Laicismo y pluralismo religioso en la sociedad española

I Encuentro por la Laicidad en España. Motril 2001

El laicismo garante de la libertad religiosa plena

Normalmente se suele presentar al laicismo como una corriente ideológica antirreligiosa, sin embargo esto es una falsificación histórica. El laicismo debe ser visto como una corriente ideológica histórica que hunde sus raíces -al menos en el mundo cultural «occidental»- en los movimientos reformadores sociales en la época tardía del Mundo Moderno: es un movimiento claramente contemporáneo que está asociado a la instauración de los Estados liberales y al proceso histórico de las «revoluciones burguesas». La instauración de los Estados laicos permitió, por primera vez en la historia, garantizar una libertad religiosa plena ya que ningún Estado civil asociado a una confesión religiosa ha garantizado nunca la libertad religiosa plena, más bien al contrario: los Estados confesionales han estado unidos a momentos de gran intolerancia religiosa y han perseguido a otras religiones. Sin embargo, el laicismo no es neutral ante el hecho religioso. En ocasiones el Estado laico ha tenido que luchar contra las iglesias y sus organizaciones ya que estas solían asociarse -incluso con las armas- a los movimientos retardatarios sociales. En general , las iglesias se han opuesto a la configuración de formas Estatales laicas, incluso las iglesias protestantes que en su momento -aún partiendo de la necesidad de separación iglesia-Estado- buscaron un reconocimiento oficial de sus organizaciones. Ahora bien, esta discusión es hoy ya parte de la discusión histórica ya que las iglesias han perdido el peso economico-social propio del feudalismo tardío: los procesos desamortizadores, la disolución de ordenes religiosas, la «nacionalización » del clero y otras medidas significaron en una gran parte de los Estados europeos los primeros pasos para la instauración de Estados laicos. En el Estado Español este proceso fue muy lento y además hubo momentos de retrocesos y de vuelta atrás, pero es evidente que, también en España, el pluralismo religioso y la libertad religiosa es un éxito de los movimientos ideológicos laicos.

Pluralismo religioso

El pluralismo religioso puede entenderse como la coexistencia de diversas religiones o creencias en una sociedad determinada. Una sociedad pluralista en lo religioso es aquella que en sus comportamientos, tanto sociales como institucionales, admite la diversidad religiosa. Sin embargo, pueden existir sociedades que admitiendo la diversidad religiosa y adoptando un marco de libertad religiosa no sean sociedades plurales en lo religioso ya que existen factores históricos o culturales que no han propiciado la existencia de una verdadera diversidad religiosa. Por el contrario, pueden existir sociedades que poseyendo, por motivos históricos o culturales, una gran diversidad religiosa no sean pluralista debido a que no garantizan plenamente un marco de libertad religiosa.

Para que exista pluralismo religioso debe existir diversidad religiosa y libertad religiosa y curiosamente es el estado laico el único que ha garantizado, históricamente, el pluralismo y la libertad religiosa.

¿Es la sociedad española de hoy una sociedad pluralista en lo religioso? Depende. Si adoptamos una perspectiva histórica, España aparece como una sociedad contraria al pluralismo religioso. Desde la constitución del Estado Español -aproximadamente en el siglo XV-, España se va a constituir como una sociedad contraria al pluralismo religioso, una sociedad basada en una única religión que intenta destruir sistemáticamente la diversidad religiosa. Las guerras que emprenden el Estado son , en cierta medida, guerras religiosas contra los judíos y los musulmanes y en el siglo XVI la única religión existente es la Católica. Instituciones cívico-religiosas, como la Santa Inquisición, velarán para que los vestigios de la diversidad religiosa sean aniquilados. La lucha contra la Reforma del Cristianismo es otra manifestación de la intolerancia religiosa. España aparece en el siglo XVI como el bastión más sólido de la Contrarreforma eclesiástica. La expansión colonial del imperio de los Austrias significa, para el caso de centro y norte de Europa , persecución religiosa y para el caso del subcontinente Sud-Americano, la aniquilación de las culturas y religiones precolombinas.

