Laicos, gratuitos y obligatorios

Esta frase, que como siempre le pido permiso a mi amigo Fernando, para utilizarla, nos definió durante muchísimos años.

         Incluso quienes fuimos educados en colegios privados, que incluso tenían alguna religión que los caracterizaba, dentro de las aulas lo que se nos enseñaba era tolerancia, fraternidad, conceptos que estaban arraigados en la sociedad uruguaya.

         Nuestros colegios y escuelas públicas nada tenían que envidiarle a la educación privada, y quienes no asistimos a ellas, no sentíamos diferencia cuando al fin nos encontrábamos en la Universidad de la República, que era la que nos igualaba definitivamente a todos. Allí asistíamos todos quienes aspirábamos a una educación terciaria, y no se notaban diferencias en la preparación que traíamos como bagaje en nuestro paso por las anteriores aulas. Algunos teníamos algún idioma como plus, otros el haber sido educados en los conceptos metafísicos o religiosos de sus padres.

         Mucha agua ha pasado debajo del puente, y es un hecho que los chicos de hoy, depende mucho del contexto social de donde han salido, y de la escuela a donde asisten, a la hora de enfrentar las oportunidades que se les pueden presentar en la vida. La educación así arrancando de la familiar, nos ha dejado huérfanos en valores, y en las aulas por múltiples razones, esos valores no se encuentran. Es más, las personales e intransferibles formas de encarar las situaciones de cada docente, lo condiciona a la hora de trasmitirlo a sus educandos.

         Se habla de valores perdidos, lo cual es cierto, y entonces saltan los adalides de determinadas corrientes de opinión ya sea religiosas o políticas, quienes se preocupan por el hecho que la falta de principios algunos, o de creencias religiosas otros, son los culpables de lo que sucede, no ya aquí en nuestro país, si no a nivel mundial.

         Se escuchan a los referentes de las diferentes religiones, incluso hubo una reunión en el Palacio Legislativo, donde estuvieron presentes representantes de todas las religiones de nuestro país a los efectos de hacer oír su opinión al respecto.

         Y me preocupa, no la participación de referentes religiosos, si no el concepto que subyace detrás de esto, de que únicamente  las religiones pueden asistirnos a la hora de recuperar los valores. Me pregunto, los ateos, y aclaro que no lo soy, ¿no tienen valores?

         Otro hecho gravísimo es que una Institución Médica, habilitada por el Ministerio de Salud Pública, como es el Círculo Católico, se niegue a proporcionar métodos anticonceptivos a sus socios, he leído en estos días que es intención del Ministerio de Salud Pública, dar la posibilidad a los socios de esta institución a cambiar su afiliación a otra, en la cual se le brinden. Creo que en estos casos, el Ministerio de Salud Pública, debiera ser mucho más duro, al ser una política de estado, el brindar anticonceptivos prácticamente gratis a los distintos individuos, como una forma de luchar contra los flagelos que nos asolan, como son el embarazo en adolescentes, y la transmisión de enfermedades venéreas, al no estar una institución dispuesta a cumplir una disposición del Estado uruguayo, la cual surge como recomendación de los especialistas en el tema, que contamos en nuestro país, no puede permitírsele a esa Institución ser parte del sistema integrado de salud. Si tenemos políticas de estado, las mismas deben ser cumplidas si o si, de lo contrario se está ante una fragante violación a ellas.

         Los valores están sin duda medio entreverados, mucho hablar de derechos, pero no se tiene en cuenta que cuando existen derechos, estos no tienen sentido si no van acompañados de deberes. Y además no son privativos de las religiones, ni de una religión, ni de un Partido Político, los derechos y deberes de los ciudadanos en una colectividad donde conviven, están relacionados a esos pactos de los que hablaba Rousseau en su “Contrato Social”, y con ellos crecimos varias generaciones de uruguayos, donde teníamos conciencia del prójimo, no como un rival o un peligro, para nosotros como individuos o integrantes de un grupo o familias, si no como integrantes de la misma comunidad, donde compartíamos nuestras vidas y nuestros futuros.

