Laicos y ultras compiten por la alcaldía de Jerusalén

La ciudad santa elige hoy a su nuevo alcalde entre cuatro candidatos judíos: tres laicos y un ultraortodoxo. Los votantes deciden si quieren que el poder siga en manos de los fundamentalistas religiosos o retorne a los laicos. Pero gane quien gane, se enfrenta a una misión titánica: devolver el atractivo a Jerusalén para que cese el éxodo de los jóvenes y de los trabajadores cualificados.
La coyuntura es crítica. "Durante años, el Estado ha desatendido la ciudad. Hoy vive su peor decadencia y atrofia desde los tiempos otomanos", escribía ayer en Haaretz el historiador israelí Tom Segev. Esta regresión se aprecia en la extendida miseria: un tercio de sus 750.000 habitantes son pobres. Pero hay otros factores que hacen de la capital disputada por israelís y palestinos la ciudad menos atractiva para vivir de Israel, según un barómetro reciente: hay poco trabajo; la vivienda es escasa y muy cara; el tráfico, insoportable; los servicios de limpieza, un desastre; y la oferta de ocio, pírrica.

RADICALIZACIÓN
Además, la ciudad, inmersa en disputas políticas y tensiones raciales, se está tornando ultraconservadora a marchas forzadas. Los religiosos judíos representan ya el 27% y, desde hace cinco años, controlan el Ayuntamiento en la figura del alcalde, Uri Lupolianski.
Estos factores han provocado que, en los últimos seis años, 30.000 personas hayan abandonado la ciudad, la mayoría parejas jóvenes, un fenómeno que aterra a los políticos sionistas, que ven como los palestinos ganan terreno demográficamente. Hoy son ya el 34% y, a pesar de que sufren una discriminación flagrante, no se espera que sean decisivos en estas elecciones. Siguiendo con la tradición, sus líderes les han pedido que boicoteen los comicios para no legitimar la ocupación israelí de Jerusalén Este.

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