Las miserias cortesanas

El lobby eclesiástico católico no ha perdido ninguna de las prebendas otorgadas por el dictador sino que las ha visto generosamente incrementadas a través de acuerdos de financiación y exenciones fiscales. La enseñanza reposa en sus cristianas manos y en ellas descansan los cimientos del mayor expolio inmobiliario cometido contra el Patrimonio Nacional.

La alcurnia dinástica de los  Austria-Habsburgo terminó como era de esperar después de múltiples “encamamientos” entre familiares muy allegados. El resultado de los bodorrios entre primos carnales causó tal deterioro genético que cuando se  dieron cuenta sus hijos eran monstruitos abyectos, torpes, enfermos y estériles.

La esterilidad dejó vacante la poltrona real española; para ocuparla hubo bronca familiar entre los parientes cercanos de otros reinos europeos. Había que decidir quién se “apropiaba” del pueblo de ahí abajo.

La ruleta de la fortuna señaló a un Borbón que casualmente pasaba por allí y que no tenía nada mejor que hacer. Para ocupar la silla utilizó una guerra civil y de paso eliminó algunos nobles opositores.

Los descendientes de Felipe V aprendieron la lección y cada vez que las cosas se ponían feas para los intereses de la familia organizaban un enfrentamiento entre españoles. Esa es su forma de recordar la llegada al trono de España del primero de su linaje.

El caso es que -guerra civil va, guerra civil viene- llegamos hasta nuestros días. Siempre marcados por el estigma de liarnos a mamporros entre nosotros en defensa de unos supuestos derechos dinásticos de unos señores de fuera.

En realidad los enfrentamientos denominados guerras civiles siempre han sido orquestados por grupos de presión de la nobleza de sangre y la financiera, ambas apoyadas por el  brazo militar armado.  La última confrontación muestra blanco sobre negro que para los amos de la finca los paletos españoles únicamente son útiles como carne de cañón. Como mano de obra servil y barata.

Creíamos que tras la “transacción” de 1978 habíamos entrado en la democracia alcanzando la categoría de ciudadanos y abandonado la condición de súbditos, ¡Ilusos! ¡Qué poco han cambiado las cosas!

Nos dimos de bruces con la realidad, habíamos padecido una guerra, un genocidio, un exterminio por orden de un chacal y estábamos en el punto de partida. En la Jefatura del Estado volvía a sentarse un Borbón por obra, gracia y deseo de un genocida asesino.

Las hordas franquistas se resistieron a abandonar el poder y por lo que parece consiguieron permanecer en él. Disfrazados de demócratas de toda la vida siguieron ocupando los puestos de decisión que nunca han abandonado.

Durante un largo periodo acompañado de músicas militares nos fueron convenciendo de la necesidad de haber hecho la “modélica Transición” tal como se hizo. El mensaje consistía en predicar que era esa la fórmula idónea si no queríamos acabar en un conflicto provocado por los uniformados.

El aderezo del menú fue una adecuada ley de “punto final” disimulada como ley de amnistía política. Con ella se blindó a los genocidas, a los torturadores y a los colaboradores del genocidio protegiéndoles de la posible actuación de los tribunales para juzgar crímenes que no prescriben porque son  delitos de lesa humanidad.

Cuarenta años después nos hemos dado cuenta que todo se hizo siguiendo un cuidadoso plan trazado desde los oscuros poderes facticos que han gobernado este país. El lobby eclesiástico católico no ha perdido ninguna de las prebendas otorgadas por el dictador sino que las ha visto generosamente incrementadas a través de acuerdos de financiación y exenciones fiscales. La enseñanza reposa en sus cristianas manos y en ellas descansan los cimientos del mayor expolio inmobiliario cometido contra el Patrimonio Nacional. Todo ello con el beneplácito  de gobiernos elegidos en procesos aproximadamente democráticos.

Por otra parte las grandes familias del Régimen conservaron todas sus posesiones y privilegios sin que nunca se cuestionara como fueron adquiridos.

Políticamente todo quedó atado con férreo nudo a la muerte del dictador, una prueba concluyente de esta aseveración nos la proporcionó el PSOE votando en el Congreso de Diputados al lado de los herederos del franquismo y en contra de una proposición para la reforma de la ley de amnistía de 1977. ¿Por qué se niegan los socialistas a que sean investigados crímenes cometidos durante la dictadura? ¿Qué ocultan? ¿A quién protegen?

Las resoluciones de la ONU han instado en repetidas ocasiones al Estado español a eliminar la ley de 1977 porque es una ley que perdona crímenes que no prescriben cometidos durante los 36 años de franquismo.

Con estos antecedentes el Partido Socialista ha dado muestras de su carencia de empatía con la izquierda española represaliada. Si piensan que con la iniciativa de la ley de la memoria histórica han cumplido con su deber de reparación hacia las victimas de Franco, sería conveniente que pasaran por la butaca del psiquiatra para que mediante algún tratamiento les devuelva algún poso de cordura y algún atisbo de dignidad.

*José Antonio Luque Carreiras, socio de MHUEL.

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*Los artículos de opinión expresan la de su autor, sin que la publicación suponga que el Observatorio del Laicismo o Europa Laica compartan todo lo expresado en el mismo. Europa Laica expresa sus opiniones a través de sus comunicados.

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