¿Límites a la libertad de expresión?

Las democracias pluralistas y laicas «autorizan» la crítica, el cuestionamiento e incluso la mofa de las convicciones religiosas. Hay quien afirma, sin ambigüedades, que en eso consiste la libertad de expresión, aunque esta sea desmentida cada vez que un acto político o social es bendecido por el hisopo purificador, o cuando se trata de sacar lustre al monarca franquista. Ya se sabe que del rey (inviolable) abajo, ninguno.

No tenemos por qué sentirnos obligadas a comulgar con ruedas de molino, ni ser sermoneadas por quienes nos quieren vender la moto que nos lleva al paraíso. Hay quienes creen en dogmas y en milagros, aceptando la integridad e inviolabilidad de su fe inquebrantable expresada en aleyas, kiries y salmos. Algunos se consagran a Baco y otras celebran las tesmoforias o la V Internacional.

«La inocencia de los musulmanes» representa a Mahoma como un pedófilo. Antes, alguien ya se había encargado de presentarlo como un terrorista con una bomba en el turbante. Si analizamos la película siguiendo la metodología iconológica de Panofsky, que contextualiza las imágenes analizándolas no solamente como son sino también como testimonio del ambiente político y social en que se inscriben, tal vez no nos encontramos ante un trabajo de autoría individual -o colectiva-, sino ante un acto de propaganda de un gobierno determinado al servicio de una causa concreta.

La defensa de la libertad de expresión no excluye la responsabilidad de quienes distorsionan, desfiguran y destruyen la humanidad que portan también las personas musulmanas. Un fantasma recorre Europa: Stopp Ja zum minarett-Verbot.

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