Las diputadas turcas ya pueden llevar pantalón

Poco a poco, las mujeres turcas acceden a los escaños del Parlamento. Tras las elecciones de junio son 78 en los 550 escaños de la Asamblea, el mayor número en la historia de la República. Y en menos de una semana ya han empezado a cambiar las cosas, comenzando por ellas mismas. Hasta la semana pasada, la normativa del Parlamento contemplaba al detalle su vestimenta: chaqueta, camisa y falda hasta la rodilla. Nunca pantalón. ¿Puede una diputada llevar esta prenda en el hemiciclo? Esta pregunta fue, junto a la incursión en las montañas de Irán, los dos temas con los que se abrió el otoño político turco.

La propuesta la lanzaron dos diputadas del AKP, partido conservador que gobierna Turquía. Pero la protagonista, la cara visible del asunto, se encontraba en las filas del partido socialdemócrata CHP. Su nombre es Safak Pavey, una joven política de 33 años que camina con una pierna ortopédica tras caer en las vías del tren de Zurich (Suiza), hace 14 años. Su paseo hasta el escaño durante la jura de la Constitución, dejó claro que el decoro de la Asamblea podía, en este caso, verse perjudicado por su falda. Puestos a aceptar cambios, sus señorías creyeron tambien conveniente remplazar el término “señoras” por el más moderno “mujeres”.

Las normas del Parlamento están codificadas de acuerdo a la idea que el fundador de la República, Mustafa Kemal Atarturk, tenía de un país moderno. Por eso la vestimenta -a la europea- con traje de chaqueta, es una de las obligaciones de los representantes públicos. El velo, por supuesto, está vetado y las mujeres deben ir con la cabeza descubierta en todas las instituciones públicas.

La entrada de las mujeres en política fue otro de los grandes avances de Ataturk. A partir de 1934 se les permitió votar y acceder a cargos públicos. En 1935, 18 mujeres ocuparon por primera vez un escaño en el hemiciclo. El prometedor arranque, sin embargo, no siguió su ritmo. Siete décadas después, el porcentaje de mujeres en el Parlamento es del 14,2 %, todavía por debajo del 20 % que los organismos internacionales exigen al país.

“Las mujeres turcas llevan años usando pantalones y faldas cortas en el ámbito privado. El código de vestimenta en el Parlamento es una muestra de que el machismo impera todavía en la función pública” explica la política conservadora Melmet Güler. Para muchas asociaciones de mujeres, este año político, en el que se pretende cambiar la actual Constitución del país, es una oportunidad de oro para que sus representantes lleven los valores femeninos a la política. “La iniciativa femenina por los pantalones” aseguran, “es tan solo un ejemplo de que con nosotras el acuerdo entre gobierno y oposición es más sencillo”.

Gracias a tres mujeres, anteayer las diputadas pudieron elegir libremente su vestimenta. Puede que en unos años veamos alguna acceder al hemiciclo con velo. O incluso a sus señorías escuchando un discurso en kurdo. Los tiempos cambian, también en Turquía. A pesar, de que la foto de Ataturk todavía vigila a los turcos desde todas las esquinas del país, muchos comienzan a aceptar que algunos de sus principios pueden estar algo desfasados.

Safak Pavey diputada turca

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