Laicismo es laicismo

«La espiritualidad es un asunto tan privado, íntimo y personal y quien requiera de ese tipo de asistencia siempre está a tiempo de llamar al cura, al imán, al gurú, en definitiva, que le plazca»

Dice mi admirado Luis García Montero que “los seres humanos pueden vivir sin dioses, pero los dioses le deben la vida a los seres humanos, es decir, son una extensión imaginaria de la realidad, el resultado de una insatisfacción”. Los dioses deben la vida a una insatisfacción, y quizás a la ignorancia de las personas, sin embargo los dioses, en este país, lo ocupan todo, nuestra vida, nuestros impuestos, nuestra educación, nuestra muerte y nuestra enfermedad. Y dice Richard Dawkins, mi también admirado divulgador y científico, que “la historia de la ciencia ha sido la de intentar vencer a la religión paso a paso”.

Se hace muy denso, demasiado denso, considerar que a estas alturas de la historia del hombre, en medio de la era cibernética y tecnológica, en un mundo en el que la información está al alcance de cualquiera, como en las sociedades medievales tengamos que seguir soportando, en todos los ámbitos de nuestras vidas, el peso tremendo de la religión, es decir, de la superstición milenaria.

En base al Concordato que sigue vigente entre el Estado español y el Vaticano, concordato que se repite en cualquier país de la órbita católica y que es la piedra angular de tanto y tanto poder y dinero que consigue la Iglesia de los Estados y de los ciudadanos, tenemos curas, capillas, misas y crucifijos hasta en la sopa. Como en la Edad Media, repito. El señuelo de la supuesta “asistencia espiritual”, impuesta, que no libre ni voluntaria, y que nos cobran a todos a precio de oro, es la justificación para que la Iglesia esté metida e injiriendo en todos los ámbitos de la vida pública y privada. Escuelas, hospitales, universidades, Ejército, prisiones…, no existe un espacio en este país en que la injerencia de la religión no exista, y, repito, a precio de oro.

En un país en que se mueren ancianos por sus pensiones paupérrimas que el Partido Popular se niega a subir mínimamente, en el que se suicidan un veinte por cien más de personas diariamente desde que comenzó la estafa que llaman crisis, en el que se ha condenado a millones de personas a la pobreza, en el que miles de seres humanos viven en la calle por indefensión o por deshaucios, la Comunidad de Madrid  en 2015 se ha gastado 1.041.695 euros sólo en financiar la asistencia religiosa católica en los hospitales públicos. Y me pregunto qué diantres pintan los curas en los hospitales, además de gestionar acuerdos con las funerarias o asistir con interés especial a enfermos terminales sin familia. Lo de la asistencia espiritual que se lo cuenten a los preescolares. Puesto que la espiritualidad de cada quién es un asunto tan privado, íntimo y personal que nadie tiene derecho a infiltrarse en él, y menos sin permiso. Y quien requiera de ese tipo de asistencia siempre está a tiempo de llamar al cura, al imán, al gurú, en definitiva, que le plazca.

En este contexto, Ada Colau y Manuela Carmena serán recibidas por el Papa y asistirán el próximo fin de semana en el Vaticano a una cumbre donde se debatirá supuestamente sobre los refugiados. Digo supuestamente porque de todos es sabido, o debería de serlo, que el Vaticano es el único Estado europeo que no ha firmado muchos de los acuerdos internacionales sobre la defensa de los Derechos Humanos. Luego Colau y Carmena deberían saber que el Vaticano sería el último lugar al que asistir en cualquier materia relacionada con estos Derechos. Además, en asuntos de gestión política la religión, que se nutre de manera insaciable del dinero público, debería mantenerse, del todo, al margen. Eso es laicismo. Y el laicismo es laicismo. Consentir cualquier injerencia de la religión en los asuntos públicos es confesionalismo y sometimiento al totalitarismo religioso, por más que el asunto se disfrace.

Y, a su vez, Pablo Iglesias siendo noticia por deshacerse en elogios hacia el Papa católico y el Padre Ángel, de Mensajeros de la Paz (quien esté interesado en saber el funcionamiento de esa asociación supuestamente filantrópica que se lea el trabajo de investigación de Sánchez Soler “Las sotanas del PP” y dejará de creer en esa filantropía). La verdad, sólo sé, como Sócrates, que no sé nada.

Afortunadamente existe la razón y la cordura, aunque parece que para encontrarla hay que seguir traspasando los Pirineos. Francia celebra este nueve de diciembre la Fiesta Nacional de la Laicidad, y conmemora su Ley de separación Iglesia-Estado del 9 de diciembre de 1.905. En ese contexto el Ministerio de Educación galo ha difundido un vídeo sobre la laicidad en la escuela, porque el principio de laicidad es la base sobre la que se articula todo el sistema educativo francés. A años luz. Aquí se sigue adoctrinando en irracionalidad, supersticiones y mentiras. Por muy milenarias que sean.

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