Ley de Educación: Laicismo ancestral impidió incluir la dimensión religiosa

El arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, cuestionó la nueva ley de educación nacional y advirtió que un “laicismo ancestral” impidió incluir la dimensión religiosa y una visión trascendente en los contenidos de la educación integral que se enseñarán en las aulas.

    En una entrevista concedida al diario La Nación, el prelado platense consideró que existe un “sentimiento hostil” hacia el cristianismo en algunos sectores del Estado, y reclamó que la revisión del pasado que se incluirá en los programas escolares “sea completa”.

El Arzobispo sostuvo que "el predominio de una filosofía de la educación de corte constructivista, que maneja una concepción reductiva de la persona" lleva a excluir la dimensión espiritual de la educación, y criticó que la futura norma educativa proponga "enseñarles a niños de siete años que no hay un modelo de familia, sino muchos modelos, todos válidos".

     "Se está preparando a la población escolar para la aceptación de la ideología de género y la superación del 'estereotipo' (como lo llaman despectivamente) de la familia basada en el matrimonio entre un varón y una mujer", alertó.

     El Arzobispo también expresó preocupación por el "avance en la profundización de propuestas contrarias al orden natural de las cosas”.

     “Hay un cambio cultural  -explicó- marcado por un fuerte secularismo, en el que se selecciona lo que agrada y conviene de la enseñanza de la Iglesia y se descartan aquellas posiciones que contrastan con este modo de organizar las cosas como si Dios no existiese".

     Consultado sobre “dónde surge el temor por la ausencia de una dimensión religiosa en la educación integral”, monseñor Aguer respondió: “Se introduce el concepto de formación integral, pero no se mencionan las dimensiones que la integran, como la espiritual. ¿Cómo ejercerán los padres que envíen a sus hijos a una escuela estatal el derecho, que la ley les reconoce, de elegir una educación que responda a sus convicciones? No se reconoce la dimensión religiosa del ser humano: ésa es una de las carencias de la ley”.

Tras expresar preocupación porque los últimos años el gobierno nacional haya impulsado con marcado interés el rescate de la memoria, el prelado dijo: “La memoria debe ser completa y, como lo ha expresado el Episcopado argentino en noviembre de 2005, no debe transmitirse una visión sesgada de nuestra historia reciente. Yo temo que la historia sea reemplazada por una visión ideológica de los acontecimientos, algo que ha ocurrido otras veces en la educación argentina. En 1956, por ejemplo, la Revolución Libertadora impuso en los libros de texto una interpretación del período inmediatamente anterior, que no perduró. Temo que ahora se haga lo mismo. La historia requiere una elaboración científica y tiempo para que la memoria vaya decantando y se puedan acoger armoniosamente todos los elementos de ese pasado, del cual nos tenemos que hacer cargo”.

     Y rechazó los reproches a la Iglesia por la falta de autocrítica sobre su actuación en ese período: “La palabra ‘autocrítica’ no me parece del todo exacta. No estoy seguro de que todos los sectores implicados en la vida nacional hayan hecho una revisión de su actuación y sus posiciones, como lo ha hecho en su momento la Iglesia. Por otra parte, un país no puede vivir continuamente autocriticándose: mirar permanentemente al pasado, promoviendo actitudes de discordia, es un defecto. La superación de los hechos negativos del pasado debe hacerse con mucha generosidad y lucidez, y sobre todo esperanza de un futuro mejor”.

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