Laicidad: la gran asignatura pendiente de la escuela catalana

El cardenal Friedrich zu Schwarzenberg visita una escuela primaria prusiana. Grabado del siglo XIX | iStock

La administración pública paga un cuerpo de profesores de religión que son contratados por los obispos y sostiene económicamente una red de escuelas privadas, la mayoría de las cuales responden a idearios confesionales. En este contexto, hablar de laicidad y libertad de conciencia en Cataluña es, como mínimo, un sarcasmo.

Laicidad: sistema que excluye las iglesias del ejercicio del poder político o administrativo, y de la organización de la enseñanza. Gran enciclopedia Catalana 

El laicismo, educar sin dogmas, con valores humanistas y universales, respetando y poniendo en valor la libertad de conciencia, de la diversidad y los valores éticos, no sexistas y democráticos, es una aspiración y una práctica habitual por parte de miles de docentes del nuestro país que las luchas de la comunidad educativa han hecho posible de facto en muchos centros de Cataluña. Ahora bien, desgraciadamente, cuando ponemos el foco en las políticas de las administraciones tanto de Cataluña como del Estado Español, hablar de escuela laica se convierte en una ficción y un objetivo por el que habrá, como siempre, seguir luchando.

Una asignatura pendiente que arrastramos desde la dictadura del nacional catolicismo franquista hasta nuestros días. Los privilegios de la iglesia [1] reconocidos en el concordato de 1953, y ratificados en los acuerdos con la Santa Sede de 1979 y recogidos en la constitución, son una auténtica anomalía en cualquier democracia digna de este nombre. España no es el único país europeo con acuerdos de este tipo con la Santa Sede. Es poco conocido pero la arquitectura jurídica [2]de estos acuerdos tienen su origen y vienen directamente de los fascismos europeos y su subsidencia en las sociedades europeas, empezando por Alemania (donde todavía subsiste el concordato con Hitler de 1939), o Italia (concordato con Mussolini en 1929 actualizado en los años 80 ), o Portugal (con el régimen de la dictadura salazista) y terminando con España, son una auténtico escándalo democrático que tras la caída del Muro en 1989 también se ha extendido a países como Croacia o Polonia.

En cuanto estos privilegios en materia de educación, la iglesia católica consiguió, tal como recoge el artículo 27 de la constitución, que se garantizara la enseñanza confesional de la religión católica en los centros educativos públicos. Es decir, no una enseñanza laica del hecho religioso, con el estudio y el conocimiento de sus diferentes expresiones, vertientes políticas y artísticas, sociales y culturales a lo largo de la historia (algo que ya se hace en asignaturas como historia, literatura , arte, sociales … aunque con un contenido curricular por parte las diferentes administraciones, terriblemente etnocentrista, pero de eso ya hablaremos), sino una enseñanza confesional de la religión católica. Garantizando esta confesionalidad a través de unos docentes seleccionados por las autoridades eclesiásticas. Es sabido y conocido, pero vale la pena repetirlo:

Pero más preocupante aún (si esto es posible) es que, incluso trascendiendo el orden constitucional (en lugar está escrito del artículo 27 que tenga que ser así), las administraciones públicas se hacen cargo de la financiación de los centros privados (concertados ), la mayoría de los cuales responden a idearios confesionales a los que han de subordinar todos los miembros de la comunidad educativa. Donde la libertad de cátedra se somete al ideario de los propietarios de los centros. Hablar, pues, de laicidad y libertad de conciencia en este contexto (concertada) que comprende casi el 35% de los centros de Cataluña es, como mínimo, un sarcasmo.

Es sabido también, y todos los estudios, empezando por el Síndic de Greuges, lo apuntan: la selección del alumnado en los centros privados sostenidos con fondos públicos se hace no sólo por motivos económicos, sino también religiosos; donde incluso se segrega por sexos alumnos según visiones atávicas y patriarcales de la educación y la familia, y donde los docentes contratados deben respetar y someterse al ideario del centro.

