Librepensamiento en el mundo contemporáneo

Es usual para muchas personas considerar al librepensamiento como la acción de pensar y expresar cualquier parecer, por más disparatado que sea, convirtiéndolo o en sinónimo de libertad de expresión o en verdadero “cajón de sastre” en el que entra de todo, incluso el pensamiento dogmático. Pero para nuestro movimiento, desde hace más de un siglo, el librepensamiento es, teórica e intelectualmente, un método de búsqueda sin fin de la verdad a través de la ciencia, la razón y la experiencia, partiendo del rechazo a creencias, o a autoridades que pretendan imponerlas, pues no reconoce que ellas puedan oponerse o superponerse a la razón humana. (AILP, 2012)

Esto implica que la práctica del método del librepensamiento forma personas intelectualmente libres, con mentalidad racional y científica, con sentido crítico, lo que las lleva a generar opiniones y asumir posiciones filosóficas y políticas propias y por tanto diferentes a las de otros librepensadores y librepensadoras. Pero para convertir sus ideas en acciones y actuar en conjunto, requieren de unos puntos de acuerdo o coincidencia conformados por principios éticos compartidos, los que históricamente fueron asumidos en nuestro movimiento como “Regla de Vida” o “Reglas del Librepensamiento en el orden práctico y social”, que constituyen verdaderos objetivos de acción, sintetizados en la declaración de que “… el Librepensamiento es laico, democrático y social, es decir que rechaza, en nombre de la dignidad de la persona humana, este triple yugo: el poder abusivo de la autoridad en materia religiosa, el privilegio en materia política y el Capital en materia económica.” (AILP, 2012)

Pero esta caracterización del librepensamiento como laico, democrático y social, aprobada en Roma en 1904, pese a tener plena vigencia, resulta incompleta.

En primer lugar, porque solo es la parte más conocida y difundida de las resoluciones del Congreso del Librepensamiento de 1904. Pero en él también se declaró que nuestras preocupaciones no deben ser solo sobre dogmas religiosos, sino sobre todo políticas y sociales, para la emancipación de la humanidad, la que dijeron no es posible sin la emancipación material de la opresión capitalista (Álvarez, 1986, 83). Esto denota que ya desde entonces los librepensadores y librepensadoras tendían a priorizar los problemas religiosos y el laicismo, descuidando la preocupación político social y sus causas originadas en el sistema imperante. Pero también ratifica que el carácter laico, democrático y social del librepensamiento incluye lo político y lo económico.

Además, estas declaraciones, 114 años después, también resultan incompletas en función de enfrentar las realidades del actual mundo globalizado y las de América Latina en particular. Por esto, el pensamiento y accionar de quienes integramos la Asociación Ecuatoriana de Libre Pensamiento ha ido ampliando estos postulados éticos laicos, político-democráticos y socio-económicos, desarrollándolos, y centrando nuestras principales preocupaciones en:

* la defensa de las libertades y los derechos humanos, primordialmente la libertad de expresión y los derechos de la mujer en todos los ámbitos;
* la promoción de la laicidad como componente esencial del régimen republicano, de la democracia política y de la convivencia social;
* la construcción de una democracia integral: política, económica, social, cultural, comunicacional, y de una cultura democrática basada en valores como la igualdad, el respeto, la tolerancia, el diálogo;
* el fomento al ejercicio pleno de los derechos ciudadanos como fundamento del Estado democrático, y la ética como requisito esencial del desempeño de funciones públicas;
* el enfrentamiento prioritario del hambre y la pobreza, cuya contrapartida constituye la injusta distribución de la riqueza y la explotación del trabajo humano;
* la preservación de nuestro planeta y la naturaleza, vulnerados por el sistema económico imperante y sus beneficiarios, que promueven irresponsablemente una producción y un consumo sin límites;
* el combate a todo tipo de tráficos inhumanos basados en la codicia, como los de migrantes, de esclavos y esclavas laborales y sexuales, de niños y niñas, de órganos, de armas, de narcóticos;
* la búsqueda de la paz amenazada principalmente por conflictos y por guerras de conquista, emprendidas con cualquier pretexto por países que anteponen sus intereses económicos y geopolíticos a la vida humana, y promovidas por productores y vendedores de armas, por bancos que financian a las partes de distintos conflictos, y amenazada también por el terrorismo sustentado en fundamentalismos religiosos.

