Las mujeres del cambio

La primavera trae cambios a Turquía y esos cambios, sin duda, están llegando de la mano de la mujer de ese país. Ella es quien agita enérgicamente la bandera roja con la mano, organiza y asiste a las multitudinarias manifestaciones para dejar oír su voz y repetir: "nosotros también estamos aquí". Perder un sistema laico, en palabras de Turkan Saylan -Presidenta De la Fundación de Apoyo a la vida Moderna- "es algo que nos afectaría mucho especialmente a las mujeres".

Todas las manifestaciones, como las recientes celebradas en Ankara, Manissa, Canakkale o Estambul, han tenido el empuje laico de la mujer detrás; el miedo al retroceso les ha hecho reaccionar frente a los islamistas moderados turcos que, en estos días, han encajado su primera gran derrota desde su llegada al poder, hace cinco años.

Esa derrota ha sido tener que retirar al candidato a la presidencia de la República, el ministro de Exteriores, Abdulá Gül, propuesto por el Primer Ministro, Tayyip Erdogan, ambos del Partido de la Justicia y el desarrollo (AKP) de tendencia islamista moderada. Lemas como 'Erdogan toma tu rosa' (Gül, significa rosa en turco) o 'Erdogan vete a Irán' podían escucharse en las manifestaciones.

La realidad es que, el Parlamento, con el boicoteo de la oposición laica, tampoco ha conseguido reunir el quórum de los dos tercios de diputados que necesitaba el candidato a la Presidencia. "Después de lo ocurrido, señaló el propio Gül, mi candidatura está fuera de lugar". Así pues, el próximo 22 de julio habrá elecciones. Pero Turquía es un país complejo que tiene a Estambul en Europa pero Ankara, que es su capital, en Asia. Está claro que la mujer turca es tan europea como cualquiera, sin embargo, algo está ocurriendo, sigilosamente, en la sociedad capitaneada por el Primer Ministro Tayyip Erdogan. Tal vez las agujas están consiguiendo más cosas que los sermones de los imanes.

La moda del 'túrban'

La vestimenta es occidental pero, últimamente, está suavemente combinada con el toque 'chic' del pañuelo de seda en la cabeza. Es como si, para un sector de las mujeres turcas volviera aquella moda de los años 60, cuando Claudia Cardinale o Grace Kelly se subían a una vespa o un descapotable, después de cubrirse el pelo con un alegre pañuelo. El 'túrban' (turbante) para una parte de las mujeres turcas, es moda, y aquí parece radicar el logro del gobierno de Erdogan. Los pañuelos siempre están en el 2X1 de las rebajas, siendo los 'hit parade' de las ventas de la moda ligera en la zona de Fatih, cerca de las antiguas murallas de la ciudad de Estambul.

Porque incluso, una misma ciudad, esconde dos caras que representa a dos tipos de mujer. Así, en la zona antigua proliferan las tiendas de trajes de novia con la cabeza cubierta, combinadas con otras, por ejemplo, las de los trajes de ceremonia para el día grande de los niños, cuando se les hace la circuncisión y ellos se visten con todos los honores, con una capa blanca invadida de adornos dorados.

Cuando uno está rodeado de cabezas y cuerpos tapados es inevitable pensar que, si eso ocurre en Estambul, cómo será, por ejemplo, en Konya, la ciudad de Anatolia y capital del islamismo conservador, allí donde el partido gobernante tiene su feudo y las mujeres con velo defienden su opción. La periodista Nihal Bengisu Karaca, una de ellas, comenta: "Hace unos días coincidí en un ascensor con otras mujeres que también iban al cine. Una preguntaba a la otra si iba a ir a la manifestación de Ankara; lo hizo delante de mí, y no pasa nada. ¿Si bebemos lo mismo, comemos lo mismo, vemos las mismas películas y nosotras las dejamos en paz, por qué ellas no hacen lo mismo? ¿Por qué no respetan nuestra opción de llevar velo y nos hacen sentir siempre que somos una amenaza?" Por supuesto, esas mujeres no estaban en las manifestaciones. Tienen su ejemplo en Emine Erdogan y Hannyürsa Gül, las mujeres de los principales líderes políticos.

"Ninguna de las dos son un modelo para mí –comenta Nida, mi guía– No son mujeres independientes". "El problema es que aquí hay mucha gente sin definición. Hay gente con dinero y sin dinero, nada más –resume tajante- y aquí todo el mundo quiere pertenecer a algo". Tal vez, estar en una sociedad musulmana en un 99%, no ayuda como definición; por eso la diferencia está en la intensidad. "El Corán dice que la mujer se tiene que cubrir pero no dice cuánto se tiene que cubrir y, además, este es un país laico, no Islámico". Después comentó que ella nunca tendría una amiga que se cubriera la cabeza, "no podría ser amiga de alguien que se limita". Ella, con 37 años, tiene claro que nunca se casará, ni tampoco irá a la Meca, salvo que la manden como guía.

La apertura a Europa

A Isil y Çirvan tampoco les cuesta hablar, y pueden hacerlo en varios idiomas, tranquilamente, tomando un kebak , entre ríos de gente, en la calle Libertad, en Taskim o en el centro de Estambul. Ellas forman parte de las muchas mujeres preparadas que hay en Turquía. Çirvam, defensora de que su país entre en la UE, estudió en la Sorbone y está a punto de casarse con un armenio-francés que conoció en París.

Isil Yigitoglu, también de 30 años, MBA en Publicidad y RRPP y llena de novios, en cambio, tiene tan claro no necesitar a Europa… Sin embargo, se siente europea como la que más. Las dos viven con sus padres, trabajan y gastan todo cuanto ganan. "Mira el color de mi pelo", me dice Isil, "me costó 200 euros conseguir este color". Después de estar con ellas, es imposible no saberse todas las marcas turcas… Baymen, Vakko, Fabbrika, Derimod… "En ropa interior están Ay Yildiz y Kom… ¿y Women Secret, -pregunta Isil- es española, no?… me encanta…"

"Hay mucho dinero en Estambul", dice la diseñadora renacentista Gönül Paskoy. Todo talento y opulencia. En su estudio, una entiende, por ejemplo, que un caftán llegue a costar 7000 euros. "La mujer con turbante no viene a mi tienda. Yo creo que se visten así para estar más cerca del poder y conseguir trabajar en las oficinas de Gobierno… Lo que no entiendo es por qué las vemos tanto en la tele si no se las ve por la calle".

"El hombre decide y Aláh se ríe", me dice Nida. La vida está llena de contrasentidos. En cualquier caso, son ellas, la que tienen más voz en la calle que en el Parlamento, las que se han convertido en el motor del cambio de un panorama político que, en uno u otro sentido, se hará oír en las elecciones del próximo 22 de julio.

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