Pero aún más sorprendente y preocupante es que la Ley de Educación de Cataluña (LEC); la ley de consenso de la comunidad educativa (es decir, del consenso entre las patronales religiosas de la educación y partidos políticos permutados, como el agua en vino, en «comunidad educativa») decida a 2009 ser más papista que el papa. Superando el compromiso confesional de la constitución del 78 y los acuerdos con la Santa Sede, la LEC puso la red concertada, ya no a un nivel subsidiario y transicional hacia la red pública, como habían marcado diferentes leyes anteriores del resto del Estado, sino, al revés, poniendo la red pública a un nivel subsidiario y transicional hacia la privatización, tal como señala la misma denominación de la LEC donde desaparece la palabra «público» de los servicios de educación ( «Servicio de educación de Cataluña «) y como confirman las políticas de la administración catalana en los últimos años donde la infrafinanciación, recortes y degradación de la red pública ha ido acompañada de una refinanciación y un apoyo permanente a la red concertada, y por tanto para un apoyo activo por parte de la administración catalana en sus idearios religiosos y segregadores. En este contexto, hablar de escuela laica en Cataluña, no llega a sarcasmo, es un mal chiste.

Estatuto de Autonomía redactado 1º y 2º (una oportunidad perdida)

Mucho antes de ser recortado en Madrid y recurrido al Tribunal Constitucional por la derecha extrema del PP, el 30 de septiembre de 2005, el Parlamento de Cataluña aprobó la propuesta de Proposición de ley orgánica por la que se establecía el Estatuto de autonomía de Cataluña. [3]

En cuanto a educación, el texto inicialmente aprobado, y que había sido informado positivamente por parte del Consejo Consultivo de la Generalitat en cuanto a su constitucionalidad, decía:

  1. Todas las personas tienen derecho a la enseñanza pública y de calidad y a acceder en condiciones de igualdad. La Generalidad debe establecer un modelo educativo que garantice este derecho y en el que la enseñanza pública es laica.
  2. Los centros privados sostenidos con fondos públicos tienen el deber de cumplir las obligaciones de servicio público que determine la ley para garantizar los derechos de acceso en condiciones de igualdad y la calidad de la enseñanza.

 El texto aprobado, sin embargo, fue drásticamente modificado posteriormente ante la amenaza de la derecha confesional de CiU de no votar el Estatuto. Y tras su modificación quedó así:

  1. Todas las personas tienen derecho a una educación de calidad y acceder a ella en condiciones de igualdad. La Generalidad debe establecer un modelo educativo de interés público que garantice estos derechos.
  2. Las madres y los padres tienen garantizado, de acuerdo con los principios establecidos por el artículo 37.4, el derecho que les asiste para que sus hijos e hijas reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus convicciones en las escuelas de titularidad pública, en las que la enseñanza es laica.
  3. Los centros docentes privados pueden ser sostenidos con fondos públicos de acuerdo con lo que determinan las leyes, para garantizar los derechos de acceso en condiciones de igualdad ya la calidad de la enseñanza

El primer redactado marcaba pues un compromiso claro con la educación laica en Cataluña y se convertía en una herramienta jurídica de primer orden para romper con los consensos del régimen del 78 en materia religiosa. El segundo redactado, pero, a pesar de la definición final «la enseñanza en los centros de titularidad pública es laica», volvió a asegurar la presencia de la religión en la escuela, remitiéndose a otro artículo (37.4) que dice: «Ninguna de las disposiciones de este título puede ser desarrollada, aplicada o interpretada de forma que reduzca o limite los derechos fundamentales reconocidos por la Constitución y los tratados y convenios internacionales ratificados por España».

Este artículo volvía a poner el Concordato firmado entre el Estado español y la Santa Sede en 1979 dentro del Estatuto de Cataluña, y dice:

«Los planas Educativos en los niveles de Educación Preescolar, de Educación General Básica (EGB) y de Bachillerato Unificado Polivalente (BUP) y Grados de Formación Profesional correspondientes a los alumnos de las mismas edades incluso la enseñanza de la religión católica en todos los Centros de educación, en condiciones equiparables a las mañana disciplinas fundamentales «

La falta de valentía de nuestros políticos, pues, volvió a hacer entrar por la puerta trasera las sotanas del régimen del 78. Una oportunidad perdida y volver a empezar …

Cuál laicismo necesita la escuela catalana?

Queda mucho, pues, para levantar una escuela laica en Cataluña, pero en nuestra lucha por llegar, no podemos hacer abstracción del contexto donde se da hoy esta lucha, muy diferente en muchos aspectos a las luchas por la laicidad que nos han precedido.

Vivimos en un mundo convulso, en una crisis civilizatoria del capitalismo donde la apisonadora neoliberal ha desmantelado en los últimos tiempos muchas de las redes y herramientas de solidaridad social de los de abajo y las clases trabajadoras, abriendo un campo inmenso para el auge y ascenso de la extrema derecha y el fundamentalismos religiosos de todo tipo en nuestro país, en muchos países de nuestro entorno y en el ámbito internacional.

