¿Libertad o sumisión?

El 'hiyab' es cotidiano en zonas como Torre Pacheco, con un 35% de población magrebí; hasta ahora ningún colegio ha prohibido llevarlo El uso del velo islámico en las aulas de la Región divide a padres y profesores; su prohibición en un colegio de Madrid abre un debate para el que no hay respuestas fáciles

 

Zapatillas Nike, mochilas de deporte y, en la conversación en el patio del colegio, los temas eternos de la adolescencia: ese chico con el que se han cruzado las miradas, ese ídolo del pop del que tararean su último éxito, esa asignatura que se les ha atragantado y no hay manera. Una de las protagonistas de esta escena tiene el pelo rizado. Las otras dos se cubren con el tradicional velo islámico o 'hiyab'. Aquí, en el instituto público Gerardo Molina de Torre Pacheco pueden hacerlo. En Madrid, la joven Najwa Malha no.

El instituto Camilo José Cela de Pozuelo de Alarcón (Madrid) rechazó su pretensión de acudir con este símbolo religioso porque su reglamento interno establece, en un intento de erradicar la estética de las tribus urbanas, que ningún alumno puede taparse la cabeza, por lo que las gorras, elementos habituales en las pandillas, están prohibidas. También el velo. La controversia ha trascendido los muros del instituto y se presenta ya como un debate nacional. Para algunos, el 'hiyab' es una manifestación libre de la fe islámica, para otros representa la sumisión y humillación de la mujer por una tradición retrógrada y cruel.