En la edad contemporánea, España tampoco se encaminó hacia un régimen tolerante en materia de libertad y pluralismo religioso. En el siglo XIX, el siglo por excelencia del constitucionalismo burgués, tampoco se adoptaron formas decididas de libertad religiosa. Aunque algunas Constituciones , aun declarando al Estado confesionalmente católico, admitieron una libertad restringida de cultos no católicos. En el siglo XX, las cosas siguieron más o menos igual hasta que la Constitución Republicana de 1931 declaró al Estado como un Estado laico y estableció un régimen de libertad religiosa en pie de igualdad para todas las religiones.

El establecimiento, tras la guerra civil, del régimen militarista y fascista del General Franco, en 1939, apoyado por la Iglesia Católica, significó una vuelta atrás y la instauración, en materia religiosa, de un régimen oscurantista, declarando al Estado como nacional -católico. En 1967 se promulga una Ley de libertad Religiosa que permite ciertas libertades a los cultos no católicos pero con tales restricciones que muchas iglesias, fundamentalmente evangélicas, llegaron a calificar a esta ley como un instrumento para la vigilancia de sus comunidades.

Un impulso cívico-político, a mediados de los años setenta, junto a la muerte del Dictador, hace tambalear definitivamente al régimen político nacido tras la guerra civil y en España se instaura un régimen político parlamentario asimilable a las democracias occidentales. La Constitución española de 1978 proclama que ninguna confesión tendrá carácter estatal al tiempo que se define la libertad de creencias como un derecho fundamental protegido extraordinariamente. También se establece que el Estado cooperará con la Iglesia Católica y las demás confesiones religiosas.

Posteriormente, en 1979, se firman unos Acuerdos con la Santa Sede y en 1992 con las principales religiones minoritarias existentes en España (evangélicos, musulmanes y judíos).

Desde un punto de vista jurídico el Estado Español se ha dotado de unos mecanismos que protegen la libertad religiosa y el ejercicio libre de las creencias; al mismo tiempo, se han ido desarrollando una serie de Acuerdos de Cooperación con las Iglesias implantadas en la sociedad y también se ha seguido manteniendo un trato privilegiado, o si se quiere diferente con la Iglesia Católica. Son muchos los que opinan que el Estado Español ni en su definición constitucional, ni en su práctica, se ha configurado como un Estado plenamente laico sino más bien debe considerarse un Estado confesional no declarado.

La diversidad religiosa en España

¿Es la sociedad española una sociedad diversa en lo religioso?. Si atendemos a la existencia legal de confesiones religiosas podríamos que decir que sí ya que en España se pueden encontrar delegaciones de una gran parte de las religiones establecida en el mundo. Tenemos de todo: evangélicos, judíos, musulmanes, budistas, Testigos de Jehová, religiones chinas, nuevos movimientos religiosos, etc. Sin embargo, muchas de estas marcas religiosas son extrañas a la sociedad española. La mayoría de estas religiones se dedican a dar servicio a poblaciones de origen nacional no español que residen en España, como turistas, trabajadores inmigrantes, estudiantes, etc…

Si atendemos a las encuestas entonces no está claro que la sociedad española sea una sociedad de intensa diversidad religiosa. En efecto, las encuestas nos indican que de cien personas encuestadas sólo una se declara seguidor de una religión que no sea católica. Aproximadamente un 66 o 67% se declaran como católicos pero apenas el 28% se declara católico practicante. Las personas que se declaran indiferentes y ateos son más del 30% y en los sectores jóvenes -entre 18 y 35 años- estos indiferentes se aproximan al 50%.

Entonces podemos decir que en España existe una diversidad religiosa nominal pero no sociológica.