Donde la competencia entre Estados en un mundo polarizado por la guerra, por un recursos naturales y estratégicos cada vez más escasos y puestos al servicio de la acumulación del Capital y no de las personas, ha generado un nuevo (des) orden internacional. Crisis de refugiados, leyes de extranjería, campos de afino, cierre de fronteras … han convertido en el paisaje cotidiano de una Europa que es reclama democrática.

Nuevas formas de imperialismo y expolio tanto hacia los países del sur global como en el mismo interior de las metrópolis son codificadas por los poderosos que las propician como «guerras por la libertad y los derechos humanos», como «choques de civilizaciones», » problemas de integración «y» guerras culturales «entre un occidente democrático y universalista y unas culturas y religiones atávicas, intrínsecamente patriarcales y antidemocráticas …

En estos nuevos discursos, el viejo etnocentrismo colonizador vuelve bajo la forma elitista de un retorno a la ética y la cultura frente a la política. La vieja Europa y Occidente vuelven a sus tradiciones , a sus valores y sus esencias universales y democráticas ante el no occidental, el cual representa la alteridad absoluta; la barbarie que sólo merece la compasión, el castigo o la ayuda de Occidente.

Como explica el filósofo Alain Badiou, estos discursos encubren un proceso de despolitización de la sociedad que legitiman las nuevas formas de racismo e imperialismo que, bajo el discurso de valores supuestamente universales, nos ofrecen, sin embargo, un «sujeto universal» kantiano geopolíticamente escindido :

«¿Quién no ve que en las expediciones humanitarias, las injerencias, los desembarques de legionarios caritativos, el supuesto sujeto universal está escindido? Del lado de las víctimas, el animal despavorido que se expone en la pantalla. Del lado del benefactor, la conciencia y el imperativo. Y por qué esta escisión pone siempre a los mismos en los mismos papeles? Quien no siente que esta ética volcada sobre la miseria del mundo esconde, tras su Hombre-víctima, al Hombre-bueno, al Hombre-blanco? « (Badiou, Alain. , La Ética, Ed.Herder, p.37 )

Decodificar los conflictos de este mundo en descomposición, pues, los pánicos identitarios, convulsiones polémicas entorno civilizaciones y religiones y repliegues autoritarios de nuestros sistemas políticos y sociales, es la primera tarea para pensar qué laicismo necesitamos hoy en nuestras escuelas.

No todos los laicismos resultan adecuados para construir una escuela favorable a los de abajo, que se proponga satisfacer las necesidades económicas, sociales, políticas y culturales de la mayoría de la población.

En este sentido, a menudo en los debates actuales se pone como ejemplo a seguir de laicidad la escuela y el republicanismo francés. Cabe señalar, en primer lugar, que el actual sistema francés es fruto de una lucha entre dos corrientes en la que finalmente ha logrado la más conservadora, excluyente y autoritaria, y que no ha hecho cuentas con su pasado (presente) colonial .

En sus orígenes el laicismo francés se impuso gracias a la alianza momentánea entre la burguesía anticlerical positivista y el movimiento obrero socialista contra las prerrogativas de la iglesia católica romana. Pero pronto se impuso la tradición de la burguesía republicana representada por el activista anticlerical e impulsor del colonialismo Jules Ferry, el cual creó una Escuela de Estado, donde los ritos patrióticos y chovinistas y la celebración de la República y el advenimiento de la razón republicana se contraponía a la chusma de la Comuna de París y los salvajes de las colonias.

Este modelo patriótico y elitista de escuela laica que tantas muertes costó en los campos de batalla de la primera guerra mundial, queda muy lejos, por ejemplo, de las concepciones laicas del pacifista e internacionalista Jean Jaurès, asesinado por no apoyar la guerra fratricida del 14, y donde en ningún momento se negaba el derecho de los ciudadanos a expresar su religiosidad en el espacio público.

De hecho, para Jaurès la laicidad era sinónimo de democracia: «No hay igualdad de derechos si la inclinación de tal o cual ciudadano a una u otra creencia, a tal o cual religión, supone para él un motivo de privilegio o de desgracia «. Es por ello que en ningún momento pretendió aislar la religión de la sociedad, reduciéndola a un asunto privado. Para él la religión podía tener un papel «en una sociedad natural y humana donde ella evoluciona [y ella, la religión] sólo será una fuerza abstracta y vana, sin afianzamiento y sin virtud, si no está en comunicación con la realidad social» ( discurso de Castres, 1904).

