Le exaltan más a Francisco las bodas gays que la dictadura de Videla y sus asesinos uniformados

El Papa Francisco parece decidido  a  predicar con el ejemplo. Entre sus virtudes, sobresale, por el momento, la de la austeridad. No es partidario -según afirma- del boato  y, menos aún, del despilfarro. Apunta maneras muy alejadas de los privilegios eclesiásticos, que a lo largo de la historia han sido prácticamente intocables. Simplemente, ha debido de tomar nota de que Jesús de Nazaret no vivió jamás en palacio alguno. Sus discípulos no eran magnates. Ni ricachones de su época.

Sepulcros blanqueados
Eran tan sólo una cuadrilla de pobres pescadores capitaneados por un visionario -en el mejor sentido de la palabra- que pagó muy caro difundir la doctrina de la solidaridad entre los seres humanos y plantar cara a los mandamases, a los sacerdotes del templo y a los fariseos, a los que Jesús de Nazaret comparó, sin ambages,  con los sepulcros blanqueados.

Los inquisidores
Pero el recién elegido Pontífice no puede ni debe anclarse tras una serie de gestos bienintencionados. Sus escritos o sus sermones contra los matrimonios gays no son más que insoportables, prepotentes y, sobre todo, propios de  los inquisidores, aquellos clérigos  que -en nombre de Dios- quemaban en la hoguera a los herejes o a los disidentes. ¿Olvida acaso Francisco que  a Jesús de Nazaret lo mataron en la cruz los inquisidores de aquel tiempo?

¿Hijos de Belcebú?
¡Que lenguaje tan brutal es el suyo, Papa Francisco I!  Hemos leído y publicado en ELPLURAL.COM su carta enviada a unas monjitas argentinas con el fin de frenar -como si fueran un atentado mortal- las bodas homosexuales. ¿Sabe usted que los homosexuales son hijos e hijas de Dios? ¿O cree en verdad que son hijos de Belcebú? “No seamos ingenuos: no se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios”, sostenía usted, Papa Francisco. Y añadía que era fruto el matrimonio gay de una “movida” promovida por “el padre de la mentira [o sea, el Demonio] que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios”.

“La guerra de Dios”
Semejante ataque del ahora Sumo Pontífice a los homosexuales incluye frases provocadoras, indignas de un príncipe de la Iglesia y denigrantes: “Aquí también está la envidia del Demonio, por la que entró el pecado en el mundo, que arteramente pretende destruir la imagen de Dios”. Ésta dijo es “la guerra de Dios”  No andaba equivocado ayer, pues,  The New York Times tildándole de “homófobo, machista y con actitud  colaboracionista”, respecto a la sangrienta dictadura del general Videla y de unos cuantos, muchos, asesinos uniformados.

Criminales abyectos
No sabemos aún si usted, Papa Francisco, se implicó o no en el golpe de Estado de los generales  argentinos. En todo caso, aquello fue una dictadura monstruosa en manos de criminales abyectos. Pero lo que sí sabemos ya es que usted, sacerdote jesuita de la vieja guardia,  por lo visto se exalta denunciando que las bodas gays son instrumentos del Demonio en su  asalto a Dios  Nuestro Señor. Tamaña patraña es una tropelía intelectual.

Lloramos por Argentina
Y en cambio nunca se le recuerda, señor Papa, clamando contra los tiranos golpistas y sus asesinatos. Lloramos entonces una vez más por Argentina.  Sin embargo usted calló y así se delató. Le preocupan a este Papa más los matrimonios gays que la barbarie sangrienta de Videla y de sus cómplices.

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