Estos postulados éticos, expresados a partir de los problemas de la realidad tercermundista y latinoamericana, son fundamentales, y merecedores de ser considerados también por el movimiento internacional del librepensamiento, pues está claro que las realidades de los países del Norte desarrollado, que obviamente determinan las prioridades de las organizaciones de libre pensamiento de esos países, son distintas a las nuestras. Es más, aún frente a problemas comunes, la forma de enfrentarlos resulta necesariamente diferente.

Este es el caso de la lucha por la laicidad frente al embate de las iglesias, importante problema común respecto del cual no es lo mismo trabajar por ella en países europeos en que existe o es cercana la paridad entre creyentes y no creyentes religiosos, en donde la laicidad está claramente definida, y en los que los niveles educativos son altos y la cultura política se sustenta en un largo ejercicio de gobierno representativo; en comparación con muchos países latinoamericanos, en los que la pertenencia religiosa es mayoritaria, con algos grados de fanatismo, con graves deficiencias educativas y de cultura democrática, con inestabilidad política, en los que sectores religiosos se han encargado de resemantizar el término “laico” de nuestros ordenamientos jurídicos para asimilarlo a confesional, y en los que la mayoría de la población apoya y considera como normales -y hasta laicas- muchas manifestaciones de confesionalidad. Por tanto, frente a este y otros males que nos aquejan, para el movimiento librepensador latinoamericano la educación debería jugar un papel primordial.

Pero hay una situación adicional que enfrentan nuestros países y que debería ser materia de preocupación del movimiento internacional del librepensamiento: varios problemas que afronta América Latina y el Tercer Mundo en buena medida se originan o se sostienen en acciones de algunos países desarrollados, de sus empresas y de sus Gobiernos:

* Dicen promover los derechos humanos y la democracia y para ello presionan, sancionan o intervienen en ciertos países, pero no en otros, que son sus amigos y aliados, pese a que cometen aberrantes violaciones a los derechos humanos y en los que la democracia es deficiente y en algún caso inexistente;
* su desarrollo económico se sustentó y en muchos casos se sigue sustentando en la sobreexplotación de recursos naturales y en la afectación de los ecosistemas, lo que ha dado lugar al cambio climático que aqueja a todo el planeta;
* nos venden productos industrializados y tecnológicos a precios altos y nos compran nuestros productos a precios bajos, lo que permite un mejor nivel de vida de su población, pero su correlato es la pobreza de la nuestra;
* propician la apertura de fronteras para sus productos y capitales, pero cierran o restringen sus propias fronteras a los seres humanos de otros países y a su trabajo;
* combaten a los productores y traficantes de narcóticos del Tercer Mundo, pero olvidan que la mayoría de consumidores se encuentran en sus propios países, respecto de lo cual hacen muy poco;
* dicen promover la paz, pero su producción y venta de armas es fundamental para sus economías, la que además influencia en sus políticas;
* y han buscado cualquier pretexto o justificación (aunque luego haya resultado falso) para emprender verdaderas guerras de conquista que han logrado el apoderamiento de recursos naturales y la entronización de gobiernos títeres, a costa de una enorme cantidad de muertos, desplazados y la destrucción de los países invadidos.

En suma, algunos gobiernos toman medidas que benefician sus intereses económicos y geopolíticos, pero que afectan a los países del Tercer Mundo. El discurso ganar-ganar es falso pues en realidad ellos ganan y los demás pierden. Y al disfrazar dichos intereses en valores superiores, como los derechos humanos y la democracia, dan muestra de cinismo e hipocresía.

Frente a esto, me pregunto si el movimiento internacional del librepensamiento, y la AILP en particular, serán capaces de asumir con entereza también visiones amplias del cometido del movimiento del librepensamiento, como la señalada, generadas en la periferia del mundo desarrollado. Aspiro que sí, para el futuro. Pues, hasta el momento, si nos remitimos ya no a las declaraciones de principios éticos, regla de vida, u objetivos del movimiento del librepensamiento de hace más de un siglo, sino a las acciones actuales, prácticas y reales, podemos apreciar que las campañas emprendidas por la AILP en los últimos años se han centrado casi exclusivamente en la promoción de la laicidad y el enfrentamiento de las iglesias. Por ejemplo, en el Congreso de la AILP de 2017 celebrado en Paris, si bien se discutió también sobre el derecho de las mujeres a la igualdad, el derecho a morir con dignidad y la defensa de la ciencia, las tres campañas emprendidas fueron: Hacer justicia a las víctimas de los crímenes de las iglesias, Ley para la separación entre las religiones y los Estados, y Fin de la financiación pública de las religiones (AILP, 2017). Esto implica que no se han considerado estrategias adicionales para defender y promover la laicidad, adecuadas a las realidades de distintas partes del mundo, y no se han emprendido campañas que enfrenten los graves problemas relacionados con el carácter democrático y social del movimiento.

