Las mezquitas suizas sitúan a Europa ante su problema

En Suiza, la extrema derecha ha jugado con habilidad sus cartas y ha ganado. El referéndum para prohibir la construcción de minaretes en las mezquitas, ha obtenido casi el 58 por ciento de votos favorables. El doble de los que cosecha la extrema derecha en las elecciones generales. Con lo ocurrido, Suiza sitúa a Europa ante su problema, al que tendrá que enfrentarse para dilucidar si acepta que los millones de musulmanes que se han asentado en la Unión Europea (UE) puedan disponer, si así lo desean, de un código de familia que entra en radical contradicción con las normas imperantes en la UE, basadas en el laicismo, en la igualdad de sexos en, en suma, la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

El resultado del referéndum ha sorprendido e incomodado, incluso a los patrocinadores de la consulta. Parece que a los votos de la extrema derecha, se les han sumado los de un cierto sector de la izquierda, defensora del laicismo, y el de organizaciones feministas. Las reacciones europeas han sido las que cabía esperar. A la cabeza, se ha puesto la Iglesia católica, que acepta los minaretes, porque sigue batallando para que, en Europa, la religión tenga el espacio público que asegura se merece. Lo que quiere el Vaticano es que el cristianismo sea el cimiento fundamental de la construcción europea; de ahí que el secretario general de la Conferencia Episcopal Suiza, afirme que "la batalla contra los minaretes es como la batalla contra los crucifijos; la religión no puede ser un hecho privado". El Vaticano todavía no ha digerido la sentencia del Tribunal de Estrasburgo que veta la presencia de los crucifijos en los colegios públicos, por lo que el referéndum suizo le cogido a contrapié.
Más allá de la manifiesta incomodidad de la Iglesia católica, que cree que en Europa se quiere expulsar a Dios del ámbito público (no sé cómo puede expulsarse a la Divinidad de ningún lugar), lo más destacable del referéndum, al margen de la consabida demagogia siempre utilizada por la extrema derecha, es el hartazgo de muchos ante el proselitismo islámico que se da en Europa; no por el proselitismo en sí, que en la UE cualquiera puede hacerlo de lo que le venga en gana, sino por lo que supone de ruptura con la legalidad europea, en la que la igualdad de sexos es una realidad, aunque todavía se siga recorriendo el camino; porque lo que se predica a los musulmanes en Europa es, muchas veces, la tesis de que aquí son una comunidad aparte, que no son ciudadanos de la UE, sino miembros de la "comunidad de creyentes" del Islam, por lo que tienen unos derechos y obligaciones diferenciados. Se trata de un ataque frontal a lo que es la UE en aspectos muy sensibles, los que tienen que ver con las ideas fundamentales que han posibilitado su creación a lo largo del último medio siglo.

Es muy deseable y parece que razonable que para desactivar la presunta "islamofobia" que muchos dicen detectar en Europa, los países musulmanes establezcan la imprescindible reciprocidad. Me explico: en Europa se pueden construir cuantas mezquitas se consideren necesarias, de acuerdo con las leyes urbanísticas de cada lugar; construir iglesias cristianas en los países musulmanes es, la mayor parte de las veces, poco menos que imposible. En algunas naciones, como Arabía Saudí, imposible del todo. Los laicos, en el Islam, están casi siempre condenados al silencio. Un profesor musulmán, con el que coincidí en una tertulia, justificó las restricciones a la construcción de iglesias diciendo que "en el Vaticano también es imposible levantar una mezquita". A qué extrañarse, ante tan singular respuesta, de lo sucedido en Suiza.

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