Laicos y guadalupanos

Simbiosis es muy difícil de entender, pero más de explicar

Uno de los rasgos de la personalidad más profunda del mexicano es ser absolutamente laicos, pero profundamente guadalupanos. Esta simbiosis es muy difícil de entender, pero más de explicar.

Durante décadas, unas con mayor beligerancia, Estado e Iglesia mantuvieron un espacio claro y perfectamente determinado de su respectivo ámbito de acción. Se notaba, claramente, la línea divisoria, y uno y otra practicaban, sin problemas de ningún tipo, el "atrás de la raya, que estoy trabajando".

Sin embargo, hubo gobiernos que se sintieron "presionados" más por cuestiones de geopolítica que de fe, y decidieron enviar mensajes contradictorios a las autoridades del Estado vaticano. Se volvió política y electoralmente rentable ser laico, pero ir a misa o cobijarse en el carisma y liderazgo del Papa.

El gobierno de Carlos Salinas de Gortari rompió el cascarón y promovió reformas que, más que aclarar, complicaron y confundieron el papel de la Iglesia católica en la vida civil. Les abrió las calles intentando mantener cerrada o acotada la participación de los representantes religiosos en la vida pública.

Los funcionarios públicos, representantes del Estado, mantuvieron el cuidado de tener actos públicos de su íntima fe. Los sacerdotes o prelados de la iglesia católica, fundamentalmente, cumplían lo propio en su lado. Hoy, ese esquema no existe más.

Políticos y gobernantes mezclan la práctica de su fe y hábitos religiosos con eventos políticos. Y, viceversa, la jerarquía católica, abiertamente, sin sigilo o recato, hace trabajo político público. Es en este tenor como se efectuarán, a partir de hoy, las comparecencias, ante el Episcopado Mexicano, de los cuatro principales candidatos a la Presidencia de la República: Josefina Vázquez Mota, del PAN: Andrés Manuel López Obrador, del PRD; Enrique Peña Nieto, del PRI, y Gabriel Quadri, del Panal, quienes expondrán su programa y serán interrogados acerca de los temas que incumben a la práctica de la fe.

Los religiosos y prelados se mezclan, pues, en los asuntos del gobierno y se olvidan de la recomendación de dejar al César lo que es de él.

Los gobernantes aceptan, por su lado, la influencia electoral de la Iglesia y se prestan a ser examinados con el único objetivo de conseguir su aprobación y, con ello, su respaldo. Es decir, ambos abonan lo que se pretendiera precisar: El ámbito de actuación de cada agente.

La jerarquía católica mexicana tendrá sendos encuentros con los aspirantes en la Casa Guadalupe, de Cuautitlán Izcalli, en el Estado de México; escucharán propuestas, compromisos, para capitalizar el apoyo de los obispos. El programa de la 94 Asamblea Plenaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), la cual está formada por más de 100 obispos de todo el país, precisa un formato similar al de hace 6 años; será de 90 minutos para cada uno.

Josefina Vázquez Mota, de Acción Nacional, será quien inicie, este día, la pasarela. El miércoles lo hará López Obrador, cuyo nuevo discurso de amor es el centro de la filosofía cristiana; el jueves, Peña Nieto, y el viernes, el candidato Quadri, quien es el único que no se ha reunido nunca con los obispos.

Para los involucrados, obispos o candidatos, el peso electoral es predominante, aunque se atropellen leyes, costumbres, historia y mutuas promesas de mantener para el César lo que es del César, y para Dios lo que es de Dios. Lo importante se traducirá en las encuestas, y la iglesia, en la política, hará su trabajo y cumplirá sus compromisos. Dominará, en ambas partes, lo eminentemente humano.

Los religiosos y prelados se mezclan, pues, en los asuntos del gobierno y se olvidan de la recomendación de dejar al César lo que es de él

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