Las X Insolidarias del tándem Iglesia-ONGs

La Iglesia Católica recibe anualmente millones de euros por la casilla del IRPF. Dinero público que debería dedicarse a sanidad, educación y atención social de la ciudadanía. Quien marca su casilla en la renta, «desvía» dinero de la hucha común de los españoles hacia las arcas de la Iglesia, sin poner un euro más de su bolsillo. ¿Y que ocurre con la otra casilla del IRPF, con su casilla gemela, la de «Actividades de Interés Social»? ¿Se puede afirmar lo mismo?

Durante la pandemia ha habido una parte de la ciudadanía que, de forma absolutamente altruista y voluntaria, ha colaborado en la confección de mascarillas caseras, que se ofreció a hacer la compra a los mayores, que ha regalado sus habilidades en internet (teatro, música, mucha música, recetas, clases de repaso), que ha comprado y donado alimentos… Aunque lo que aportaba cada cual era muy variado, todos y todas tenían algo en común. Lo ponían de su bolsillo: su tiempo, su conocimientos, sus materiales, su tecnología, sus coches. Su aportación ha sumado. A los recursos públicos ya existentes, ellos y ellas han añadido más recursos. Un ejemplo de verdadera solidaridad.

La Plataforma de ONGs de Acción social publicita ahora su campaña: la «X Solidaria». Para que el contribuyente marque la casilla «Actividades de interés social». Pero también anima a ¡marcar la de la Iglesia!. Tandem perfecto: Iglesia-ONGs. Además, aseguran que no marcar estas casillas es «dejar que sea el Estado quien gestione ese dinero». Claro mensaje maniqueo: Estado malo, Iglesia-ONGs buenas. Y, lo más sorprendente, ¡el Gobierno de España apoya explícitamente esta campaña!.

Las ONGs y el voluntariado merecen mi respeto. Pero el fin no justifica los medios. Lo que rechazo totalmente es este maquiavélico instrumento recaudatorio para Iglesia-ONGs. El contribuyente que marca estas casillas no es más solidario. Al contrario. No pone más de su bolsillo. No suma más recursos. Lo único que hace es poner el dinero público en manos privadas (porque Iglesia-ONGs son privadas). Dicho crudamente, estas casillas restan.

Desde que esta casilla apareció en la Declaración de Renta para legitimar el privilegio recaudatorio de la Iglesia, la cantidad recibida por Iglesia-ONGs aumenta cada año. Dicho al revés, el agujero en los presupuestos generales por estos conceptos es cada vez mayor. Y el Estado no solo lo permite. Ahora también lo apoya, aceptando el mensaje de la campaña: que la gestión de las ONGs-Iglesia es mucho mejor que la del Estado. ¿Estamos locos?

El Estado tiene la obligación de atender las necesidades sociales básicas de la ciudadanía y no dejarlas en manos privadas. Si se crítica la privatización de la sanidad, si se crítica la concertación (privatización) de la enseñanza, ¿por qué no criticar la privatización de la atención social? Un gobierno que habla de «Tasa de Recuperación» para fotalecer lo público, no debería permitir la sangría de dinero que provocan en las arcas públicas las X del IRPF; unas X ONGs-Iglesia que tienen muy poco de solidaridad y mucho de privatización de lo público.

Eugenio Piñero Almendros

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