Libertad de opinión

Mientras en Túnez, Egipto, Libia, Bahrein, Yemen y Siria los jóvenes se lanzaron a las calles exigiendo a los sátrapas que los gobiernan que abandonen el país abriendo las puertas a sistemas democráticos y laicos, en Europa se hacen esfuerzos para que suceda lo contrario. La xenofobia y racismo del gobierno de Berlusconi en Italia son ya proverbiales. Ahora es la justicia holandesa la que ha emitido un fallo que, justo o no, resulta difícil de aceptar.   

La justicia holandesa, ante una denuncia hecha por varios ciudadanos, sentenció que insultar al islam no es delito. Frecuentemente en sus discursos el político Geert Wilders manifiesta su profundo desprecio hacia el islam y sus seguidores, utilizando términos e ideas que son capaces de conmover por su virulencia, incluso al ciudadano más desprevenido. En su sentencia, el juez dijo: “Wilders es grosero y denigrante cuando califica el islam de ideología peligrosa, pero sus opiniones se enmarcan en un debate público sobre la sociedad multicultural”.   

Wilders ha dicho cosas como “El problema es el islam fascista. La ideología enferma de Alá y Mahoma tal y como aparece en el Corán. Un libro que es como el ‘Mein Kampf’ de los musulmanes”. También ha dicho: “El Papa tiene razón: el islam es una religión violenta. Islam equivale a la conversión y sometimiento del otro. Y esa interpretación reina en las mezquitas y los hogares de los adolescentes problemáticos. Está en la propia comunidad islamita en su conjunto”.   

Mientras la justicia de su país le ampara para expresarse en tales términos, el pueblo de Libia, la gente que hasta el 17 de febrero era gente común, se convirtió en combatiente para resistir al tirano que gobierna el país desde hace cuarenta y un años. La respuesta fue quitar la artillería pesada, los tanques de guerra y los aviones para masacrar a su propio pueblo, con un ejército dirigido por su propio hijo. En Siria, el presidente Bashar Al Asad realiza las mismas maniobras con un ejército también comandado por sus hijos.   

En varios artículos dije que Huntington se había equivocado al hablar del “choque de civilizaciones” y por momentos tengo miedo de no haber acertado. Occidente está preparando una nueva cruzada a Oriente. Esta vez la destrucción será mucho mayor que la que realizaron todas las Cruzadas juntas en nombre de Dios, del mismo modo que algunos grupos de musulmanes fanatizados lo hacen en nombre de Alá y Mahoma.   

La islamofobia del holandés Wilders es enfermiza, es retrógrada, es reaccionaria, es racismo fascista aunque él diga que jamás se aliaría con los fascistas. No, no se aliará: los encabeza. Dijo: “Todo el mundo debe acomodarse, aquí, a nuestra cultura. El que no lo haga será expulsado del país”. Pocos conocimientos de historia tiene. Conozco a mucha gente común y he leído a historiadores importantes, que no dudan en criticar a los Reyes Católicos por haber expulsado de la península a árabes y judíos. Durante ocho siglos cristianos, judíos y musulmanes vivieron en perfecta armonía, sin que las diferencias de Dios, Jaharre y Alá hayan sido motivo de rivalidades, problemas de convivencia o expresiones de fanatismo religioso. Por el contrario, en ocasiones frecuentes se reunían para rezarle cada uno a su dios. Después de todo hay uno solo. ¿Por qué tendría que ser el uno mejor que el otro?

Tendríamos que encontrar el camino para poner una barrera a estas manifestaciones de fanatismo demencial, como el caso del pastor norteamericano Terry Jones que reunió a todos sus fieles de los Estados Unidos: cincuenta personas, para quemar, en un acto ritual, un libro del Corán. ¿Nos parecerá igual de natural si en los países de mayoría musulmana quemaran la Biblia, la Torá, o si insultaran groseramente al Papa, a Lutero, a Calvino, a John Smith, como respuesta a Wilders y Jones? Me sospecho que no.   

Como cierre a la discusión sobre los prejuicios contra los musulmanes, existen países con población mayoritaria de esa religión (no de esa “ideología”) que son democráticos, con un gobierno laico y viven todos en paz: Turquía, Túnez y Egipto para citar unos pocos. No quiero aceptar que bajo el rótulo de “libertad de expresión” me estén vendiendo una intolerancia irracional y bárbara.

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