Libertad antes que integración

La Comisión Europea ha propuesto "un debate en calma" ante la ola de protestas violentas desatada en parte del mundo musulmán a raíz de la redifusión –se publicaron por vez primera en septiembre– de las famosas caricaturas de Mahoma. Bueno, de momento sólo una de las dos partes concernidas ha perdido la calma. La furia contra un pequeño país europeo y los que se han atrevido a defenderlo no ha sido replicada con furia por los atacados. Ni lo será, por fortuna. No me imagino yo una turba de europeos asaltando la embajada de Irán o de Siria. Ni siquiera ocurrirá eso cuando, como se anuncia, se publiquen en la prensa iraní dibujos satíricos contra las víctimas judías del holocausto nazi. Se verá.

Insisto en que en Europa se ha producido hace tiempo la separación de religión y Estado. Eso hace, entre otras cosas, que si un colectivo de creyentes se considera ultrajado por un dibujo, un artículo o un libro, no se le pasa por la cabeza exigir violentamente que los gobernantes cuelguen al autor. Simplemente acude a los tribunales de justicia y obtienen de ellos una reparación de la ofensa proporcional a su gravedad. O no. Hace pocos días el Tribunal Constitucional de España absolvió al individuo que colocó en su página web una imagen de la Esperanza de Triana con el pecho atravesado por un semáforo y un pene considerable en la mano. Lo estimó de mal gusto, como lo es para muchos musulmanes la viñeta de Mahoma con una bomba como turbante, pero no lo encontró delictivo. Lo importante, sin embargo, es que los cofrades denunciantes no han ido a agredir al imaginativo internauta. Se han tragado el sapo, mientras que el Constitucional ha aplicado su doctrina reiterada de que el derecho a la libertad de expresión hay que defenderlo siempre a pesar de los excesos. Mayormente, porque sin él no existe democracia y porque restringirlo produce más daños que los que se pretende evitar.

El imán Abu Labán, el principal dirigente espiritual de la comunidad islámica en Dinamarca, que es el que inició el actual movimiento de protesta, ha dado en la clave del conflicto, quizás sin proponérselo. Ha dicho que es el momento de priorizar integración a costa de la libertad. Interesante aportación al debate en calma. O sea, que para que se integren en Europa veintitantos millones de musulmanes varios cientos de millones de europeos deben renunciar a una parte de su libertad, como si ésta fuera el capricho de una ley mutable y no el mayor tesoro del que disfrutamos gracias a que miles de de europeos de hace siglos se sacrificaron y hasta dieron su vida por ella. Oiga, ¿y esta renuncia se para en las convicciones y supercherías de una religión o incluye también la aceptación de que el hombre y la mujer no son iguales o que los homosexuales han de ser lapidados por sodomía?

Los primeros ministros de España y Turquía han rechazado "moral" y "políticamente" las caricaturas. Pero no es eso lo que está en juego. (Las caricaturas, por cierto, son malísimas).

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