Laicistas descuidados

En las sesiones de capacitación para los maestros en que se les instruye en la filosofía de la nueva educación aparece de manera escondida la enseñanza de una nueva religión, bajo el ropaje de retorno a la cultura ancestral de nuestros antepasados aborígenes. Es obligatorio (con mayúsculas y subrayado) imponer a las jóvenes generaciones la creencia en la Pachamama como madre de todos los vivientes, en otras palabras, que la dichosa Pachamama es una diosa a la cual deberemos venerar.

Los niños conocerán la supuesta igualdad esencial entre todos los seres, sin privilegiar a los humanos, lejos de sus tiernas mentes la noción de que el hombre es el “Rey de la Creación” y ha sido creado como dominador de ella.

Dará lo mismo para esas inteligencias y corazones en formación un ser humano que un cuy o un guarango. Por declaración expresa de una de las personas encargadas de preparar en esta filosofía a los docentes (de acuerdo al testimonio de un participante), se trata de volver a un estado anterior a la llegada de los españoles.

En otros términos, regresar a una religión de la cual no quedaban rastros, en el supuesto de que hubiese existido alguna vez. ¿No decían que el Estado es laico? ¿Qué no se debe enseñar ninguna religión en los establecimientos fiscales? ¿Cómo así los laicistas no protestan por esta violación del laicismo estatal? Y los defensores de los derechos humanos, tan silenciosos en estos últimos años, ¿por qué no reclaman frente a la imposición de una religión determinada hasta en los colegios confesionales de otras creencias?

Parece que los laicistas se han descuidado y no hacen bien sus deberes: si hace algunos días ponían el grito en el cielo (el físico, para no molestarles con algo religioso) por el intento de devolver a los padres el derecho de dar a sus hijos la educación que ellos desean, ahora deberían volver a levantar la voz en nombre del sacrosanto (es un decir poético) laicismo. A menos que no se hayan enterado de la serpiente que se esconde en la hierba educativa, parafraseando al romano (antiguo y pagano) Virgilio.

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