Las facturas de Dios

Ahora que sabemos que Dios no creó nuestro mundo, según dice el científico Stephen Hawking en su último libro, ya podemos romper los pagarés que teníamos con él. Si Dios no movió un dedo para que seamos lo que somos, entonces sus agentes comerciales en la tierra no tendrían por qué seguir cobrando del Estado. No les deberíamos nada. La Conferencia Episcopal dejaría de ser la franquicia del creador.

Entonces, quizás habría que abolir el domingo como único día de descanso. También de paso se podría tirar el sentimiento de culpa a la basura, y el del esfuerzo hoy para disfrutar mañana. Mejor disfrutar hoy por si mañana no llegara.

Parece que los ríos y los mares no son cosa de Dios, según la física, así que ya no hay por qué abonar a cada rato la factura de la malévola Eva y el pelele Adán. Debemos nuestra existencia a un hecho violento, una explosión, y no a la caridad de ningún padre. Ahora habrá que rezarle al Big Bang.

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