Libre pensamiento, libre pensadores y libertad de expresión

Muy lejos estoy de dominar las ciencias sociales. Mi profesión, ejercida durante casi 40 años, se relaciona con la informática. Por lo tanto, estén Uds. seguros, estoy más cerca de escribir una monografía sobre redes de computadoras. En cuyo caso doy por sentado que mi exposición será acertada, no sólo por mis conocimientos, sino por dominar la bibliografía adecuada.
En cambio todo lo que pueda relacionarse con la acción del ILEC, resulta ajeno a mi formación académica e incluso a mis actividades cotidianas. Esto hizo que dudara acerca de la posibilidad de escribir una ponencia para este evento.
Sin embargo, no podía permitir que mi entorno y mi formación me condicionen, pues de dejarme llevar por mi trasfondo social cotidiano, me convertiría en la negación de lo que digo ser, un libre pensador.
Como laico tengo la obligación de defender el derecho que cada uno tiene a ejercer, no ya su libertad de culto, sino fundamentalmente su libertad de pensamiento. Y como defensor del libre pensamiento, tengo además el compromiso de resguardar la libertad de expresión; y fundamentalmente el deber moral de convertirme en firme protector de todos aquellos que, a través de la historia y hoy mismo, no tienen la posibilidad de expresarse libremente. Ser la voz de los sin voz. Ser el pensamiento y la expresión de los desamparados.
El libre pensamiento es una pasión, y como tal es menester, utilizarlo como herramienta que nos acerque al progreso y nos libre de la barbarie.
Desarrollo: Intentaré, recorriendo la obra de grandes libre pensadores; de diversas extracciones y épocas; establecer un parangón entre lo que la historia de la humanidad nos muestra y la vida cotidiana nos demuestra, sobre todo intentando proyectar el entramado del pasado, tamizándolo en el velo del presente, a fin de plantear futuros posibles.
Si bien el pensamiento no es futurología, su sano y libre ejercicio nos permite vislumbrar un desarrollo lógico y sanamente admisible, de los distintos porvenires.
Nunca desde que el sol ha estado en el firmamento y los planetas han dado vueltas a su alrededor, se había percibido que la existencia del hombre se centra en su cabeza, es decir, en el pensamiento, por cuya inspiración construye el hombre el mundo de la realidad. Anaxágoras fuel el primero en decir que el nous gobierna el Universo, pero hasta ahora el hombre no había llegado al reconocimiento del principio de que el pensamiento debe gobernar la realidad espiritual. “Esto fue, por consiguiente una gloriosa aurora mental. Todos los seres pensantes comparten el júbilo de esta época”.
En la perspectiva de Hegel, el giro decisivo que dio la historia con la Revolución Francesa consiste en que el hombre empezó a contar con su espíritu y se atrevió a someter la realidad dada a la normas de la razón . Hegel, explica este nuevo desarrollo a través de un contraste entre el empleo de la razón y una acrítica condescendencia con las condiciones de vida predominantes. “Nada que no sea el resultado del pensar es razón”. El hombre se ha propuesto organizar la realidad de acuerdo con las exigencias de su libre pensamiento racional, en lugar de acomodar simplemente su pensamiento al orden existente y los valores dominantes. El hombre es un ser pensante. Su razón lo capacita para reconocer sus propias potencialidades y las de su mundo. No está, pues, a merced de los hechos que lo rodean, sino que es capaz de someterlos a normas mas altas; las de la razón. A esta clase de hombres, llamamos libre pensadores. Si sigue la dirección que la razón le señala alcanzará ciertas concepciones que pondrán al descubierto los antagonismos entre esta y el estado de cosas existente.
Puede llegar a descubrir que la historia es una constante lucha por la libertad, que la individualidad del hombre exige que este posea la propiedad como medio para realizarse plenamente, y que todos los hombres tienen igual derecho a desarrollar sus facultades humanas. Empero lo que prevalece de hecho es la desigualdad y la esclavitud, la mayoría de los hombres carece de toda libertad y se halla privada del ultimo resto de su propiedad, es decir, su pensamiento.
Venimos de una época harto extraña. El siglo XX fue particularmente insólito. Comprobamos asombrados, que el progreso ha concluido un pacto con la barbarie. En la Rusia soviética se acometió la empresa de mejorar la forma de vida de unos cien millones de seres mantenidos en la opresión. Se tuvo la osadía de sustraerles el “opio” de la religión y la sensatez de concederles una medida razonable de libertad sexual, pero al mismo tiempo se los sometió a la más cruel dominación, quitándoles toda posibilidad de pensar libremente.
