Las Adoratrices, colaboradoras del franquismo, premiadas por defender los DDHH

La vida tiene caminos de ida y vuelta que nos llevan a conocer situaciones que no dejan de ser paradójicas. Un ejemplo lo hemos tenido con la entrega del Premio de Derechos Humanos Rey de España, que ya sólo el nombre da para un par de folios. El premio, concedido por la oficina de la Defensora del Pueblo y la Universidad de Alcalá de Henares, ha significado a asociaciones de defensa de los derechos de las personas de América Latina pero, sobre todo, reconoce a entidades prestadoras de servicios de atención a la infancia y a las personas más desfavorecidas. Otra característica que destaca es que en muchas ocasiones tienen una relación directa con la iglesia católica. El premio de esta V edición fue entregado por Felipe VI, el pasado 13 de abril, a las monjas Adoratrices -Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad-.

Y por qué hablar aquí de las Adoratrices, se preguntará alguien. Pues porque esta congregación lleva años cuestionada por el papel que jugaron dentro del Patronato de Protección a la Mujer, un nefasto organismo creado en 1902 bajo la denominación Patronato Real para la Represión de la Trata de Blancas y que disuelto durante los años de la II República, fue retomado por el franquismo en 1941, presidido por Carmen Polo, y a partir de 1942 se convirtió en una herramienta más al servicio de la dictadura para el sometimiento de las mujeres, de las mujeres más jóvenes, a cuenta de una supuesta desviación moral que el propio Patronato decidía. Sin eufemismos, constituyó una red de centros de tipo carcelario, donde Adoratrices, Oblatas, Capuchinas, Orden del Buen Pastor o Cruzadas Evangélicas, entre otras, dirigían supuestos conventos, sanatorios o colegios en los que muchachas mayores de 16 años, a veces entregadas por la propia familia, a veces ‘caídas’ o ‘en riesgo de caer’, vivían privadas de libertad, trabajando gratis y, en el mejor de los casos, recibiendo alguna formación para cuando salieran tras cumplir la mayoría de edad establecida por el propio Patronato, que era a los 25 años, aunque la mayoría de edad legal fuera a los 21.

En aquella época, desaparecida de los archivos, las causas por las que encerraba a las mujeres en estos centros estaba en un embarazo, y había centros específicos para ellas, o en la prostitución. Pero también las había entregadas por sus padres para que se corrigieran, entre otras Consuelo García del Cid que en 1974, tras acudir a una manifestación en defensa de Salvador Puig Antich fue enviada por padres a Madrid y estuvo dos años en el convento de las Adoratrices de la calle Padre Damián. Allí, según cuenta en su libro “Desterradas hijas de Eva”, se impartían cursos de auxiliar de clínica dirigidos exclusivamente a las que estaban en régimen de pago (sus padres pagaban por su estancia regeneradora). La sorpresa es que los cursos los impartía el doctor Vela, muy conocido hoy por la causa de los ‘bebés robados’.

El caso de los reformatorios dirigidos por religiosas no es exclusivo de España. De la actividad de ‘reeducación’ que hicieron las monjas irlandesas tenemos conocimiento gracias a la película “Las hermanas de María Magdalena” (ver vídeo, abajo), y de sus homólogas francesas en la menos conocida “Almas perdidas”. En ambas se retrata con claridad el sistema de opresión, despotismo y violencia con el que eran tratadas las chicas, que en ocasiones llevaban a la muerte ‘accidental’ y a los suicidios, lo mismo que se relata en Madres Olvidadas, una web creada por mujeres que estuvieron en los centros del Patronato de Protección a la Mujer, no suprimido hasta 1984.

Las Adoratrices, como las Trinitarias o las Cruzadas Evangélicas, que ya entonces se presentaban como cobijo y corrección para las mujeres traficadas,  o las jóvenes madres solteras, siguen a estas alturas del siglo XXI, dedicadas a estas faenas a través de sus  fundaciones, y prestando servicios subvencionados por gobiernos locales (Gijón) y autonómicos (Madrid, Baleares), entre otros. Es decir, lo mismo que hacían cuando estaban en la red del Patronato, aunque si les han dado un premio de Derechos Humanos, así, con mayúsculas y todo, entendemos que las formas han cambiado, a pesar de no haberse pronunciado nunca sobre la prostitución que es la causa de la trata, porque las trafican para prostituirlas. Por tanto, la prostitución respetuosa con los Derechos Humanos no es, por mucho que la quieran legalizar Albert Rivera y Esperanza Aguirre.

No obstante, sin perdón ni intención de reparación a las víctimas, un premio de estas características es un poco exagerado y marca la falta de pudor que estamos alcanzando en este país aconfesional…

El rey Felipe VI y la Defensora del Pueblo, Soledad Becerril, aplauden a la superiora general de las Adoratrices, Teresa Valenzuela, tras la entrega del premio, el pasado día 13, en la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid)

El rey Felipe VI y la Defensora del Pueblo, Soledad Becerril, aplauden a la superiora general de las Adoratrices, Teresa Valenzuela, tras la entrega del premio, el pasado día 13, en la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid)

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