La discrepancia entre una corriente laico que quería utilizar el poder del Estado para erradicar la religión y una corriente representado por el socialista Jaurès que intentaba permitir la confrontación pluralista de las creencias e ideas se ha prolongado hasta hoy. Pero hoy, esta discrepancia se superpone al contexto social y político apuntado más arriba. Y en nuestro país se superpone, además, a un Estado que da todos los privilegios a la religión católica. Tal como señala el historiador judío (especialista en totalitarismos y políticas de memoria histórica) Enzo Traverso:

«La islamofobia no es un simple sucedáneo del viejo antisemitismo, ya que sus raíces son antiguas y posee su propia tradición, que es el colonialismo (…) La matriz colonial de la islamofobia nos aporta la clave para entender la metamorfosis ideológica del postfeixisme : hoy en día el rechazo y la expulsión buscan proteger la nación de su influencia deletérea. Esto explica los debates recurrentes sobre laicidad y el velo islámico que conducen a la ley islamófoba que lo prohíbe en espacios públicos. Este acuerdo consensuado sobre una concepción neocolonial y discriminatoria de la laicidad ha contribuido significativamente a la legitimación del postfeixisme en la esfera pública. « Las Nuevas Derechas radicales. Viento Sur nº 166. P81

Las leyes antivelo que prohíben los signos religiosos a las personas en los espacios públicos, en la escuela, el trabajo o la universidad, «leyes antitatas» [ lois anti-nounou ] que prohíben el uso del velo tanto a las mujeres que trabajan en guarderías privadas (aunque reciben subvenciones públicas) encargadas del cuidado de bebés y niños de hasta tres años, como las cuidadoras ( «tatas») que trabajan a domicilio. En Francia son frecuentes las guarderías a pequeña escala organizadas en domicilios privados (y subvencionadas parcialmente por el Estado); o numerosas madres que, por llevar un pañuelo en la cabeza, son impedidas de acompañar a sus hijos en las salidas escolares y de todas las actividades extraescolares a la vista de sus hijos … no son propias de una sociedad laica.

La laicidad bien entendida no es antirreligiosa, no estigmatiza y margina al ámbito privado los sectores más débiles de nuestra sociedad, no instrumentaliza ideologías y movimientos emancipadores como el feminismo para controlar los cuerpos de las mujeres y sus vestimentas a través del Estado (el que en nuestras sociedades suele estar a atravesado por visiones patriarcales, racistas y clasistas). No activa protocolos que estigmatizan y señalan determinadas vestimentas, músicas y costumbres de nuestros alumnos como «terroristas» [4] .

El laicismo encuentra su expresión más elemental en la Declaración Universal de Derechos Humanos, cuando estipula: «Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye (…) la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público (lo subrayamos) como en privado «(art. 18).

Pretender excluir la religión de la esfera pública es pues una propuesta política explícitamente liberticida. El laicismo tiene que luchar para que el Estado y sus instituciones sean totalmente autónomas e independientes frente a religiones y diferentes sistemas filosóficos y visiones del mundo. De ahí la importancia fundamental que la escuela pública sea 100% pública y que la privada sea financiada con dinero privado y no públicos.

El espacio público, sin embargo, no es del Estado sino de sus ciudadanos, y el Estado debe garantizar el derecho de las personas a expresarse en este espacio público sin tener que ocultar sus creencias o su identidad . Esto no quiere decir que las instituciones deben ser un espacio neutro, el laicismo no es relativista, las instituciones deben impulsar unos principios universales: de libertad de conciencia, de igualdad y autodeterminación de las personas.

Una escuela laica, pues, no puede aceptar principios etnocentristas, esencialistas y fundamentalistas (la otra cara del relativismo) que postulan que determinadas culturas o religiones son estructuralmente y esencialmente patriarcales, incapaces de evolucionar y que permanecen fuera del tiempo y de la historia y por lo tanto son incompatibles con la democracia.

Son muchas las personas, instituciones y poder políticos y económicos que han utilizado la religión para asesinar al que piensa diferente, practicar genocidios, justificar la desigualdad social, someter a la mujer y atacar la diversidad sexual, y, en definitiva, fundamentar su visión esencialista, patriarcal y antidemocrática de la sociedad.

