Ley de Libertad Religiosa: no hay mal que cien años dure

El presunto carpetazo a la Ley de Libertad Religiosa (hoy me siento optimista, pero en el fondo sé que se le dará carpetazo definitivo en esta legislatura) no es sólo el incumplimiento de una parte de un programa electoral. Es algo más. Es la

…Hemos tenido una legislación demasiado agitada. Y los poderes fácticos sólo han tenido capacidad para ir abordando, uno a uno, los problemas que iban surgiendo. Pero sólo se han abordado los problemas materiales, y por ser generosos, el ideológico que planteaba la reforma de la Ley del Aborto.

Un estado, que se autodefine como laico en su carta constitucional, no se puede permitir ni un segundo más esta ambigüedad a la que ha sido llevado por el suceder de la sociedad. Y es que la sociedad está dando muestras de tener un ritmo mucho más vertiginoso de lo que algunos políticos son capaces de asumir.

Y dentro de ese ritmo crece, con preocupante notoriedad, la ideología más retrógrada, esa que supusimos finiquitada con el fin de la dictadura, pero que se empeña en sobrevivir dentro de la ambigüedad y la dejadez de quienes tienen que preocuparse de que el pasado sólo sirva para poner las bases de un presente mejor y todavía más óptimo futuro no cometiendo los errores de antaño.

Y para ello, es necesario un posicionamiento muy claro y definido. Y ello no es posible si el partido, que por su propia naturaleza ideológica, debe plantearlo, tiene temor –o miedo- a hacerlo.

Está claro que si esta ley se aborda como hay que abordarla, es decir, desde los cimientos, creará ampollas. Pero es mejor sufrir un poco, y todo de una vez, que esta penitencia de despropósitos que padecemos por los continuos y cada vez más duros embistes de los sectores ultraconservadores católicos que empiezan a tener la percepción de que tienen vía libre para campar a sus anchas. Como si todo el monte fuera orégano para ellos.

En un estado que pretende ser laico, sobran los favores consagrados y afianzados tras la firma del concordato con la Santa Sede.

Lo malo de estos privilegios es que son otorgados a una empresa privada que pagamos entre todos, lo que supone una paradoja de muy mala digestión para los que creemos que el que quiera sostener este emporio ideológico lo tiene que hacer con sus propios medios y sin que el Estado de todos lo financie.

Aspiro a que la natural renovación de los partidos políticos, sobre todo de izquierdas, traiga una nueva generación de personas más concienciadas en la justicia de lo ideológico, en la abolición de privilegios instalados a motu proprio por quienes se consideran naturales pastores de la conciencia humana sin ninguna gana de respetar sus propias normas divinas.

Vamos, lo que viene siendo, haz lo que yo digo pero no lo que yo hago, que donde manda capitán no manda marinero.

Y yo añado que “no hay mal que cien años dure”. O por lo menos así lo espero. Seguiremos luchando por ello.

Leire Díez Castro – Presidenta de Red Laica para la Igualdad y la Diversidad

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