Laicismo y respeto

Los actos religiosos atañen únicamente a los que profesan una determinada fe

Nuestra Constitución establece que en España no existe ninguna religión con carácter estatal. Eso implica que no hay una confesión que tenga un carácter público o, por decirlo de otra forma, adquiera prioridad sobre otras. Por lo tanto, nuestra Carta Magna consagra a España como un Estado laico, ya que según la Real Academia el laicismo no es otra cosa que la “independencia del individuo o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa”.

En estos días he hecho pública mi decisión de no participar en la bendición de las aguas desde el Campo Valdés en el día de San Pedro. Contra lo que argumentan las personas que han criticado mi postura, debo decir que, si he tomado esa determinación, ha sido precisamente por una cuestión de respeto. El Ayuntamiento de Gijón/Xixón, y en este caso específico su alcaldesa, ha de representar a toda la ciudadanía, lo que implica desempeñar una actitud que abarque las creencias de todas y todos. Los actos de carácter estrictamente religioso representan o atañen únicamente a quienes profesan una determinada fe, y una representante pública no puede adoptar una posición de parte porque iría en contra de la misma esencia de su cargo. La religión pertenece a la esfera de lo privado, y en ese ámbito cada persona es muy libre de adoptar a título individual las posturas que considere pertinentes. Pero cuando se representa a toda una sociedad, que además quiso definirse a sí misma como aconfesional al aprobar la Constitución en el referéndum de 1978, hay que separar lo particular de lo general y tener muy en cuenta que por suerte, desde hace poco más de 40 años, en España la fe ya no está vinculada de ningún modo a las instituciones públicas.

Ésa es otra cuestión. Se ha definido la bendición de las aguas como un acto “institucional”. No lo es. Se trata de un acto organizado por la parroquia de San Pedro. Cuenta con aceptación popular y congrega cada año a un buen número de personas en el arranque del Muro de San Lorenzo, pero no se trata de una iniciativa que parta del Ayuntamiento ni de ninguna otra institución de carácter público. La ceremonia, que se empezó a celebrar durante el franquismo, se mantuvo siempre vinculada a la Iglesia, e incluso hubo años en los que no participó ninguna autoridad municipal, tal y como recogen diversos recortes de prensa. Cabe señalar que la bendición de las aguas tal y como hoy la conocemos, porque en sus orígenes se llevaba a cabo por la festividad de San Juan, se instauró en el año 1989, siempre a expensas de la parroquia de San Pedro y sin que el Ayuntamiento jugara nunca el menor papel en su organización.

Le agradezco mucho al párroco de San Pedro su invitación, y deseo que el acto de bendición de las aguas tenga la misma aceptación que ha tenido en otros años y continúe congregando fieles en torno al Cantábrico. Pero le pido que entienda que, como alcaldesa de un concejo en el que viven más de un cuarto de millón de personas, no debo hacer que prevalezcan las creencias de unas sobre las de otras. La de San Pedro es nuestra fiesta mayor y el Ayuntamiento lo celebrará con la entrega de las medallas con que nuestra ciudad reconoce a sus mejores ciudadanas y ciudadanos. Es allí donde, como alcaldesa, me corresponde estar. En un acto institucional en el que tendrán cabida todas las personas, con independencia de su religión, y al que por supuesto también estará invitado el señor párroco de San Pedro.

Ana González Rodríguez (PSOE). Alcaldesa de Gijón

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