La indiferencia religiosa y el ejercicio de la libertad religiosa

En la España de hoy el pluralismo religioso se manifiesta, como vemos, no en las existencia de una intensa diversidad religiosa sino en la existencia de una religión mayoritaria, el catolicismo, y en la existencia de amplios sectores sociales alejados de la religión o que simplemente son católicos nominales pero están alejados de la práctica religiosa. Ello puede provocar o generar ciertos conflictos en la sociedad y también en las relaciones del Estado con la Iglesia. En efecto, la iglesia católica española exige de los gobiernos toda una serie de concesiones que pueden entrar en los limites de la no confesionalidad que el Estado dice mantener. Además, en la medida en que amplios sectores sociales se alejan de la religión exigen, a su vez, que no haya concesiones o tratos de favor con las iglesias. Pongamos algunos ejemplos: en España la Iglesia Católica recibe -a través de una especie de impuesto religioso- cerca de 24.000 millones de pesetas anuales que básicamente se dedican al pago de salarios de sacerdotes y al funcionamiento de la Conferencia Episcopal Española. Muchos sectores sociales consideran que esta situación, aunque está parcialmente amparada legalmente, puede estar quebrando la no confesionalidad del Estado. Además, las religiones minoritarias piensan que la Iglesia Católica, en este asunto, tiene un trato de favor. Otro ejemplo: los colegios católicos representan en España cerca del 35% de la educación primaria y secundaria y la mayoría de éstos están financiados por el Estado a través de un sistema denominado de conciertos. Son centros católicos subvencionados por el Estado. Algunos sectores sociales y organizaciones sindicales y asociaciones de padres de alumnos vinculados al sistema educativo publico consideran que financiar los colegios privados -sean éstos católicos o no-, en una época de recortes en el terreno de los gastos sociales y también en el terreno educativo, puede poner en peligro el sistema de financiación de la enseñanza pública ya que los recursos de los colegios católicos se detraen de los fondos presupuestarios del Ministerio de Educación. La Iglesia, por el contrario, cree que sus colegios cumplen un servicio educativo y que la libertad de elección de centro educativo es un asunto que afecta a la esencia misma del ejercicio de la libertad religiosa. Otro ejemplo: el Estado paga a cerca de 14.000 profesores , nombrados y habilitados por la Iglesia Católica, las clases que éstos profesores imparten de religión católica en todos los centros escolares, sean estos privados o públicos. Esta asignatura es de elección libre, pero a los alumnos que no han optado por la asignatura de religión se les impone una asignatura alternativa. Algunas personas cuestionan que el adoctrinamiento religioso o la catequesis deba estar incluido en el currículum educativo. Sin embargo, la iglesia cree que la enseñanza de la religión católica debe tener una dignidad académica equiparable a cualquier otra asignatura. Todavía un ejemplo más: la Iglesia Católica en España mantiene, históricamente, una gran influencia en lo que podemos denominar la asistencia social o benéfica. En efecto, muchas residencias de ancianos, centros de acogida a mujeres maltratadas, albergues para los sin abrigo, etc., pertenecen a redes o instituciones que dependen de la Iglesia o de sus ordenes religiosas. En los últimos años se han desarrollado redes y organizaciones no gubernamentales que desde planteamientos no confesionales también inciden seriamente en la asistencia social. Tanto las organizaciones de asistencia social pertenecientes a las iglesias como las no confesionales dependen en gran medida de las subvenciones públicas y cuando el Estado reparte estas subvenciones para la asistencia social que desarrollan las iglesias o las organizaciones no gubernamentales no confesionales, todas suelen protestar ya que consideran que o bien se beneficia a la iglesia o bien se benefician a las ONGs laicas. Algunos, además, critican este sistema ya que, según estas opiniones, diferir dinero público para que las iglesias o las ONGs realicen actividades de asistencia social es desentenderse de una obligación que el Estado por sí mismo debería garantizar y consideran que tanto las iglesias como estas ONGs están haciendo un flaco servicio al Estado del Bienestar ya que están poniendo sordina a las demandas sociales.

