Las ceremonias civiles ganan terreno a las religiosas en Galicia

Las ceremonias civiles están de moda en toda España y Galicia no podía ser una excepción. Por el momento, estos festejos no alcanzan un número significativo en tierras gallegas, pero el panorama empieza a cambiar. La Iglesia católica pierde fuerza a pasos agigantados en un terreno en el que, hasta hace poco, reinaba en exclusiva. La veda la abrieron las bodas civiles, que ya superan a las religiosas en la comunidad, y detrás fueron bautizos, funerales, renovaciones de votos e incluso comuniones. Y es que las ansias de celebración poco tienen que ver con la creencias religiosas.

Entre estas nuevas ceremonias laicas destaca el bautizo civil. El primer consistorio gallego en institucionalizarlo fue el de Oleiros (A Coruña) en 2008. En aquel entonces, y entre una agria polémica, este Concello aprobó las normas que regirían las también conocidas como ceremonias de bienvenida a la comunidad. Una decisión que pretendía, según se defendía desde la corporación local, ''dar respuesta a la demanda de un sector de la población''. No tardaron en seguirle otros municipios, como Marín (Pontevedra) o Guitiriz (Lugo). En febrero de este año, dio el paso el Concello de Moaña (Pontevedra) ante la petición de un matrimonio de la localidad. Y es que la sociedad moañesa evoluciona. El alcade de esta localidad pontevedresa casó en 2009 a 29 parejas y otras 35 se registraron como parejas de hecho, una de ellas formada por mujeres.

En España, la primera ceremonia de este tipo se celebró en 2004 en el ayuntamiento de Igualada (Barcelona). Tres años después, el municipio madrileño de Rivas celebró su primer bautizo civil. La tercera en sumarse fue la localidad malagueña de Borges, que presume de ser la primera en celebrarlo con registro oficial.

El procedimiento es sencillo. Los padres y padrinos del niño lo presentan a la comunidad y asumen formalmente el compromiso de velar por su educación y defender los derechos infantiles proclamados por la Onu en 1959. Se trata de una herencia dejada por la Revolución Francesa como símbolo de la separación entre Iglesia y Estado.

Una vez el niño crezca también puede celebrar la llamada 'fiesta de la primavera', que conmemora ''el paso de la infancia a la pubertad'', según explica Concepción Conde, de las empresas viguesas de organización de ceremonias Civilium y Brunet i Conde. También hay quien llama a estas celebraciones laicas comuniones civiles, pero para Conde ''llamarlas así es una falta de respeto a la Iglesia''.

La huella de la inmigración
Por otro lado, la comunidad inmigrante tiene cada vez más peso en la sociedad gallega y ha traído consigo sus propias costumbres y tradiciones y, en algunos casos, incluso sus propias ceremonias civiles.

Así, por ejemplo, muchos de los argentinos y uruguayos residentes en la comunidad siguen celebrando el 'mis 15'. La empresa Compostelae Eventos se ha hecho cargo de alguna de estas celebraciones. Su responsable, Miryam Giménez, explica que ''es una puesta de largo, como un cumpleaños pero a lo grande''. Un referente en la tradición gallega podría ser el baile de debutantes celebrado anualmente en el Liceo Casino pontevedrés, en el que las jóvenes de la ciudad se presentan en sociedad.

Más bodas civiles que religiosas
El año pasado se casaron en Galicia 10.658 parejas. De éstas, algo más de 5.300, el 50,1%, optaron por hacerlo en ceremonias no religiosas. Son casi el doble que una década antes. En aquel entonces, a pesar de celebrarse 1.300 enlaces más, los civiles no llegaron a 2.800. Esto significa que, por primera vez, las bodas civiles han superado a las religiosas en Galicia

La tendencia es común a las cuatro provincias gallegas, aunque el ritmo de cambio es diferente. De hecho, en Lugo y Ourense las católicas aún son mayoría.

30 fueron los enlaces celebrados en 2009 en Galicia por otros ritos religiosos diferentes al católico, seis más que en 1999, lo que no supone ni un 0,3 % de total. En España, el incremento fue mayor, pasando de 565 bodas a 785.

Oportunidad de negocio
Las empresas gallegas de organización de eventos reciben con satisfacción esta nueva moda. Y es que las ceremonias civiles constituyen una interesante oportunidad de negocio pensando en un público objetivo, el laico, que hasta hace poco se escapaba de sus ofertas. Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer.

''La gente en Galicia sigue siendo muy tradicional, o bautiza o no'', señala entre risas la presidenta de la Asociación Gallega de Ceremonias, Nieves Viñas. Así, esta reputada profesional reconoce que aún no ha pasado ningún cliente por su negocio para un bautizo civil. De la misma opinión es Miryam Giménez, de Compostelae Eventos. ''Por aquí aún es algo muy raro'', asegura.

En cambio, Concepción Conde, responsable de las empresas viguesas Civilium y Brunet i Conde, ha organizado ya siete bautizos simbólicos, que son ''como uno católico, pero sin connotaciones religiosas''. ''Los bautizos civiles empiezan a despertar en Galicia'', explica, ''pero todavía no hay muchos porque Galicia aún es católica, apostólica y romana''. Aunque esta empresaria se muestra optimista. ''Van a crecer, porque la sociedad gallega es cada vez más laica'', sentencia.

En esta misma línea, Concepción Conde afirma que en Galicia empiezan también a celebrarse fiestas de la primavera e incluso funerales civiles. ''Estoy casada con un catalán y allá se ven mucho más este tipo de actos'', matiza. Y es que, tal y como defiende Conde, estas ceremonias más que una iniciativa ''son una respuesta a una creciente demanda social''. Se trata de facilitar una ceremonia laica para aquellos que no la quieren religiosa, pero que al mismo tiempo ''tampoco quieren renunciar a hacer una ceremonia emotiva, vistosa e incluso personalizada''.

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