Las máximas autoridades de La Rioja y Logroño en la misa de la Virgen de la Esperanza

Los logroñeses abarrotaron ayer la iglesia de Santiago para homenajear a la patrona de la ciudad en su día grande. El tiempo, tradicionalmente lluvioso en estas fechas, también estuvo de su lado. La niebla se disipó y dio paso a un día soleado, con temperaturas próximas a los 15 grados al mediodía, momento en que la Corporación municipal, con todos los grupos municipales, iniciaban el recorrido hasta el templo, donde esperaba el obispo para oficiar la misa en la que ofreció una emotiva homilía de despedida.

Durante el recorrido, muchos logroñeses se fueron sumando a la comitiva, mientras otros hacían fotos o asistían sorprendidos a su paso en un día no festivo en el calendario. «¿Qué día es hoy?», «¡Ah, sí, es verdad, la patrona!». Y al poco otra vez la misma pregunta a la altura de La Redonda. «¿La virgen de La Esperanza? ¡Claro, la patrona de los músicos!». La tradición se remonta a 1521, pero La Esperanza sigue siendo la patrona discreta, a veces desconocida para los de aquí, aunque con devotos muy fieles. La convocatoria en la iglesia de Santiago no pudo tener mejor acogida. Allí, una multitud acudió a la celebración religiosa oficiada por última vez por el obispo, que dos días antes de su nuevo reto, el Arzobispado de Barcelona, quiso convertir su intervención en una sentida despedida en la que confesó que se va dejando la mitad de su corazón. En las primeras filas se encontraban el presidente de La Rioja, el delegado del Gobierno, la presidenta del Parlamento, los vendimiadores y la Corporación, con la alcaldesa a la cabeza, quien intervino para agradecer al obispo, «un hombre alegre y misericordioso», el tiempo compartido con los riojanos, «unos años en los que se ha acercado a los necesitados haciendo Iglesia en la región».

Gamarra pidió a la patrona que vele por la «integridad moral» de los miembros de la Corporación municipal, «haciéndonos ser equilibrados, honestos, justos y, ante todo, defensores de lo correcto», al tiempo que pidió una oración por las víctimas de la violencia doméstica, los niños que viven en situaciones desfavorables, los refugiados sirios y los dos policías muertos.

Con el corazón partido

El obispo agradeció sus palabras y, en referencia a los sacerdotes, los sucesivos gobiernos y a los ciudadanos en general, afirmó que se ha sentido «gozosamente pastor, aunque también es que he tenido un buen rebaño». Omella se sintió satisfecho de haber ejercido su ministerio en una región de gente muy activa y muy implicada. «¡Sois maravillosos!», exclamó para, a continuación, pedir perdón por la poca atención que, a veces, ha podido prestar. «Tengo muchas cosas en la cabeza y, sí, como maño, soy cabezón, pero los riojanos no os quedáis atrás…, pero esto es bueno. Una cierta tenacidad y cabezonería es una virtud», señaló antes de su marcha a Barcelona, donde aplicará el consejo que le ha dado el Papa: «Quiérelos y sé un buen pastor».

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