Las derechas y el catolicismo español. Del integrismo al socialcristianismo

RESUMEN

Tras una referencia relativamente extensa a la tensión histórica entre integrismo y accidentalismo en el catolicismo político, desde León XIII a Pío XI, con especial referencia al caso español, se presenta un cuadro de la relación del catolicismo social y político español con el régimen de Franco; con especial atención a las razones de la quiebra de su relación con el integrismo y el conservadurismo político en los años 60 y 70. Se termina con una breve reflexión sobre la supuesta «involución» de la Iglesia y del catolicismo español, tras la contribución a la transición democrática y la consolidación del Estado aconfesional.

ÍNDICE
1. La iglesia versus la secularización. entre el integrismo y el posibilismo.
2. Del catolicismo social antiliberal a la democracia cristiana.
3. El peso dela tradición integrista en el catolicismo político español:
3.1. Durante el primer franquismo.
3.2. El franquismo medio, 1957-67. Del catolicismo social al socialcristianismo.
4. ¿Por qué fue tan fugaz el momento y la oportunidad de la democracia cristiana en España?:
4.1. Hacia la transición. El taranconismo y el cristianismo de izquierdas.
4.2. ¿Giro involucionista? 1982-1996.
5. Conclusión. Del integrismo al socialcristianismo.
6. Bibliografía citada.

Feliciano Montero

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5. Conclusión. Del integrismo al socialcristianismo

el análisis de la relación de la Iglesia y del catolicismo español con las derechas en el tiempo del franquismo revela un progresivo y radical desplaza miento desde la inicial posición integrista hacia el cristiano-socialismo o cristianismo de izquierdas, pasando por un tiempo posibilista y una fugaz oportunidad para la democracia cristiana. La conciencia social y el compromiso temporal subsiguiente, en los medios obreros católicos ya desde mediados de los cincuenta, contagió a otros sectores del catolicismo en los años 60. pero la conversión social no abocó apenas, lo que hubiera sido su camino natural, a la maduración de una democracia cristiana, sino que el efecto conjugado del encuentro doctrinal y práctico con el marxismo, junto al diálogo con los no creyentes, propiciado por el Vaticano II, llevó por primera vez en el catolicismo español al surgimiento de un cristianismo de izquierdas (la emergencia de una cultura política cristiana de izquierdas). ese cristianismo de izquierdas, aparte de abortar la consolidación de una democracia cristiana emergente, provocó en los últimos años del franquismo una reacción integrista, Fuerza nueva y Blas piñar, que recuperaba la «tesis» integrista de El siglo Futuro. pero se trataba de una fuerza relativamente minoritaria y, sobre todo, marginal respecto de las posiciones defendidas en ese momento del tardofranquismo por la jerarquía eclesiástica. Ésta, liderada por el cardenal tarancón, adoptó en esa década bisagra de la transición (1972-1982) una posición intermedia, de arbitraje, descalificatoria del integrismo y del cristiano-marxismo, pero tolerante «de facto» con el voto y la militancia católica de izquierdas. Llamativa es la debilidad de la democracia cristiana y su fracaso como opción política en las elecciones de 1977. No sólo, aunque también, por la falta de apoyo de la Jerarquía eclesiástica, sino, sobre todo, por la debilidad de esa tradición, y por el cambio de coyuntura eclesial que significó el Vaticano II y la conversión al marxismo.

Consolidada la transición y bajo la orientación del nuevo pontificado de Juan Pablo II en el sentido de recuperar la identidad católica y proyectar una «nueva evangelización», la Jerarquía eclesiástica evolucionó progresivamente, especialmente a partir de 1984-85 (ya en confrontación con gobiernos socialistas), en la misma dirección, buscando ubicarse en el nuevo estado aconfesional sin perder sus presencias institucionales, en especial en el campo educativo. en esa tarea ha ido encontrando la colaboración de un nuevo catolicismo político de centro-derecha, alimentado por nuevos movimientos católicos confesionales que cuestionan y critican abiertamente el tiempo del catolicismo progresista.

¿Significa esto una vuelta de la tradición integrista? creo que es una apreciación exagerada que no se corresponde con una realidad histórica profunda e irreversiblemente alterada por el Vaticano II y por el nuevo estado aconfesional pactado en la transición. Se discute en el seno de la Iglesia y del catolicismo español sobre el alcance y significado del Vaticano II, y algunas posiciones revelan una alteración sustancial de su espíritu, pero los textos y declaraciones conciliares como el decreto sobre «libertad religiosa» o sobre el diálogo de la Iglesia con el mundo moderno siguen vigentes. por otra parte, el pacto constituyente de 1978 sobre la laicidad del Estado, aun reconociendo la mayoría social católica, no deja lugar a ninguna vuelta a la «tesis» integrista; lo que los sectores eclesiales más conservadores buscan es conservar o recuperar espacios de influencia y presencia institucional en la línea más bien de lo que planteaba León XIII a finales del siglo XIX y los católicos españoles apenas comprendían entonces.

Feliciano Montero

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