Libertad, conciencia y fe

Para la actual jerarquía preconciliar de la Iglesia española, la moral es de su exclusiva propiedad

Cuando se habla de la Iglesia católica española en los nuevos tiempos, conviene matizarla para no contribuir a una mayor confusión. Entre la Iglesia de los años iniciales de la Transición concluida y la de ahora hay una diferencia abismal. En los primeros años de la reforma del franquismo estaba gobernaba por una Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal que se había comprometido a alentar y desarrollar un trabajo solidario y de esperanza. Decía: "En el empeño colectivo por consolidar la vida democrática de nuestra patria la comunidad católica puede y debe aportar, desde su propia identidad, fundamentos morales y energías espirituales capaces de enriquecerla". (23 de septiembre de 1982). Conviene saber que, en aquel entonces, gobernaban en el país los socialistas del PSOE renovado.

Veinticinco años más tarde –es decir, ahora mismo– de aquella Iglesia tolerante y solidaria con el espíritu democrático solo queda el recuerdo melancólico de su prudencia y respeto; precisamente, en un momento en el que empezaban a manifestarse los primeros síntomas de cansancio y desánimo al comprobar cómo la solución para los agudos problemas sociales se retrasaba mientras aumentaba la desconfianza en las promesas políticas. Eran los brotes de un desencanto popular, que amenazaba con convertirse en la neurosis familiar de los españoles.

La iglesia, que sustituía a aquella otra que había estado al servicio de la dictadura de una manera inequívoca, decidió integrarse sin dobleces en la democracia y le aportaba su inteligencia para restablecer una vía de entendimiento entre la libertad de pensamiento político individual y la fe religiosa de cada uno. En cambio, la Iglesia actual irrumpe bruscamente en la vida democrática e irrumpe violentamente esa comunicación civilizada entre la libertad de conciencia individual y la fe que postula negando cualquier posibilidad para que aquella racionalidad católica se hiciera efectivamente práctica; racionalidad intelectual y espiritual que había iniciado el Concilio Vaticano II; probablemente, para contrarrestar mejor los efectos negativos –para ella– de una revolución cultural que, desde hacía algunos años, minaba implacablemente su secular autoridad moral y material sobre la feligresía. (A uno de los más conspicuos líderes de aquella revolución le acaban de conceder el Premio Príncipe de Asturias de las Artes: Bob Dylan).

PERO COMOEspaña es diferente –tal como dijo don Manuel Fraga Iribarne y así parece ser…–, la actual Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal ha optado por enmendarles la plana a quienes fueron sus antecesores en el cargo, para hacer todo lo contrario: encerrarse en su búnker (ideológico) para, desde dentro, apuntar su artillería pesada contra el Gobierno legítimo –les guste o no a los señores obispos, las élites paraeclesiales y a las organizaciones apostólicas…– y disparar sobre él para intentar desarbolarlo y, si no se rinde, hundirlo… Desde esta santa intransigencia, acusan al Gobierno que preside Rodríguez Zapatero de resucitar el laicismo . Apoyándose en las tesis integristas del Papa Pío XII, vuelven a condenarlo por ser "uno de los errores más graves de los tiempos modernos", puesto que el laicismo se empeña en "excluir a la Iglesia y a sus más altos representantes de la dirección de la vida pública y social, reservándola únicamente para los seglares" (Pío XII, al Episcopado del Brasil, el 7 de marzo de 1950).

Posteriormente, el Concilio Vaticano II puso las cosas en su sitio: "La Iglesia por razón de su misión y de su competencia, no se confunde en modo alguno con la comunidad política ni con ningún sistema político". Poco después, la propia Conferencia Episcopal Española manifestaba que "la Iglesia no debe identificarse con ninguna postura política ni imponerla autoritariamente a sus fieles". A qué intereses responde la actual agresividad de la citada Conferencia –la de ahora– para agitar más, si cabe agitarla, la actual confusión entre lo político y lo religioso…? Evidentemente, este ruidoso alboroto –prácticamente institucionalizado por el PP, desde su derrota electoral– favorece la radicalización de la oposición que practica con tanta furia la derecha castiza contra el zapaterismo del PSOE. Cuanto más fango se produzca a su alrededor, más posibilidades tiene el ideólogo de la FAES para hundir a su enemigo…

PARA ESTAIglesia preconciliar , la moral es de su exclusiva propiedad; igual que la patria –o sea, España– lo es de la derecha carpetovetónica. Ambas, la Iglesia y la derecha, se complementan perfectamente. Exactamente igual que se complementaron hace setenta años para compartir el poder político y el religioso durante cuarenta años del siglo XX. Entonces, a la jerarquía eclesial no se la había ocurrido advertir de que "el Estado no puede suplantar a la sociedad como educadora de la conciencia moral".

– Por qué…?

– Pues, porque en aquella época la Iglesia española era católica, apostólica, romana, y de las JONS…! Como el Estado.

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