Lluvia de lapidaciones

La muerte de una mujer paquistaní a manos de su familia alerta sobre los crímenes de honor

Fue a luz plena, en una plaza concurrida de Lahore, frente al tribunal al que acudió para aclarar que no había sido secuestrada por su marido sino que se había casado por amor. Y una lluvia de ladrillos acabó con ella, embarazada de tres meses. Padre, hermanos y su prometido impuesto estaban entre los agresores. «La maté porque insultó a nuestra familia al casarse con un hombre sin nuestro consentimiento y no me arrepiento», declaró el padre.

Las fotos que han circulado por todo el mundo han dado celebridad póstuma a Farzana Iqbal, pero muchas víctimas paquistanís de crímenes de honor son enterradas en el anonimato.

Casi 900 el pasado año, 869 en concreto, según cálculos forzosamente incompletos de la Comisión de Derechos Humanos del país asiático (HRCP): solo cuentan los casos publicados en prensa; los reales los exceden largamente en número. Muchos crímenes de honor no se denuncian, muchos de los que se denuncian no acaban en condena, y muchos de los que acaban en condena le salen gratis al agresor por un sinsentido legal: la familia de la víctima tiene la potestad de perdonar al asesino y en los crímenes de honor el asesino es de la familia.

Todo perfila un clima de impunidad apuntalado en cifras: los 869 casos del pasado año casi igualan a los 913 de 2012 o a los 943 del 2011. Las organizaciones de derechos humanos denuncian la ausencia de voluntad real de luchar contra la lacra. Tanto hombres como mujeres se enfrentan a las piedras en 14 países musulmanes por adulterio a pesar de que el Corán no las menciona, y en algunos como Irán no está prohibido. Las mujeres son las víctimas en la mayoría de los casos cuando su familia considera mancillada su conservadora moral.

La HRCP relata otros casos de discriminación sexista, como las 800 suicidas registradas (normalmente por cuestiones de honor o agresiones machistas) o las 56 asesinadas por alumbrar a niñas.

El optimismo está descartado a pesar de los tsunamis globales de indignación y la creciente modernización del país porque la práctica está arraigada en la psique nacional.

El 83% de los paquistanís apoya los apedreamientos de adúlteros y solo el 8% se opone, según una encuesta de Pew. Para muchos fundamentalistas islámicos, solo la sangre limpia el deshonor familiar. Y el deshonor se interpreta de forma amplia. Un hombre mató en enero en el Punjab a sus dos sobrinas adolescentes porque «sospechaba» que mantenían «relaciones inapropiadas» con dos chicos.

Y una pareja mató a su hija porque se giró un par de veces cuando pasaba un chico en moto. Ella se disculpó, le dijo a su madre que no lo hizo de forma deliberada y que no lo repetiría. «Para entonces, ya le había tirado el ácido. Era su destino morir así», dijo la madre a la cadena BBC.

mujer lapidada Pakistán 2014

Ensangrentada Farzana Iqbal yace moribunda en la plaza de Lahore donde fue lapidada.

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