«Líbranos del mal» denuncia la red pedófila de la Iglesia

Entre 1976 y 1994, durante el tiempo que fue párroco, el padre Oliver O´Grady abusó de decenas (algunos dicen centenares) de niños en California.

Pese a tener constancia de los hechos, sus superiores urdieron un elaborado plan para ocultar sus delitos, limitándose a trasladarle de parroquia en parroquia cada vez que era denunciado por sus feligreses. Tras cumplir siete años de condena, en 2000 fue deportado a su Irlanda natal, donde, el pedófilo más conocido de la historia de la Iglesia moderna, vive alejado de sus víctimas gracias a un sueldo proporcionado por su antigua diócesis.

Amy Berg periodista de las cadenas CNN y ABC y ganadora de varios Emmys, ha retratado su caso en un documental. Líbranos del mal, que se estrena el próximo viernes en nuestras pantallas, es un magistral ejercicio de periodismo en el que el verdugo habla con total naturalidad de sus crímenes. Quizás porque, como explica Berg, se aprovecha de la tupida red de complicidades entre la jerarquía católica. “Tuvo suerte.

¿Víctimas o culpables?

El Cardenal Mahony [arzobispo la diócesis de Los Ángeles a la que pertenecía O’Grady] se ausentó de las exequias de Juan Pablo II por que eran oficiadas por el Cardenal Law (diócesis de Boston), implicado en el encubrimiento de los casos de pedofilia en Massachussets. Para O’Grady se trataba de una postura muy hipócrita: Mahony había hecho lo mismo con él.

Destrucción de pruebas, negación de evidencias… y una ética más que discutible: “Lo que más me inquietaba era el hecho de que las víctimas eran culpadas por la Iglesia, como si no tuvieran derecho a denunciar los abusos”, afirma Berg.

En el documental, mientras padres e hijos hablan con la voz quebrada, el criminal se expresa de una manera serena y amable, hasta el punto de que el espectador, a ratos, teme llegar simpatizar con O’Grady, un depredador sexual compulsivo carente de remordimientos. “Es un elemento fundamental del drama” asegura la directora. “O’Grady es un tipo encantador que infunde confianza. Abusaba de las hijas de personas que le ofrecían su casa sin que pudieran si quiera imaginárselo”.

Raztinger y compañía

El problema es que las demandas se multiplican, la Iglesia norteamericana casi se ha declarado en bancarrota y nadie parece ser capaz de encontrar una solución. “Es un tema complejo”, cuenta Berg. “Pero, como mínimo, aquellos que han violado la ley, que han cometido perjurio y que han protegido a los criminales deberían sean cesados. Tal y como funciona la Iglesia, parece complicado”.

Sobre todo porque el escándalo también salpicó al Papa Benedicto XVI. “Durante todo el tiempo que O’Grady abusó de niños, Ratzinger era el máximo responsable de estos casos como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe”, asegura Berg. Ratzinger fue demandado por algunas de las víctimas pero, según la cineasta, las administraciones de Clinton y Bush no estaban por la labor de que la demanda prosperara. ¿Una nueva forma de bula papal?

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