Con análoga violencia se pretendió imponer al pueblo argentino, el sentido del orden y el deber. El ejemplo que ofrece nuestro pueblo, aún llega a aliviarnos de una preocupación que nos venía inquietando, pues en él comprobamos que, si bien hay sectores que pueden caer en una barbarie casi prehistórica, sin invocar para ello ninguna idea progresista; la enorme mayoría de los hombres y mujeres de nuestro hemisferio han superado la barbarie de los crímenes cometidos por genocidas y malhechores de todas las épocas.
Como quiera que sea, los sucesos han venido a dar en una situación tal que las democracias conservadoras son hoy las que protegen el progreso de la cultura, y por extraño que parezca, la institución de la Iglesia Católica es precisamente la que opone una poderosa defensa contra la propagación de ese peligro en que se debate nuestra cultura. Pese a todo la gran mayoría de los pueblos latinoamericanos, pudieron llegar con sangre y esfuerzo a expresar libremente su ideal de perfección.
Libre pensadores, ejerciendo su potestad de libre pensamiento, en un contexto de libre expresión, solo opacada en parte por ciertos monopolios. Que tendrán poder para difundir la información, pero jamás nos convertirán en la Alemania Nazi, ni en la Rusia soviética.
Debe tenerse cuidado, sobre ciertas cuestiones engañosas, por extraño que parezca, pues hay y ha habido clases dirigentes, oligarquías dominantes, según la época; que pretenden convertirse en adalides de la protección del progreso de la cultura. Dirigentes políticos, militares, y hasta religiosos, que parecen oponer una poderosa defensa contra la propagación del peligro en que hallamos a dicha cultura. ¡Nada menos que ellos, hasta enemigos acérrimos del libre pensamiento y de todo progreso hacia la difusión de la verdad! Esto ocurre con todo fundamentalismo, como aquel propuesto de la lucha contra la subversión apátrida y la defensa del modelo occidental y cristiano.
Desde otro punto de vista, podemos decir que pensar por sí mismo, es pensar en sí mismo. Por consiguiente lo que se llama libre pensamiento es la expresión natural de una filosofía humanista. Nosotros estamos a merced de nuestros pensamientos y de nuestros correspondientes deseos. El libre pensamiento es una “pasión”. Tenemos que insistir vigorosamente en que la contemplación no es una pasión sino un acto; y en que la inspiración, donde la psicología moderna ve la irrupción de una voluntad instintiva y subconsiente, la filosofía ortodoxa ve una elevación del ser del artista a niveles supra conscientes y supra individuales. Lo que para uno es la libido, para el otro es el “Eros divino”. Hay también un sentido en el que el hombre, como individuo se expresa a si mismo, ya sea que lo quiera o no. Esto es inevitable, debido a que no puede conocerse ni hacerse nada excepto en el modo del conocedor. Así pues, el hombre mismo, como es en sí mismo, aparece en el sentido y en la manera y así puede ser reconocido.
En otro orden de cosas, es certero decir que si todo pensar esta condicionado, en cuyo caso, no hay tal cosa como el libre pensar. El pensar jamás puede ser libre, si es el resultado de nuestro condicionamiento, de nuestra cultura, de nuestro clima, de nuestro trasfondo social, económico y político; de nuestras confesionalidades y dogmatismos en general. Los mismos libros que leemos y las prácticas mismas que realizamos, todo eso se halla establecido por el trasfondo, y cualquier pensar debe, por fuerza, ser el resultado de este trasfondo. Por lo tanto si podemos estar alerta, tal vez seamos capaces de liberar la mente de su condicionamiento, sin que intervenga el proceso de la voluntad, sin la determinación de liberar la mente.
Si nos limitamos a mostrar los descubrimientos y productos de la ciencia, no importa lo útiles y hasta inspiradores que puedan ser, sin comunicar su método critico, ¿Cómo puede distinguir el ciudadano medio entre ciencia y pseudociencia? Ejemplo, en Rusia y China solía ser fácil. La ciencia autorizada era la que enseñaban las autoridades. La distinción entre ciencia y pseudociencia se hacia a medida. No hacia falta explicar las dudas. Pero en cuanto se produjeron cambios políticos profundos se liberaron las restricciones del libre pensamiento, hubo una serie de afirmaciones seguras o carismáticas – especialmente las que nos decían lo que queríamos oír- que consiguieron muchos seguidores. Cualquier idea,. Por improbable que fuera conseguía autoridad.
