Laicidad: la construcción de un concepto de validez universal

Con algunos colegas de Francia, Canadá y otros países tratamos de construir un concepto, una definición, de laicidad que permitiera a todos trabajar con el tema y entender lo que definimos como tal y lo que aplicamos bajo ese concepto en el análisis y en las investigaciones en los distintos países que trabajamos en esto.

A lo largo de los últimos cinco años, algunos colegas y yo hemos trabajado para tratar de tener un mínimo denominador común. En particular, como producto de ese intercambio, en los últimos meses redactamos una Declaración Universal sobre la Laicidad en el Siglo XXI. En particular, los últimos redactores fuimos Michelin, Jean Baubérot, de Francia, y un servidor —trabajo junto con ellos, como profesor asociado extranjero con el profesor Baubérot, en el grupo de Sociología de las Religiones y de la Laicidad, en Francia.

Hace cinco años, después del 11 de setiembre [de 2001], me invitaron al Parlamento europeo a dar una plática sobre laicidad. La preocupación venía de algunos parlamentarios, y particularmente europarlamentarias, con el tema del papel de la religión en la escena pública; del impacto que tienen la religión y las políticas de la Santa Sede en el contexto. Allí, en una sesión abierta, una especie de seminario, empecé a hablar del tema de la laicidad y me di cuenta de que empecé a hablar en inglés, y no podía decir las cosas que quería decir, en inglés, porque la propia noción de laicidad es intraducible, hasta cierto punto. Esto es porque responde a un área cultural distinta que la de los países anglosajones y de los países latinos. Entonces, tuve que cambiar al francés, porque había más cosas que quería decir, y podía usar el término laicité para hablar de lo mismo. Los americanos o los ingleses no lo entienden. No hay una palabra que se traduzca directamente. Está la palabra secular, secularization, pero no significa lo mismo.

Ya de entrada empecé a darme cuenta de que hay un problema hasta de áreas culturales, hay un problema lingüístico que traduce también concepciones distintas de las relaciones Iglesia-Estado y del papel del Estado, de lo que llamamos el Estado laico, en estas sociedades. Después de la plática me di cuenta, también, de que muchas de las reacciones partían de una falta de comprensión del fenómeno de la laicidad porque, en el contexto europeo, la laicidad está identificada con Francia. Y muchos de los países ahí presentes: Grecia, Dinamarca, Inglaterra o Alemania, simple y sencillamente les parecía que la discusión sobre laicidad podía ser muy interesante y aplicarse para el caso francés pero que a ellos no les concernía. ¿Por qué? Porque identificaban el fenómeno de la laicidad con la noción de laicidad; al mismo tiempo, estaban identificando el fenómeno de la laicidad con una experiencia histórica particular, la francesa. Entonces decían: «bueno, a nosotros ese asunto no nos concierne». «Nosotros, en Dinamarca, somos una monarquía», o «nosotros, en Holanda, somos una monarquía», o «nosotros, en Dinamarca, no conocemos la separación Iglesia-Estado». Ahí empecé a entender que la noción de la laicidad, tal como nosotros la estábamos empezando a trabajar, no podía circunscribirse a una realidad específica, sino que teníamos que tratar de abstraernos para encontrar los elementos de lo que nosotros llamábamos laicidad y ver si en algunos otros casos también la tuvieran, aunque la llamaran de otra manera.

Hay países que pueden definirse como laicos aunque no conozcan la palabra o nunca la hayan utilizado; por ejemplo, Estados Unidos. Cuando Baubérot y yo estuvimos yendo a Estados Unidos, utilizamos el término laicity, que está inventado completamente porque ellos ni lo conocen. Les tenemos que explicar qué es eso y tratar de hacerles entender que no es lo mismo que secular o secularization. De todas maneras, trato de explicar los orígenes de la palabra laicidad, secularización, y cómo en el propio contexto latinoamericano en particular (pero también francés) se utilizaba más la palabra secularización hasta que los franceses inventaron la palabra laicidad, allí por 1870.

Sin embargo, todo eso genera más de una confusión por lo que tenemos que empezar limpiando el asunto. ¿Qué quiero decir con esto? Hay muchas maneras de definir la laicidad. Entonces, ¿cómo definimos la laicidad para que le sirva a todo el mundo?, ¿cómo tratamos de entender la laicidad para saber si en efecto es una cosa que nada más les sirve a los franceses y, eventualmente, a algún país latinoamericano muy afrancesado o con una tradición de cercanía ideológica o si, por el contrario, utilizamos una noción que nos permita encontrar elementos comunes a distintos países y distintas experiencias históricas?

Primero hay que distinguir entre el concepto y el fenómeno. El concepto lo inventaron los franceses y toda la culpa —yo lo digo con toda la simpatía e ironía, al mismo tiempo— la tienen los franceses, porque precisamente creyeron y nos hicieron creer que era lo mismo el desarrollo del concepto que el fenómeno histórico, el fenómeno social. Y hay que distinguir entre el fenómeno y el concepto, porque sucede que la noción de laicidad puede haberse construido a partir de 1870, pero hay laicidad desde antes. Hay elementos de laicidad en muchas sociedades previas a 1870. Y si vamos entendiendo esto, vamos entendiendo que esos elementos pueden ser distintos en cada país, pueden haberse alimentado de manera distinta y alimentado de la propia experiencia francesa, y eso no tiene nada que ver con la manera en que la noción de laicidad específicamente se ha venido desarrollando.

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Dr. Roberto Blancarte

Director del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México. Investigador asociado del Grupo de Sociología de Religiones y de la Laicidad (GSRL) de la Escuela Práctica de Altos Estudios (EPHE), de la Sorbona (París). Secretario del Comité de Investigación 22 (Sociología de la Religión) de la Asociación Internacional de Sociología (ISA).

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