Librepensamiento e Islam

Cada vez que los medios de comunicación traen noticias que, con intención o sin ella, propician la creciente islamofobia, vuelvo a recordar una entrañable conversación con Waleed Saleh en Córdoba. Pocas cosas pueden soliviantarme más que la airada expresión de una parte del gentío actual incapaz de reparar algo en la paja del ojo propio. A dejar en su justa medida la viga del ojo ajeno ajena me lleva la atinada bondad que emanaba el sabio discurso de este profesor irakí. Hace unas semanas supe de la publicación por Tirant Humanidades de la obra de Waleed cuyo título abre este escrito. Rememorando la enjundiosa visión sobre el mestizaje cultural e histórico que la capital de al-Ándalus irradió en nuestro primer encuentro, no he parado hasta acceder al mencionado libro para actualizar la complicidad y cercanía de entonces. Una vez rumiada la obra y la charla, siento la necesidad de echar una mano para que conozcamos mejor a otras culturas y de camino la nuestra. Tal vez así aliviemos algo nuestro turbio presente de ciertos odios y tensiones excesivos y en general bastante infundados. Ya hemos referido en estas páginas el escabroso origen económico-religioso del conflicto de Oriente Medio. También referimos el drama y genocidio ingente que se provoca allí y el miedo que nos llega a Europa una parte mínima de esas muertes en forma de atentado. ¿Es razonable y este dudoso eurocentrismo para propiciar tanto odio a / y de/ los moros?

            Entre la realidad de los hechos pasados o actuales y lo que cada cual llegamos a conocer en general, media un abismo de desinformación. Valgan tres hechos-comentábamos Waleed y yo referidos a Córdoba- sobre convivencia o tensión conjuntas. Por un lado los loables fines de encuentro de la Fundación por las Tres Culturas (cristiana, islámica y judía) intentando propiciar la convivencia . Por otro la actitud del obispado cordobés tratando de escamotear el rastro patrimonial de al-Ándalus de la enjundiosa mezquita. Por un tercero, y tal vez más preocupante, la ampliación de la base militar en Morón de la Frontera con la misión del control bélico de África y Oriente Medio. El desigual tratamiento de estas tres noticias y la necesaria ponderación del drama de los refugiados de Siria, desaparece ante el alarde mediático por priorizar el dolor supuestamente cercano del atentado de los moros. Ya interesa más el miedo que se puede inyectar a la población general y/o el frentismo belicista artificioso y manipulable de fines oscuros. Se rompe así con las aspiraciones que nos unían en pos de una visión más integrada del mundo. Dichas aspiraciones caen por los desagües de la ira manipulada.

            De alguna manera el tejer y destejer se repite y hace recordar nuestra primera conversación sobre al-Ándalus y la cultura en general. Hablábamos entonces de Averroes, Maimónides, Séneca, Avicena y Erasmo entre otros personajes que pudieran alumbrar en el recurrente desencuentro de pueblos, culturas y religiones a lo largo de la historia. Los dos primeros nos recodaban el apogeo de al-Ándalus cordobés con la reactivación y expansión de la cultura clásica que nos recordaba Séneca. Waleed habló brevemente de los precedentes del librepensamiento en los albores del Islam. Al principio del siglo siglo VIII, cuando durante la dinastía Omeya, ya se discutía de la necesidad de separar más claramente el poder religioso y político en el califato. De alguna manera, explicaba, la intelectualidad del islám se había nutrido del poso cultural clásico de Egipto y Oriente.   De ahí la pujante expansión islámica, por el norte de África y la rápida penetración en Iberia. Se debía ésta más al declive de la cultura hispano-goda que a la potencia militar invasora: La renovada civilización se recibía con brazos abiertos. Sería más tarde, cuando la cuestión religiosa y/o económica sobrepasó la coexistencia- si no convivencia fluida- inicial, dio paso a la ¿re?conquista. En las diversas ciudades y territorios coincidían, con distinta hegemonía, colectivos de las tres fes. Hoy, tras tantos recovecos de la vida-historia en común, que parecían haber suavizado viejas reticencias de moros y cristianos, reaparece el aparente conflicto religioso. Al lenguaje preñado de aspiraciones democráticas y diálogo, se vuelve a enrarecer con viejos dogmatismos. Así  regresan integrismo, fanatismo guerra santa, cruzada/yihad, terrorismo, paraiso/cielo, guerreros/mártires,…

Qué poco se aprecia en este guirigay interesado la huella serena de tantas tentativas de concordia.

            Por ello resultan tanto o más necesarias obras como Librepensamiento e Islam para entender que el fanatismo es un mal que va por barrios y por épocas. Tanto en el respeto a la mujer, a la ciencia, a la laicidad, la libertad de conciencia, y a los Derechos Humanos son aspiraciones que, por distintas causas, están menos asentadas de lo que nos creemos en sociedades occidentales o en otras de mayoría islámica o de otros credos. Waleed ofrece un documentado paseo por todo lo que han sido los precedentes de la religión islámica hasta nuestros días. En el mismo, podremos sorprendernos de cómo nuestra supuestamente adelantada civilización tiene menos que enseñar a las de mayoría islámica sobre la libertad de conciencia de mujeres y hombres, para avanzar hacia los derechos realmente humanos.

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