Ante todas estas situaciones el Estado y los diferentes gobiernos pretenden mantener posiciones de equilibrio, intentando contentar a todos, pero es indudable que existe un desasosiego entre algunos partidos políticos, sindicatos o sectores de la opinión pública que, de una u otra forma, representan una concepción radical de la no confesionalidad del Estado.

Así pues, en España, algunos sectores sociales alejados de
la religión están tomando cada año una mayor conciencia sobre el trato privilegiado o si se quiere especial que recibe la Iglesia Católica en España.

Es decir , en una sociedad como la española , donde existe una única Iglesia implantada socialmente y con una tradición abusiva de la confesionalidad del Estado, el problema esencial radica en poner límites, por parte de los gobiernos, a las demandas de esta Iglesia que, en ocasiones, pueden estar invadiendo el terreno de la libertad de creencias de los que no creen en nada.

Las religiones minoritarias y el pluralismo religioso

Las religiones minoritarias en España son casi algo exótico. Como hemos dicho, las personas que declaran que profesan una religión no católica escasamente representan el 1%. Sin embargo, algunas de estas religiones, sobre todo las diferentes corrientes evangélicas, presentan un cierto desarrollo autóctono. Es decir, sus comunidades están formadas, en su gran mayoría, por españoles o españolas de origen, incluso hay ya evangélicos de segunda e incluso de tercera generación. Lo mismo ocurre con los Testigos de Jehová. Estas iglesias aspiran a crecer y a consolidarse socialmente y para ello reclaman del Estado un trato similar a la Iglesia Católica. Ocurre, sin embargo, que sus estructuras comunitarias o de Iglesia son muy precarias y por tanto algunos de los Acuerdos de Cooperación que han llegado a firmar con el Estado, no representan para éste excesivo compromiso. Sin embargo, no hay duda que persisten ciertas discriminaciones o que al menos no parecen acordes con un Estado que se declara neutral en materia religiosa. Un ejemplo: la Iglesia Católica dispone de cientos de sacerdotes que, pagados por el Estado, realizan asistencia religiosa en los hospitales, los ejércitos y en las cárceles. Pues bien, las religiones minoritarias no reciben una sola peseta por una labor que también están desarrollando en estas instituciones.

Hay otras iglesias evangélicas, sobre todo pentecostales, que son credos de importación; se intentan implantar en España procedentes de otros continentes o países. Estas iglesias lo que reclaman en primer lugar es que no les pongan trabas para su reconocimiento legal y en segundo lugar, que no las tachen de sectas. En general, estas iglesias emocionales tienden a implantarse entre sectores sociales pobres de las grandes áreas metropolitanas. Estas iglesias reclaman del Estado que no las mire con suspicacia y que las dejen trabajar tranquilas o que se las den oportunidades y se les deje espacio en las bandas radiofónicas de la frecuencia modulada o en la implantación de televisiones locales, en ocasiones, la Iglesia católica presiona al Estado para que frene la consolidación de estas iglesias.

Los judíos en España reclaman una mayor protección para el patrimonio histórico de raíz judía y ciertas ayudas para algunos colegios que tiene abiertos. También suponen un cierto lobby en cuanto presionan a los gobiernos en relación a la política que siguen en las relaciones con el Estado de Israel. Exigen igualmente protección especial para sus templos ante el temor -muy fundado, por cierto- de ataques antisemitas y xenófobos que en ocasión se han producido.

El Islamismo contemporáneo en España es consecuencia de las recientes corrientes inmigratorias procedentes sobre todo, pero no únicamente, de Marruecos. Sin embargo, y como producto del pasado colonial español, existen núcleos importantes de musulmanes españoles. En efecto, la existencia de dos territorios, todavía españoles, Ceuta y Melilla, enclavados en el territorio de Marruecos ha causado más de un quebradero de cabeza a las autoridades gubernamentales. En efecto, en estas ciudades , que sin duda son las ciudades españolas con mayor diversidad religiosa, en los años ochenta se produjeron amplias revueltas de las poblaciones musulmanas exigiendo un estatuto de ciudadanía española plena; tras las revueltas se inició un proceso de negociación por el cual muchos de estos musulmanes -que representan aproximadamente el 40% de las poblaciones de estos territorios- adquirieron nacionalidad española; sin embargo, el desasosiego aún no ha desaparecido ya que se siguen considerando ciudadanos de segunda -y la verdad, creemos que los son- y han formado sus propias organizaciones sociales y políticas -al margen de los partidos políticos españoles-, algunas de las cuales tiene un fuerte contenido religioso.