Pero también son millones de mujeres y hombres las que han encontrado en la actualidad ya lo largo de la historia en su religión, los valores y el fundamentos para la solidaridad, la igualdad, por la justicia social, contra el patriarcado y contra gobiernos teocráticos y liberticidas, y han luchado codo a codo con ateos para conseguir sociedades laicas y respetuosas con la libertad de conciencia de todos sus miembros.

Una escuela laica que defiende valores universales no puede desconocer estos valores y luchas compartidas entre sus ciudadanos, de hecho debe construir sus instituciones y escuelas a imagen y semejanza de estas luchas compartidas.

Hacer efectiva y real una educación laica es, pues, hacer efectivo y real el derecho a la educación para toda la ciudadanía, sin importar su origen social, cultural, religioso ni su nivel económico.

Por ello, lo primero que hace falta es hacer efectiva y real una separación entre administración pública y poder religioso y económico, desmantelar de una vez los conciertos educativos, uno de los principales factores de la segregación social e ideológica en la educación. La educación pública debe ser de titularidad y gestión pública. En ningún caso hay que ceder la gestión de los centros públicos a entidades privadas.

Hacer efectiva y real una educación laica es garantizar la libertad de cátedra, la diversidad y la independencia de los docentes respecto a las ideologías de las direcciones y los poderes políticos y económicos del momento, para hacer esto es imprescindible desmantelar la LEC (decreto de direcciones, de plantillas, etc.)

Hacer efectiva y real una educación laica es recuperar la democracia en los centros, la participación de toda la comunidad educativa en la toma de decisiones, consejos escolares y claustro de profesores vinculantes. La autonomía de centro debe ser comprendida desde su vertiente pedagógica, y no desde la actual visión de supeditación a los intereses y la ideología gerencial y neoliberal.

Hacer efectiva y real una educación laica es poner en valor la realidad multicultural de nuestra sociedad y generar a partir de aquí contenidos culturales comunes. En ningún caso la escuela debe estar al servicio de una estrategia de asimilación de las personas de otras culturas a la cultura mayoritaria. Sino que se debe trabajar para facilitar un cambio personal y colectivo de todas que permita superar estereotipos y prejuicios asumiendo determinadas actitudes y valores: todos aquellos que nos hacen semejantes a todos y todas como el civismo, la solidaridad, la justicia , la igualdad, la coeducación, etc.

Para hacer efectiva una escuela laica será, pues, necesario que los ámbitos educativos incorporen de forma sistemática nuevos temas, nuevas autoras, nuevas actividades que superen etnocentrismos excluyentes, clasistas, patriarcales y que incorporen conocimientos y sentimientos que corresponden a sensibilidades diferentes. En definitiva, habrá que aprender a construir los marcos e imaginarios comunes que compartimos cada día todos y todas los que vivimos en sociedad desde la igualdad y el reconocimiento mutuo.

Finalmente, hacer efectiva y real una escuela laica es hacer posible una financiación de acuerdo con la importancia que tiene la educación para la vida de las personas y la sociedad. En resumen, como dice el profesor de Sociología Abdellali Hajj a Immigration poscoloniale te Memorie :

» Lo que realmente está en juego en las luchas comunes de los dominados frente los dominantes y la dominación no es refiere, como se dice normalmente, a la conquista o reconquista de la identidad, sino al poder de reapropiarse de la posibilidad de construir y evaluar con toda autonomía la propia identidad « 

Poner las herramientas y los medios necesarios para que todos los educandos tengan la posibilidad de reapropiarse de este poder con total autonomía y libertad es el principal objetivo de una escuela laica.


[1] La religión es un negocio muy rentable. Opacidad y financiación de la Iglesia católica

[2] Ningún Concordato más con la Santa Sede, 02/07/2018 | Antonio G. Movellán presidente de Europa Laica

[3] Laicidad en la escuela pública y el Estatu t

[4] Proderai: No beber Coca-Cola, no celebrar Sant Jordi o borrar los tatuajes son indicadores de «radicalización islamista», según los Mossos

Autor: Ramón Font

Traducción del original en catalán mediante la traducción automática de Google.

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*Los artículos de opinión expresan la de su autor, sin que la publicación suponga que el Observatorio del Laicismo o Europa Laica compartan todo lo expresado en el mismo, como así ocurre con partes de lo expresado por este autor. Europa Laica expresa sus opiniones a través de sus comunicados.

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