Las barbas de Mickey y el niqab de Minnie

Una popular pareja de dibujos animados abrazada al islam más rigorista e intransigente. El Mickey barbudo y la Minnie con niqab -la prenda negra que cubre todo el cuerpo salvo los ojos- no han pasado desapercibidos en la red egipcia. El culpable de animar la ira de los islamistas es Naguib Sawiris, un magnate cristiano y un “egipcio libre” (como se denomina el partido político que abandera y que aún batalla parar lograr las firmas necesarias para ser legalizado).

Sawiris, cuyo nombre aparece desde 2006 en la lista Forbes de multimillonarios del planeta, dejó hace unos días en su Twitter un enlace a la nueva y recatada imagen del dúo más célebre de la factoría de Walt Disney. “Mickey y Minnie después…”, añadía el tuit. Un dardo envenado en un sociedad que, tras vencer al dictador, vive dividida la transición política. Pese a los intentos de establecer puentes y alianzas electorales, las formaciones islamistas y laicas defienden caminos a menudo incompatibles.

Los primeros se saben mejor organizados y se sienten respaldados por el referéndum que en marzo concedió una amplia mayoría a la hoja de ruta propuesta por los uniformados. Los segundos tratan de salvar sus diferencias internas y establecer a contrarreloj partidos y coaliciones con las que comparecer en los comicios legislativos de septiembre. No niegan que les preocupa que se configure una mayoría confesional en el parlamento que acabe redactando a su antojo la nueva constitución. Y de ahí su insistencia en rogar a la junta militar un retraso electoral, inaceptable para organizaciones como los Hermanos Musulmanes.

“Queremos motivar a la mayoría silenciosa, que jamás ha votado. Queremos animar a los cristianos que siempre han sido muy pasivos. Éste es su tiempo. Si no reaccionan ahora acabarán bajo un régimen religioso similar al iraní, donde nuestro estilo de vida será amenazado por completo”, decía recientemente Sawiris en una revista local. El empresario, propietario de la empresa de telefonía Orascom, aspira a ser un militante más de un formación liberal que, a dos meses de las elecciones, aún no es legal ni tiene elegidos a sus candidatos.

El humor de Sawiris dice lo que muchos callan. La minoría copta, que representa un 10 por ciento de la población, y los sectores más liberales y moderados temen que la revolución sea capitalizada por quienes defienden el islam como hoja de ruta. Imposible saber aún si el miedo que atenaza a algunos es pura invención o una realidad refrendada por las urnas. La presencia ruidosa de los salafistas, una corriente ultraconservadora del islam suní importada de los países del Golfo, podría quedar en un rumor cuando se escuche el veredicto popular.

En internet, un medio relativamente minoritario en un país de 85 millones de almas con una elevada tasa de analfabetos, el montaje de Sawiris no ha hecho gracia. El magnate ha sido acusado de mofarse de la religión de Mahoma y algunos incluso han llamado a boicotear a su empresa, líder en el mercado de telefonía móvil en Egipto. “Si realmente eres musulmán, boicotea sus servicios…”, reclaman en páginas de Facebook.

Además, un grupo de 15 abogados ha presentado una denuncia ante la Fiscalía contra Sawiris por difamar y ridiculizar el credo islámico a través de la indumentaria que llevan algunos de sus fieles. Abrumado por el vendaval, no ha tenido más remedio que pedir disculpas: “Pido perdón a quien no lo haya tomado como una broma. Solo pensé que era una imagen divertida y que no faltaba el respeto”.

“¿Por qué no muestra a Mickey y Minnie como un monje y una monja?”, se pregunta un clérigo salafista. Ocurrencia frívola en un período delicado e incierto o aldabonazo necesario para romper el silencio. En cualquier caso, el sentido del humor de este bon vivant, icono de una minoría económica y religiosa, no ayuda a anular el sambenito de inspirar un partido irreconocible en el ADN de millones de compatriotas.

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