Pero sea que se asuma internacionalmente o no una visión integral y amplia de los viejos cometidos laicos, democráticos y sociales, el movimiento del librepensamiento en Latinoamérica debería definir, coordinar y ejecutar su propia agenda, que considere sus propios problemas y sus propias formas de enfrentarlos, por parte de sus propias organizaciones, en coordinación con el movimiento internacional.

En el caso de Ecuador es necesario que instituciones como la Fundación Equinoccial, la Asociación Ecuatoriana de Libre Pensamiento, el Instituto Laico de Estudios Contemporáneos, el Centro Cultural Eugenio Espejo y otras organizaciones del librepensamiento, así como librepensadoras y librepensadores, intercambiemos ideas, coordinemos proyectos y emprendamos acciones conjuntas, para enfrentar la realidad que nos ha tocado vivir, desde el librepensamiento y sus principios éticos.

En el caso de las organizaciones a las que pertenezco, el CENTRO CULTURAL EUGENIO ESPEJO es un taller del librepensamiento, mixto, laico, democrático, que se esfuerza en practicar lo que sostiene, en el que desbastamos el dogma y el pensamiento mágico de nuestras personalidades, nos formamos en la investigación, aprendizaje y práctica del librepensamiento y la ética, desarrollamos la mentalidad racional y científica, analizamos los problemas sociales y del mundo, los contrastamos con nuestros principios, y asumimos la política como máxima expresión de civismo, alejados de partidismos pero buscando puntos de encuentro entre las posiciones filosóficas o ideológicas distintas de quienes conformamos este taller, partiendo de los principios ético-sociales del librepensamiento.

Por su parte, la ASOCIACIÓN ECUATORIANA DE LIBRE PENSAMIENTO pretende ser vehículo externo y de trascendencia social de organizaciones, librepensadoras y librepensadores, para fomentar el librepensamiento, para generar conciencia sobre problemas que aquejan a la sociedad y al mundo, para hacer escuchar nuestra voz respecto de violaciones a los derechos humanos, atentados contra la laicidad, hambre y pobreza, injusticia y explotación del trabajo humano, autocracia y autoritarismo, situación de los migrantes, depredación de la naturaleza, guerras y conflictos, y otros males que afronta nuestra sociedad y la humanidad toda. Desde hace años lo hemos hecho a través de difusión de información relacionada con el laicismo y el librepensamiento, foros sobre problemas económicos y sociales, y pronunciamientos de distinta naturaleza que han ido desde el apoyo a acciones merecedoras de ello hasta la crítica a la violación de derechos humanos, corrupción o autoritarismo. Somos conscientes que lo realizado no ha sido suficiente y queda mucho por hacer, especialmente capacitación y educación popular en materia de laicismo, cultura democrática, librepensamiento.

Pero no ha sido fácil para librepensadores y librepensadoras asumir una postura crítica desde los principios éticos del librepensamiento cuando en el entorno social se ha manifestado intolerancia, carencia de cultura y espíritu democrático, y un maniqueísmo político que reprime la crítica y el ejercicio del control social democrático, y confunde adhesión política con incondicionalidad. Sin embargo, frente a esto, el espíritu crítico y comprometido que genera la formación en el librepensamiento, tiene como consecuencia lógica no solo pensamientos libres sino también expresiones y actuaciones libertarias, caracterizadas también por la ética, la tolerancia y la autocrítica.

Para algunas mentalidades, esta visión del quehacer del librepensamiento puede parecerles extraña y pueden preferir el mantenimiento de una agenda centrada casi exclusivamente en prioridades que denuncian primordialmente a iglesias, que poco o nada incomodan a gobiernos y que dan poca relevancia a realidades distintas. Pero para quienes tenemos la visión expresada, nuestra primera responsabilidad es ser consecuentes con lo que pensamos.

Sin embargo, lo importante es que exista entre nosotros la apertura a intercambiar ideas, a escuchar y respetar visiones distintas, y a buscar acuerdos que nos lleven a la acción conjunta, basada en los principios comunes del librepensamiento laico, democrático y social, en pos de la construcción de una sociedad libre, igualitaria y fraterna.

Guillermo Fuchslocher,  director de la Asociación Ecuatoriana de Libre Pensamiento, destacado intelectual, laicista, activo comunicador en numerosas publicaciones y redes sociales.

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