Laicos y religiosos ya ofician misa en 70 parroquias por falta de sacerdotes

La Iglesia recurre a 25 católicos para solucionar la celebración dominical de pueblos de Almanza, Babia, Los Oteros, Valderaduey, Gordaliza, Laguna, Curueño y Porma

El fuerte descenso de la vocaciones religiosas y el envejecimiento de las plantillas sacerdotales ha cambiado el calendario tradicional de las misas dominicales. Según reconoce el Obispado, las circunstancias dificultan el poder convocar las celebraciones todos los domingos en algunos pueblos de la provincia.

A veces, es por el elevado número de localidades que debe atender un mismo sacerdote, hasta veinte, y otras, por la edad del cura, que desaconseja que realice largos itinerarios para llegar hasta pueblos remotos. Sin embargo, la Iglesia ha encontrado una solución para no perder el vínculo eucarístico cada fin de semana, gracias a la colaboración de laicos y religiosos.

En ausencia de presbítero, el obispo puede conceder autorizaciones a personas «con pasado católico» para que moderen las ceremonias, puedan impartir la comunión ya consagrada y predicar.

En la práctica, ese acto sirve de misa para los vecinos, pero técnicamente se conoce como la «Liturgia de la palabra», que ya llega a setenta parroquias leonesas de la zona de Babia, Almanza, Valderaduey, Gordaliza del Pino, Los Oteros, Laguna de Negrillos, bajo Curueño y Porma, por la intervención de 25 hombres y mujeres, según confirmó el secretario del Obispado, Antonio Trobajo.

«No es como una tómbola. Esas personas reciben una preparación y un mandato del obispo para acudir a las parroquias y suelen estar coordinados por el cura de la zona o, en su ausencia, por el vicario, ya que se necesita una integridad, una seriedad y un pasado católico», explica. También reconoce que la Iglesia intenta cambiar la tendencia de que sólo se ordene un sacerdote al año frente a los diez que se jubilan. Un dato que «parece alarmante, pero no lo es tanto porque en los pueblos está pasando lo mismo, la población va envejeciendo y como casi no hay nacimientos, esas localidades se quedan sin vecinos, sobre todo, en invierno», indica.

En León, las primeras celebraciones sin sacerdotes se realizaron en los años noventa, al igual que en otros puntos de España con una geografía complicada y mucha dispersión de pueblos como Teruel, Huesca, Orense, Palencia o Zamora. La experiencia está siendo «buena».

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