Lluvia de millones para el Xacobeo 2021, Año Santo Compostelano, con las carencias de siempre en Galicia

El telón que nos invisibiliza culturalmente, no es orográfico como en el pasado, ni de prejuicios por parte de quienes nos contemplan. Es el telón de la pereza mental de quienes gobiernan.

Se anuncian 247 millones de euros para invertir en los caminos del Xacobeo. Como siempre que se trata de cifras de la Xunta, es imposible conocer el origen y destino de los fondos o comprobar si existe doble imputación del gasto. Es una cifra mágica y como tal debe de ser alabada. Unida a otras muchas cifras que el Ejecutivo gallego nos regala y considerando el esforzado compromiso de los ciudadanos, que cada año aportan más fallecimientos que nacimientos, el puro efecto estadístico nos deparará progresivos e imparables crecimientos de la renta per capita.

Se nos dice que el próximo Año Santo será el mejor de la historia, la misma frase que se ha repetido en cada uno de los anteriores y que posiblemente sea cierta. Galicia, como todo el Norte español, está comenzando a recoger el cambio de paradigma en el turismo de masas. Que la política turística comienza a profesionalizarse y a diversificarse, es un hecho, en el nivel de la Autonomía y en el de muchos municipios. Todavía con carencias notables en el tratamiento de los destinos, en la información, en la acogida mostrada en algunos lugares y en la diversificación estacional. Se han dado pasos importantes y convendría profundizar y acelerar el ritmo así como mejorar las sinergias entre Administraciones implicadas y sectores implicados.

Lo que no parece variar es la imagen del Xacobeo. De entre las muchas actividades que ahora se anuncian como de marcado carácter familiar, sigue faltando aquella o aquellas que tengan vocación de conseguir proyección exterior e internacional. No existe ningún Festival de verano que trascienda las fronteras gallegas, quizás con la excepción del más antiguo, que se celebra en Ortigueira dedicado a la música folk. El resto son de  autoconsumo. A pesar del momento dulce que vive la producción artística gallega, en todas sus modalidades, la falta de apoyo institucional impide una adecuada proyección. Como la Xunta no se implica, el Ministerio de Cultura se permite la marginación de Galicia en las artes, una constante histórica, frente a su amplísimo compromiso con Madrid, en menor medida con Cataluña  y muy atrás, con Andalucía y País Vasco. Galicia es la única comunidad histórica discriminada culturalmente, con el silencio de la Xunta, cómplice para no quedar en evidencia.

Ni la enorme vigencia de Valle-Inclán, ni el centenario de Pardo Bazán que se cumple en el Año Santo, ni la notable producción operística reciente que duerme en los cajones, ni el teatro gallego en crisis permanente, ni la música culta que ha alcanzado cotas desconocidas, ni el jazz, ni las artes plásticas, ni la música coral o las bandas populares… El Gobierno gallego es sordo y ciego ante la eclosión creativa y la lluvia de millones de euros anunciada no fertilizará los campos de la creación. Establecer comparaciones con otras comunidades es demasiado hiriente. El telón que nos invisibiliza culturalmente, no es orográfico como en el pasado, ni de prejuicios por parte de quienes nos contemplan. Es el telón de la pereza mental de quienes gobiernan. Cuando en otros territorios las instituciones suman esfuerzos en algunos proyectos culturales señeros para su Comunidad, en Galicia compiten a la baja cuando no en la mediocridad.

Las grandes ciudades gallegas o las Diputaciones, tampoco han sabido cubrir ese vacío. Ancladas en un localismo exacerbado han perdido la oportunidad de alcanzar niveles de excelencia como han conseguido otras ciudades: Barcelona, Valencia, Bilbao, San Sebastián, Málaga u Oviedo por citar las más señeras. En otras épocas Coruña y Santiago lograron entrar en ese reducido club pero los cambios políticos hicieron imposible la continuidad.

La Xunta debería presidir un amplio acuerdo con las entidades citadas para lograr al menos un Festival internacional, plural en sus contenidos y en sus sedes, orientado a la excelencia, poniendo en valor la producción propia y con una visión de largo plazo, que trascendiese los cambios políticos. Cofinanciado, coorganizado y dirigido profesionalmente. Como ocurre en todos los lugares donde la modernidad se ha instalado y no es sólo un ejercicio retórico para las ruedas de prensa que anuncian lluvia de millones.

José Luis Méndez Romeu

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