Las acusaciones de antisemitismo a Jeremy Corbyn tienen un objetivo: Impedir que llegue al poder

La hostilidad de la comunidad judía británica hacia el Partido Laborista lleva años cociéndose, aunque sean los conservadores de Boris Johnson quienes se han mostrado descaradamente contrarios a las minorías.

La supuesta crisis antisemita que ha afectado al laborismo británico desde que Jeremy Corbyn se convirtió en su líder ha vuelto a ocupar los titulares de prensa.

En esta ocasión ni siquiera se ha intentado ocultar el hecho de que las acusaciones se centran en el “peligro” de que Corbyn pueda hacerse con el poder en las elecciones generales que tendrán lugar en menos de un mes.

Esta semana, el Gran Rabino británico Ephraim Mirvis se ha sumado en el Times a las voces que afirman que el líder de la oposición es “inadecuado para el cargo”. Es la primera vez que un gran rabino intenta interferir en el resultado de unas elecciones generales. Tildándolo de “mentiroso” y advirtiendo de que su elección serviría para comprobar la “brújula moral” del país, instaba a los electores a “votar en conciencia”.

Sus declaraciones fueron posteriores a una carta enviada al Guardian firmada por un puñado de figuras públicas –incluyendo a John Le Carre, Fay Weldon, Simon Callow y Joanna Lumley– en la que se pedía a los votantes su rechazo al laborismo el 12 de diciembre: “La próxima elección es trascendental para cualquier votante, pero para los judíos británicos es especialmente angustiosa, pues supone la posibilidad de elegir un primer ministro impregnado de antisemitismo”.

Pedían a los votantes que escucharan a la comunidad judía y otorgaban a esa petición más importancia que al hecho de que los conservadores tuvieran la oportunidad de continuar con sus políticas de austeridad y seguir adelante con el Brexit duro, para añadir: “Si hacemos oídos sordos a las preocupaciones de esta comunidad, ¿cuál será la siguiente a la que ignoremos?”.

Estas observaciones van en la línea de las emitidas por Jonathan Romain, otro importante rabino de la comunidad de Maidenhead, el distrito de la recién dimitida líder conservadora Theresa May. En las páginas del Daily Mail este mismo mes, Romain suplicaba a los votantes judíos que escogieran a cualquier candidato menos al laborista porque Corbyn “es toda una amenaza para los judíos británicos”.

Como muchos otros que repiten esta misma acusación, Romain dejaba a sus lectores la tarea de deducir en qué consistía tal “amenaza”. Pero, para ayudarles, hacía continuas referencias a la lucha contra Hitler y el nazismo y al Kindertransport que salvó miles de vidas de niños judíos de los campos de exterminio trayéndolos a Gran Bretaña.

Mientras tanto, el editor del Jewish Chronicle, Stephen Pollard, que ha dedicado la mayor parte de su trayectoria profesional a trabajar en la prensa amarilla de derechas, utilizaba la portada de su tabloide para advertir a sus lectores, una vez más, de la amenaza que suponía Corbyn. Citaba para ello una encuesta del mes pasado según la cual el 87 por ciento de los judíos británicos creían que Corbyn era antisemita. El 47 por ciento de los encuestados afirmaban que “considerarían seriamente” emigrar si fuera elegido primer ministro.