Pero si exceptuamos a los musulmanes de Ceuta y Melilla , la mayoría de los musulmanes que existen en España son trabajadores y trabajadoras inmigrantes. Las Comunidades Religiosas musulmanas son conscientes de esta situación y de ahí que, a veces, se erijan en portavoces, más o menos representativos, de las reivindicaciones que casi todos los inmigrantes en todo el mundo suelen tener: derecho a residencia estables, flexibilidad en la aplicación de las leyes de extranjeros, etc. También las comunidades religiosas musulmanas, junto a asociaciones de inmigrantes no confesionales, los sindicatos españoles y asociaciones cívicas de defensa de derechos humanos, exigen fondos para realizar campañas y acciones contra el ascenso del racismo que sufren los trabajadores procedentes de países de cultura musulmana. Lo que queremos subrayar es que, para algunos inmigrantes, la profesión de su fe musulmana es un elemento de autodefensa y de autoidentificacion cultural en un mundo, ciertamente, hostil. Muchas comunidades religiosas musulmanas no entienden que la xenofobia esté adquiriendo, en España, rasgos antimusulmanes. Sin embargo, parece claro que el Estado no puede -o no debería- permanecer neutral ante los ataques xenófobos que se producen contra mezquitas, como los que se produjeron en la explosión xenófoba de El Ejido. EL establecimiento de la religión musulmana en España, como consecuencia del fenómeno migratorio, tiene un potencial de desarrollo enorme y seguramente va a entrar en colisión con una forma Estatal que no es plenamente laica y que ve en otras religiones que no sean «católicas» elementos «extraños» a la sociedad.

Derechos fundamentales y nuevo «irracionalismo»

Finalmente estarían los denominados «nuevos movimientos religiosos» u organizaciones que en algunas ocasiones son publicitadas como sectas. En general, estas organizaciones lo que procuran es que no se les asocie a organizaciones peligrosas o se creen prejuicios contra ellas. Algunas exigen, incluso ante los tribunales, que se las consideren organizaciones religiosas ya que a sí mismas se consideran como tales. Debemos reconocer, que en España, existe un cierto sensacionalismo, quizás interesado, en el tratamiento que se hace de estos fenómenos pero tampoco se debería desconocer el hecho de que muchas de estas organizaciones son, en verdad, organizaciones peligrosas que en sus practicas puedan estar violando los derechos fundamentales de las personas. Estas «sectas» argumentan que estas prácticas también son realizadas por las grandes corrientes religiosas. En efecto, muchas organizaciones religiosas -grandes o pequeñas- imponen a sus miembros ciertas «obediencias» que bien pudieran estar violando derechos fundamentales de la persona humana y que tienen que ver con practicas de discriminación o segregación por razón de sexo, imposiciones en materia de libertad sexual, practicas proselitistas abusivas, etc. La realidad es que muchas de estas «sectas» mantienen estructuras organizativas fraudulentas, que, amparadas en la libertad religiosa, son verdaderas maquinarias especializadas en el fraude. Además, explotan toda una nueva ola de superstición popular, claramente irracional, que suele ir asociada a concepciones políticas de la extrema derecha. Es evidente que el Estado no debería mantenerse neutral ante la expansión de estas organizaciones y debería -como se hace por ejemplo en Francia- realizar una política activa en contra del irracionalismo y vigilar la protección de los derechos fundamentales de las personas al interior de las organizaciones.

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