Las CCP afligidas ante la visita del Papa

Las comunidades cristianas populares (CCP) a través de su coordinadora estatal, preocupadas y afligidas por los desproporcionados gastos, así como por el inadecuado espectáculo mediático que está suponiendo la visita de Benedicto XVI a Valencia, para la clausura del V Encuentro mundial de las Familias, se ven en la obligación de alzar su voz, en clave de corrección fraterna y en el ejercicio de la diversidad y pluralismo eclesial tan negado por la jerarquía católica. En base a ello manifestamos:

Los desmesurados gastos previstos, si como se espera están entre 40 y 60 millones de euros, son innecesarios por su derroche, ostentación y boato, inaceptables en una sociedad con grandes bolsas de empobrecidos e incompatibles a todas luces con el mensaje evangélico. Los más de 800.000 que costará el efímero altar de 2500 m2, con un microclima para mantener los 18º de temperatura, la torre vigía de 35 metros o el apartamento especialmente construido para el «vicario de cristo» son algunas pruebas palpables.

La ultragenerosa utilización de fondos públicos que están haciendo las tres administraciones valencianas, -tan rácanas cuando se trata de socorrer a quienes ocupan los últimos lugares de la escala social- así como, la escasa transparencia financiera, por más que se ha demandado desde diversos medios políticos, sociales y religiosos, son completamente inadmisibles en una sociedad democrática y dentro de un estado constitucionalmente laico.
La enorme parafernalia que se está moviendo, con su descarada utilización mediática y partidista, excede incluso la acogida a un anacrónico y plenipotenciario «jefe de Estado», el Vaticano que curiosamente nunca firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Ojalá pierda pronto la consideración de Estado.
La familia nos importa a todos y todas las familias importan. No se puede reclamar y mucho menos imponer, un único y tradicional modelo, cuando la realidad social incluye diversidad de familias que no pueden ser excluidas si -como la mayoría- están basadas en el amor, la entrega mútua y el respeto.
¿Por qué tanta hipocresía y castigo de la jerarquía hacia las familias homoparentales, casadas en segundas nupcias, formadas por sacerdotes secularizados, inmigrantes a los que se impide la reagrupación familiar ? ¿Acaso esas no son familias por la gracia de Dios? Qué poco bien hacen los discursos de nuestros Obispos por fomentar la convivencia social; antes, al contrario, la jerarquía está alentando un clima de confrontación total con su injerencia cotidiana en los asuntos políticos, tratando de imponer su discurso a toda la ciudadanía -creyente o no- con posiciones supuestamente doctrinales frente a la ley de matrimonios, investigación con células madre, prevención del Sida y uso del preservativo, aborto e igualdad de la mujer, derecho a una muerte digna o la religión en la escuela. Bien patente está siendo en este caso, la postura del arzobispado de Valencia siempre de la mano de las tres administraciones populares y con el mismo discurso.
Por todo ello, las CCP apoyamos -igual que han hecho nuestros hermanos de Valencia- la campaña Jo no t´espere promovida por una plataforma laica compuesta por más de 400 colectivos plurales en orientación religiosa, política o social, y con quienes compartimos su indignación por todo este montaje, por la malversación y derroche de fondos públicos a la vez que la misma utopía de que otro mundo, mucho más justo, es posible. Bien entendido que nuestro apoyo no implica nuestra oposición al viaje (tiene todo el derecho incluso desde un estado laico que respeta a todas las religiones), sino a la ostentosa forma de hacerlo; tampoco quiere expresar nuestro rechazo al Papa, aunque sí al que venga como un jefe de Estado; y por supuesto que tampoco implica nuestro rechazo a la familia, como ya ha quedado expresado más arriba, sino a la imposición de la concepción monolítica y trasnochada de la misma.
Desgraciadamente, con actitudes y hechos como este, es así como la Iglesia católica, de manos de su jerarquía, está perdiendo toda su credibilidad y no sólo entre la gente joven, que según la fundación Santa María cada día le da más la espalda, sino entre el conjunto de la sociedad española que ya la sitúa entre las instituciones menos valoradas del país.

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