         Hemos perdido esos valores, y las constantes violaciones a la laicidad que percibimos a diario, dada la ingerencia que exigen y se les permite, a los referentes de las diferentes religiones, tienen en las decisiones del Estado uruguayo, el que somos nada más ni nada menos, que todos quienes habitamos este suelo, y nos incumben a todos, a quienes practican una religión, a quienes aun creyentes no practicamos ninguna,  pero también a quienes no son creyentes. Y considero gravísimo que a la hora de buscar soluciones, estas no incluyan a todos los actores sociales, sino a algunos que representan a una parte de la sociedad. La mayoría de la población del Uruguay, cuando se le pregunta la religión suele contestar;”católico no practicante”, esto según mi entender, es porque simplemente suelen casarse por la iglesia católica y bautizar a sus hijos, algunos hasta toman la comunión, pero luego cada uno hace su vida según su leal entender, pues en un Estado como el nuestro que supo ser de avanzada en el reconocimiento de los derechos de los individuos a decidir su vida, de acuerdo al libre albedrío, no se puede permitir que la misma sea limitada, volviendo a un pasado de oscurantismo.

         Hasta hace un tiempo, los uruguayos éramos reconocidos por nuestro perfil bajo y nuestra buena educación, hoy por hoy, hemos perdido la noción del otro como alguien en nuestra vida, aunque no sea parte de nuestra familia o de nuestro círculo íntimo, cuando cometemos atropellos nos escudamos en los problemas que tenemos, en las circunstancias, etc, etc. Y si bien como bien saben mis lectores, una de mis frases preferidas es que no todos estamos siempre a la altura de las circunstancias, porque a veces estas se suben o nosotros nos bajamos, eso no es patente para avasallar los derechos de los demás.

         Yo tengo una teoría y es que cada palabra tiene su razón de existir, en la medida que tiene su antónimo. Así los derechos existen, si entendemos lo que significan los deberes que los avalan Y la tolerancia solo puede ser posible, si la misma es un camino de ida y vuelta.

         Pero por sobre todo, quiero reivindicar mi insistente lucha, bregando que los valores, aquellos que nos permiten convivir en una sociedad, que nos permiten reaccionar ante hechos puntuales, dentro de los parámetros que nos aseguran una convivencia pacífica, no son patrimonio de nadie en particular, ni religión, ni partido político, ni corriente filosófica, los valores existen en si mismos, si bien son dinámicos en un sentido de espacio y tiempo. Y esos valores solo pueden ser alcanzados por todos, en la medida que nos afiliemos al laicismo y al libre pensamiento, con fuerza, ellos nos permiten entender al diferente, calzar sus zapatos, y por sobre todo convivir en paz, permitiéndonos comprender, a los demás y a nosotros mismos, tendiendo puentes, en vez de acentuar las diferencias  que nos separan. No es intentando imponer nuestras creencias  a los demás que lograremos un mundo mejor, es mediante el intercambio respetuoso de ideas, sabiendo de antemano, que la única manera de acercar posiciones es negociando puntos de vista distintos, sobre las diferentes situaciones que se nos presentan, y el peculiar forma de verlo de cada individuo en particular, muchas veces cediendo todos en pos de una mejor convivencia pacífica.

         Pero eso sí, sin ceder un ápice en la laicidad que nos garantiza la tolerancia, convirtiendo en iguales, no idénticos, a los diferentes, solo que con diferentes puntos de vista.

         Y no perdiendo de vista que el libre pensamiento, no es un slogan, todos tenemos nuestra propia forma de evaluar, y sentir las situaciones a la que la vida nos enfrenta, y cuando digo todos, me estoy refiriendo a yo, tu, el, nosotros, vosotros y ellos.

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