos y partidos políticos, especialmente los de izquierda, pierden su auténtica identidad sin utopías. Sin un horizonte utópico, sin el anhelo de lo óptimo, la vida empieza a dejar paso a la indiferencia, la dejadez y el desánimo. El camino hacia el laicismo es a veces largo y duro, incluso en ocasiones también muy solitario.

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