Laicismo solo en la oposición

El PSOE anuncia que está dispuesto a revisar las relaciones de España con el Vaticano si la iglesia católica española permanece en la senda regresiva por la que transita. El secretario general de los socialistas podría haber precisado que el sendero hacia el pasado lo recorren los obispos desde hace mucho tiempo. No es cosa de ahora, por lo que sorprende el cambio. Nada hicieron desde el Gobierno sino darle a la iglesia católica más beneficios que nunca, incluida una financiación escandalosamente generosa y mantener los privilegios de un concordato, aunque se le denomine acuerdos entre el Estado español y la Santa Sede, que colisionan con la teórica aconfesionalidad que establece la Constitución. Parece por tanto de un lamentable oportunismo la llamémosle ocurrencia de Rubalcaba de plantear la revisión de las relaciones Iglesia-Estado. Así y todo es probable que el asunto dé mucho más juego que el de un simple reclamo para ganar la secretaría general del partido.
Es el PP quien propicia que se abra el juego por la banda que ha decidido correr el nuevo líder de la oposición. El Gobierno anuncia, de momento solo anuncia, una agenda que se definirá como confesional: revisión del aborto, cuestionamiento de la píldora del día después, modificación de la asignatura Educación para la Ciudadanía…, y no cito la Ley que posibilita los matrimonios entre personas del mismo sexo, recurrida por los populares en el Tribunal Constitucional, porque el Gobierno del caso nada ha dicho todavía. Es la agenda antilaicista que la Conferencia Episcopal desea que se ejecute cuanto antes. La sintonía que el Gobierno del presidente Rajoy establece con las aspiraciones de los prelados católicos parece evidente. Puede que lo haga para sujetar el voto católico conservador, pero la operación tiene un riesgo: enajenarse el de centro, que no ve con agrado la supeditación de cualquier gobierno a los obispos. ¿Ha reparado el PP en que una de las instituciones peor valoradas por los españoles es la iglesia católica, concretamente su jerarquía, los obispos?

No sé si la estrategia de asegurarse el flanco más conservador compensará la desafección que puede llegarle por el centrista, que es el que en las pasadas elecciones generales ha dejado al PSOE en la estacada. Rubalcaba, que no desperdicia una oportunidad si se la ponen a su alcance, seguramente ha visto que plantear la revisión de los acuerdos con la Santa Sede, ante la evidente involución que se observa, ahora y antes, en su catálogo de disposiciones morales, puede constituir un efectivo banderín de reenganche de parte del electorado que ha abandonado a los socialistas. Tal vez los anuncios del Gobierno finalmente se quedan solo en anuncios y el PSOE sin estrategia, pero mientras se confirman o no a los deprimidos socialistas les puede venir muy bien una dosis no de trasnochado anticlericalismo "denuncia hecha por Matías Vallés que no comparto" sino de defensa del más moderno laicismo, el mismo que el PP no debería ignorar.

Cobijarse bajo el paraguas ideológico de la iglesia católica; rectifico: de la jerarquía de la iglesia católica, que no es lo mismo, no es electoralmente rentable en España. Oponerse frontalmente sí lo puede llegar a ser si se hace con finura. El PSOE, al tiempo que durante su etapa en el Gobierno aprobó medidas laicistas bien recibidas por la mayoría, no cortó el cordón umbilical que une al Estado con la iglesia católica como institución, con el Vaticano. El resultado fue que sistemáticamente la Conferencia Episcopal comandada porel cardenal Rouco chuleó al Gobierno de Rodríguez Zapatero.
Al actual Gobierno le conviene recordar que al aguerrido cardenal arzobispo de Madrid nunca le gustó el presidente Rajoy. El tiempo que está por venir puede ser de verdad interesante si los socialistas insisten en su recobrada agenda laicista con más sinceridad y menos cinismo hipócrita que el exhibido a su paso por el poder y los populares plasman en leyes las anunciadas intenciones del Gobierno.

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