En Torre Pacheco, municipio con un 35% de inmigración magrebí, las jóvenes musulmanas acuden a clase con velo, y el reglamento interno de institutos y colegios no prohibe este tipo de vestimentas. El 'hiyab' es habitual en la mayoría de centros de la zona, y las jóvenes que lo visten no sufren ningún tipo de rechazo, ni del personal docente ni de sus compañeros de clase. «Aquí no hay polémica», sentencia José Antonio Sánchez, director del instituto Gerardo Molina. La Consejería de Educación confirma que no se ha registrado hasta el momento ningún conflicto por este tema en la Región.
Pese a que en la calle la realidad es bien distinta, y la interacción entre las diferentes comunidades es apenas inexistente, en las aulas de Torre Pacheco la consigna es la de integrar por encima de todo, sin pararse a pensar en la procedencia o religión de los estudiantes. «En el reglamento de nuestro instituto no figuran este tipo de prohibiciones. Nuestro objetivo es eliminar barreras y hasta que la ley no nos diga lo contrario seguiremos como hasta ahora», aclara Sánchez.
Sin embargo, no todas las voces coinciden en este instituto. El profesor Pedro José Martínez defiende que «el velo islámico debería ser suprimido en espacios públicos porque margina la libertad de las jóvenes. Si ya hemos quitado los crucifijos ahora habría que erradicar el 'hiyab' y fomentar una educación en igualdad». Martínez es partidario de aprobar una ley como la francesa, que en 2005 vetó en las escuelas públicas cruces cristianas, velos islámicos y 'kipás' judías.
Otro maestro que prefiere mantener el anonimato va más allá: «En muchos casos las jóvenes lo llevan por la presión familiar, ya que para la cultura musulmana es un signo de honradez, y a veces se lo ponen hasta las niñas de siete u ocho años. La escuela es laica y el 'hiyab' debería estar prohibido. La población árabe no es homogénea, hay muchos matices y no todo es blanco o negro. Sin embargo, entre ellas es frecuente el rechazo hacia las musulmanas que no lo llevan». Su compañero Manuel Ibáñez discrepa: «Las chicas se lo ponen porque quieren y el asunto se lleva en el colegio con la mayor naturalidad».
«Nadie ha sacado el tema»
En el otro instituto de Torre Pacheco -IES Luis Manzanares- su directora, María José Molina, aclara que «nadie ha sacado el tema en nuestro centro, ni en el claustro ni en el Consejo Escolar. Nos atenemos a nuestras propias ordenanzas y a lo que establece la Consejería de Educación; hasta que la Comunidad Autónoma no diga lo contrario no cambiaremos nuestra forma de actuar».
En esta misma línea, Francisco Martínez, jefe de Estudios del colegio Nuestra Señora del Rosario, insiste en que «el velo islámico nunca ha sido un asunto controvertido. Ninguna asociación de padres ni ningún docente ha planteado la cuestión. Nos limitamos a lo que dice la normativa vigente, como cuando eliminaron los crucifijos de las aulas, aunque a mí no me estorbaban».
El rechazo al Islam, sin embargo, sigue presente en parte de la sociedad. Raquel Sánchez, madre de un alumno del Gerardo Molina, afirma que «los de fuera debería acostumbrarse a nuestras costumbres, y no al revés. Los árabes tienen tradiciones muy cerradas y siempre quieren imponer sus reglas. España es un país católico y son ellos los que tienen la obligación de amoldarse, igual que hago yo si voy a su país. Las familias musulmanas son muy herméticas y obligan a sus hijas a llevar el pañuelo islámico y la mayoría de ellas no se relacionan con el resto de alumnos».
Otro padre, Pedro López, llama a la mesura y opina que «hay que respetar las creencias religiosas de los miembros de la comunidad, de lo contrario esto se convertiría en el salvaje oeste. En lo que respecta al 'hiyab', los centros docentes tienen la última palabra, pero en Torre Pacheco no hemos tenido problemas por este asunto».
«Una muestra de rechazo»
La polémica del velo es vista por la comunidad musulmana de la Región como «una muestra de rechazo más» por parte de algunos sectores de la sociedad. La 'islamofobia', subrayan, está detrás de conflictos como éste y como el que surgió hace apenas tres meses en Beniel, cuando parte de los vecinos presionaron con éxito al Ayuntamiento para que prohibiese la apertura de una mezquita. Para Mohamed Reda el Qady, secretario de la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE) en la Región, el debate sobre el uso del 'hiyab' es «artificial». En las aulas murcianas hay niñas con velo «desde los años 80, y eso no ha supuesto problemas hasta ahora». Rechaza, además, que el pañuelo sea un signo de sumisión de la mujer. «Para las niñas que lo usan es una forma de reclamar su identidad; no hay que verlo de otra manera».
Reda el Qady asegura que «el Islam no obliga a llevar velo, su uso es voluntario. Es más tradición que religión. Son costumbres que se heredan». Además, cree que hay que diferenciar el 'hiyab' de otras prendas que, como el 'burka', sí «anulan la personalidad de la mujer». También la Federación Islámica de la Región de Murcia (FIRMM) defiende el uso del velo en los centros escolares. «Como españoles nos ampara la Constitución, que garantiza la libertad religiosa», explica Abdelhadi Elkaidi, tesorero de esta organización. Advierte, además, de los riesgos que entrañan los problemas de integración y falta de convivencia. «Tenemos que aprender de lo que ha pasado en Francia o en Alemania. ¿Queremos repetir los errores de los demás, fomentar la marginación y la exclusión social hasta que alguien se ponga a quemar coches?».
La decisión del colegio de Pozuelo y el espaldarazo a esta medida por parte de la presidenta madrileña, Esperanza Aguirre, ha dividido a la comunidad educativa. El debate es complejo, y no hay respuestas fáciles. Francisa López, presidenta de la Federación de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos de la Región de Murcia (FAPA), defiende que «hay que diferenciar entre los centros educativos, que deben ser un espacio laico y por tanto no deben mostrar símbolos religiosos», como crucifijos en las paredes, y «el uso individual» de estos símbolos por parte de los alumnos, algo que entraría dentro del derecho de libertad religiosa y de expresión.
Prohibición de crucifijos
No opina lo mismo la Confederación de Federaciones de Asociaciones de Padres de Alumnos (Confapa). Su presidente, José Manuel Abellán, es favorable a la prohibición del velo una vez que «se ha planteado la prohibición de los crucifijos en las aulas». Ambos símbolos «son religiosos y si se prohibe uno debe prohibirse el otro». En cualquier caso, pide al Ministerio de Educación que fije una norma general para evitar que haya diferencias entre centros.
Algunas voces en el propio Gobierno central parecen estar de acuerdo en que ha llegado la hora de afrontar este asunto. El ministro de Justicia, Francisco Caamaño, se mostró esta semana partidario de incluirlo en la futura Ley de Libertad Religiosa. Sin embargo, su compañero de gabinete, el ministro de Educación, Ángel Gabilondo, apunta que «la ley no se va a meter en esto» y se muestra favorable a la presencia del 'hiyab'. Desde los sindicatos, Alicia Poza (Sterm)apuesta por erradicar «cualquier signo externo de una creencia religiosa» porque los colegios deben ser «espacios neutros, laicos».
Por contra, Clemente Hernández (Anpe) cree que cada centro debe tener libertad para decidir «sus normas de convivencia», y el Ministerio debe respaldarlos «de forma clara».
Zapatillas Nike, mochilas de deporte y, en la conversación en el patio del colegio, los temas eternos de la adolescencia: ese chico con el que se han cruzado las miradas, ese ídolo del pop del que tararean su último éxito, esa asignatura que se les ha atragantado y no hay manera. Una de las protagonistas de esta escena tiene el pelo rizado. Las otras dos se cubren con el tradicional velo islámico o 'hiyab'. Aquí, en el instituto público Gerardo Molina de Torre Pacheco pueden hacerlo. En Madrid, la joven Najwa Malha no.
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