Por supuesto que estas cuestiones son más marcadas y surgen con fuerza cuando somos gobernados por regímenes totalitarios, que nos quieren hacer creer que quienes piensan libremente son subversivos. Afortunadamente la chispa divina ha hecho que los hombres capaces de pensar libremente, aunque sea en las sombras, aunque sea exiliados; hayan podido unirse para mostrar su capacidad al mundo y hayan hecho estallar la bomba de la libertad, la libertad de elegir nuestros gobernantes, la libertad de expresar nuestras ideas en cualquier foro, y ante cualquiera; sin el temor de que mañana seamos condenados, por aquellos que se arrogan una porción de autoridad.
José Ingenieros nos dice que mientras la instrucción se limita a extender las nociones que la experiencia actual considera más exactas, la educación consiste en sugerir los ideales que se presumen propicios a la perfección.
Todo libre pensador, es un filósofo, y como tal debe hacer uso, propia e independientemente de su razón, y no emplearla de una manera servil. Pero no debe utilizarla de manera dialéctica, es decir, en una forma que tendrá que dar a los conocimientos cierta apariencia de verdad y sabiduría que en realidad pueden no tener.
Conclusión: He tratado de demostrar que libre pensamiento y razón, van de la mano y forman una corriente filosófica; que quienes las practican sin temor alguno pueden considerarse libre pensadores; pero fundamentalmente he hecho hincapié, en que nada de esto es de utilidad, si no se tiene el valor y la firme determinación de defender la libertad de expresión.
Aquí me veo en la necesidad formal de relacionar libre pensamiento con laicismo, digo formal, porque ninguno de los presentes puede dudar que todo el tiempo he estado hablando de un hombre laico. O acaso se puede ser un libre pensador si no se es primero laico, puede acaso un hombre atado con cadenas, como aquel de la caverna de Platón, a un credo cualquiera sea este, ser libre para pensar y sobre todo para expresar lo que piensa. Porque pensar es difícil, actuar es mas difícil todavía, actuar según se piensa es muchísimo mas difícil aún.

De qué sirve pensar y dejar morir los pensamientos en nuestro interior. En la sabiduría egipcia existe un dicho, que reza: “No malgastes tu energía en pensamientos inútiles”. Muy cierto es, pero mas cierto me parece el hecho que todo pensamiento que no conduce a una expresión hacia sus semejantes, es totalmente inútil. Guardarse los pensamientos en nuestro interior no sirve para nada, debemos expresarlos con respeto y convicción. Y nadie que se encuentre atado por confesionalidades o creencias dogmáticas puede jamás expresarse con libertad. Por ende para ser un libre pensador, primero es necesario ser un hombre laico, y luego tener el coraje y la responsabilidad de expresarlo. Pero también, como sostenía Kierkegaard: el mundo en su estado presente, la vida entera, están enfermos. Si yo fuera médico y alguien me preguntara un remedio, respondería: ¡Guarda silencio! No pronunciar jamás palabras injuriosas, jamás repetir habladurías, sino ser siempre un devoto del pensamiento puro y constructivo, y cuando corresponda, también del silencio. Diciendo siempre lo que es justo, hablando solo de las cosas bellas y nobles de la vida, buscando siempre el lado positivo de las personas y de los hechos, e intentando día a día llegar a la esencia de todas las cosas.
El laico no debe intentar ser comprendido, él debe esforzarse por comprender.
Todos nosotros somos libre pensadores, no siempre estamos de acuerdo, pero muy bueno es contrastar ideas. Esa es la función del libre pensamiento.
Como libre pensador y utilizando palabras de Voltaire; diré que, puedo no estar de acuerdo con lo que piensen, pero defenderé con mi vida el derecho que todos tenemos a expresarnos libremente.
BIBLIOGRAFÍA
Razón y revolución. Herbert Marcuse. 1941.
Moisés y la religión monoteísta. Tres ensayos. Sigmund Freud. 1938
Arte, hombre y manufactura. Ananda A. Coomaraswamy
El Libro de la vida. Jiddu Krishamurti.
Lógica. Inmanuel Kant.
El mundo y sus demonios. Carl Sagan
La república. Platón.
El hombre mediocre. José Ingenieros
Mi punto de vista. Soren Kierkegaard.
La fuerza es el derecho de las bestias. Juan Domingo Perón.

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