Libertad de expresión actual

El mundo avanza, pero quizá no mucho.  Antes se mataba al que enseñaba a leer a un esclavo. Hoy, al que pide libros de texto  a precio asequible, “sólo” lo maltrata la policía ante el Ministerio de Educación.

  Estos son los hechos: Informado a última hora que se presentaban el 11 de septiembre unas firmas con ese objetivo en el Ministerio de Educación y, como profesor jubilado, muy consciente de la importancia del tema, me presenté a su puerta por un papel que decía sólo: “¡Libros de texto, a precio asequible! 265.000 firmas”, que copìa literalmente su demanda, uniéndome al grupo que las llevaba. De inmediato un policía me dijo que yo no tenía permiso para estar allí, y cuando le mostré el papel, mera descripción del acto, me lo arrebató, me llevó a un lado, me exigió mi documentación y después me echó del lugar. Como ciudadano, llevo muchos años asistiendo a manifestaciones, pero jamás se había pisoteado de modo tan directo mi libertad de expresión. ¿Será que, perdida la Olimpiadas y otras cosas, el Gobierno ha decidido mostrar su careta más autoritaria?
 
  Esa conducta despótica no sería posible sin la complicidad activa o pasiva de una gran mayoría social. Lo demostró allí mismo el que los portadores de esas firmas reaccionaran contra ese atropello, ni entonces, ni después –estuve hasta que se fueron apoyándoles con el papel recobrado, desde la acera de enfrente-,  como hubiera hecho cualquier demócrata, aunque no hubiera estado de acuerdo con el apoyo que pretendía darles. Su protesta parece pues limitarse a que no pueden o no quieren gastar tanto dinero con sus hijos, sin importarle el que esos textos apoyen o no los derechos humanos, el respeto al prójimo.
Martín Sagrera en una foto de archivo

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