Las Escuelas Ferreristas

Texto escrito por el anarquista zamorano fallecido, José López. Artículo publicado en el periódico cnt 315 (agosto-septiembre de 2005), tomando un texto original de José López (original del periódico zamorano La Voz del Trabajo)

INTRODUCCIÓN

Parece ser que la historia gusta de repetirse una y otra vez. Dicen que la testarudez del hombre es grande, pues no se limita a tropezar en una ocasión con la piedra, sino que vuelve a encontrarse de nuevo, y en varias ocasiones con el molesto canto.

Los socialistas, y demás partidarios de la “izquierda reconocida”, han redescubierto el “chollo de la enseñanza laica”, y con un renovado discurso tolerante y democrático, han comenzado una tímida cruzada para eliminar, parcialmente, la oferta obligatoria de la enseñanza confesional de la religión en los centros educativos; mínima en consecuencias, pues la asignatura de religión sigue y seguirá en todos los colegios e institutos a elección de
ser cursada o no por el alumno, pero bastante amplia en difusión publicitaria pues páginas y páginas, minutos y minutos se han rellenado con la genuina promesa gubernamental.

Los mass media, nos empezaron a hacer creer en ser esto el inicio “de la separación de la iglesia del Estado”, como si con cemento estuvieran pegados…

El gobierno socialista, por su parte justifica esto como “una necesidad
democrática, constitucional y respetuosa con el conjunto de los ciudadanos y de sus confesiones religiosas”; en fin, lo de siempre pero con distintos amos.

Mi interés por informarme sobre los sucesos ocurridos anteriormente (dícese, por los temas históricos), aún a riesgo de no ser reconocidos o más bien no rememorados por la historiografía oficial, me llevó casualmente a dar con un artículo de opinión, aparecido en un periódico obrerista zamorano de los años 30, firmado por un personaje, hasta entonces totalmente desconocido para mi, llamado José López Marcos, del pueblo zamorano de Muelas del Pan.

En su redacción José López Marcos, realiza una contundente defensa por el sistema de enseñanza de la Escuela Moderna ideado por el pedagogo libertario Francisco Ferrer y Guardia, de los beneficios y progresos instructivos del sistema racionalista y “de la sociedad razonable del porvenir”; y curiosamente, hace ya más de 70 años, advierte de los peligros,
tergiversaciones e intereses políticos creados en torno a la consolidación de la “enseñanza laica”.

La lectura y reflexión sobre el citado artículo, me parecen muy apropiadas a día de hoy, pues a mi juicio no han perdido ni un ápice de actualidad e interés.

Sin más, a manera de sencillo homenaje, a un libre pensador de mi tierra obligado al olvido, os dejo con el artículo, juzguéis vosotros que mis comentarios bastan.

Carlos

LAS ESCUELAS FERRERISTAS

Así han denominado a última hora, tal vez con intento despectivo las escuelas de la iniciativa de Ferrer.

Si la denominación se propaga como es fácil, dada la rutina personalista dominante, nada se habrá perdido; se recargará en el diccionario enciclopédico la definición de la palabra escuela con esta nueva acepción, sobre las siete u ocho que ya tiene: “ferrerista”, la adaptada al método de La Escuela Moderna, fundada por Francisco Ferrer y Guardia, fusilado en los fosos de Montjüich el 13 de octubre de 1909, por su amor a la educación y a la enseñanza racional del pueblo”.

En cambio se habrá ganado la ventaja de establecer una diferencia clara y positiva entre la escuela laica y la escuela racionalista.

Diferenciación necesaria y urgente, porque la araña política tan semejante a la araña religiosa en el arte de tender sus redes para cazar crédulos, unos en la eficacia del voto, otros en la eficacia de la oración quieren usurpar el prestigio francamente progresivo de la Escuela Moderna confundiéndola con el laicismo.

El adjetivo laico aplicado a la escuela tiene razón de ser en Francia, de donde procede con esa significación, y en donde no sólo la enseñanza habría sido religiosa, sino que religioso habría sido el profesorado; compuesto en su mayor parte por esos hermanucos de la doctrina cristiana, que solían verse por ahí con sotana y sombrero de tres candiles.

La República francesa se sacudió de esa lepra, y al adoptar la enseñanza obligatoria, encargó de ella al profesorado civil. Por tanto, cívica y no laica debería llamarse esa clase de enseñanza.

Cívica es además esa enseñanza en atención a su objetivo puesto
que hija del Estado a imponer sumisión, al legalismo se dirige, en oposición a la enseñanza religiosa, y de la Iglesia que solo se propone la sumisión al dogma.

El carácter democrático y hasta revolucionario que se atribuye a la enseñanza laica, se funda en que: si es algo, ha de ser anticlerical, y así han hablado de ella en España los republicanos; pero téngase en cuenta que aquí la escuela aunque sea religiosa en su esencia es y ha sido laica, porque los maestros en general no eran clérigos ni hermanucos, sino funcionarios civiles y en tal concepto hasta los clericales podrían aceptar la “escuela laica” con mas razón que la que ellos llaman “escuela libre”.

La educación e instrucción de la infancia, en la sociedad razonable del porvenir, no se hará a la sombra de dominación alguna, porque no habrá de ser sectaria ni revolucionaria; cumplirá sencillamente una función social.

Como dijo Bakunin con perfecta precisión: la enseñanza de la Iglesia trata de hacer del hombre un santo; la enseñanza del estado, un ciudadano; ambas pretenden amoldar al hombre a la ciencia y a la obediencia.

La Escuela Moderna, las escuelas racionalistas, o si se quiere “ferreristas”, que siguen aquella gloriosa iniciativa, quieren que niños y niñas lleguen a ser mujeres y hombres en pleno desarrollo natural e intelectual que la naturaleza y el progreso reclaman.

Véase ahora la diferencia entre la escuela religiosa, la escuela laica y la racionalista: la primera tiene por base, a la vez que por objetivo, la religión; la segunda la democracia; la tercera, el hombre y la humanidad.

La escuela tradicional y la religiosa enseña al niño la fe en la revelación, la creencia en el misterio y en el milagro, y la obediencia a los superiores.

La escuela laica y democrática le enseña las lecciones constitucionales, la historia patriótica y le dispone para el cuartel, el comicio y la fábrica, si es pobre; y para vivir a sus anchas si como industrial, rentista o propietario, pertenece a la categoría de los usurpadores de la riqueza social, a la que provee el Estado democratizado de representantes y mandarines.

La escuela racionalista o “ferrerista”, esencial y absolutamente opuesta a las anteriores, nos enseña, educa y prepara a la infancia de ambos sexos, por el conocimiento de las cosas y el ejercicio de la razón, a la vida humanamente social y a la perfecta solidaridad humana.

Los que gritan ¡viva la escuela religiosa!, llegan a canónigos, obispos o alcanzan prebendas, gangas y pueden morir en olor de santidad.

Los que gritan ¡viva la escuela laica!, si tienen palabra fácil y poca aprensión, pueden ser diputados, gobernantes o ministros con casaca al revés o al derecho lo mismo da.

Gritando ¡viva la Escuela Moderna!, se muere acribillado a balazos en el foso de un castillo maldito.

José López Marcos. Muelas del Pan, septiembre de1933.
( Artículo original publicado en “La voz del trabajo”, de 24 de septiembre de 1933).

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