Laicidad en Europa

Conferencia inaugural de la exposición itinerante GODF-Madrid

Texto completo en el PDF adjunto.

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Primero que todo, quiero inclinarme ante los laicos de España, los servidores de la República universal – entre los que se encuentran muchos masones – ante aquellos hombres y mujeres, hombres y mujeres de progreso, de coraje, quienes, en tiempos trágicos de la historia pagaron el precio de la sangre por defender de la libertad de pensar libremente, de vivir fuera de la opresión dogmática impuesta por el Estado nacional católico, alianza del trono y del altar, cesar o papa con tintes inquisitoriales. 

El pasado ya murió dice un refrán árabe, sin embargo, los que olvidan las lecciones de la historia corren el peligro de volver a vivirla bajo una forma u otra. 

Afortunadamente vuestra Constitución democrática de 1978 proclama la libertad de religión y de culto y ha convertido vuestra nación en un país aconfesional ( cuasi laico ), aunque no mencione en forma explicita la separación del Estado y de la Iglesia.

No falta quien afirme perentoriamente que la palabra ‘laïcité, exception française’, no tiene traducción a otros idiomas. No es mi opinión, y aunque fuese así no le daría mayor importancia puesto que la palabra no es más que la carne que envuelve el concepto y todos sabemos que los conceptos no están limitados por fronteras, sino que abarcan a toda la Humanidad. La laicidad es un concepto universal, un concepto indisociable de la institucionalización de la libertad absoluta de conciencia, espinazo de la masonería adogmática. La laicidad, columna vertebral del edificio republicano, fundamento institucional de las libertades individuales, garantiza el respeto a los demás, al alter ego de origen distinto, de confesión diferente, de postura metafísica distinta, garantiza la convivencia social pacífica al mismo tiempo que la unidad de la nación al aceptar su diversidad.

Un concepto de tiempos remotísimos cuya fuente hay que buscar en los escritos de ilustres filósofos : Protágoras – quien afirmaba que ‘el hombre es la medida de todo’ – Sócrates, Epicuro, Confucio, Espártaco, Avicena, Averroés, Giordano Bruno, Espinoza, Newton, Voltaire, Condorcet el filósofo revolucionario francés creador de la enseñanza laica, Victor Hugo, Krause, y su libre enseñanza, Unamuno, Giner de lso Ríos, Francisco Ferrer y Guardia, Ernest Renán, Jean Rostand y muchos más. La laicidad, el humanismo laico, en su vertiente institucional es, sin duda alguna, heredera del Siglo de las Luces.

Cabe observar que si algunos de los pensadores convocados entroncan con la filosofía materialista, son en su mayoría, producto del catolicismo, del budismo, del Islam, del deísmo, del agnosticismo. Sin embargo, todos tienen en común un distanciamiento con los dogmasreligiosos reductores, lo cual en períodos de oscurantismo llevó a tantos pensadores a las hogueras inquisitoriales entre otros suplicios.

rimera conclusión: la laicidad, que sus enemigos tachan de ‘laicismo’ en nombre de un supuesto diferencialismo, no se debe confundir para nada con el ateismo. No obstante, lo cierto es que solamente un estado laico permite a los no creyentes, vivir exentos de persecución.

Desde este punto de vista se puede definir la laicidad como el conjunto de las reglas de conducta necesarias consideradas como humanistas y universales de convivencia social sin distinguir raza, sexo, religión, nacionalidad, ni condición social alguna.

Estas pocas palabras condensan la filosofía laica, a saber, la separación estricta entre la esfera privada – la de la creencia, la de la opción metafísica, la de la opinión- y la esfera pública, la de la convivencia ciudadana. Es ahí donde radica el principio institucional. 

No os sorprenderá que la primera separación se remonte al año 1795, a la Revolución Francesa. Con todo, tocará esperar el año 1905 para que se gravase en el mármol constitucional, la separación del Estado y las iglesias, que puso fin en Francia a los conflictos de origen religioso. Para aclarar esto, me permito relataros la traducción de los dos primeros artículos de la Ley de Separación:

Artículo primero : La República garantiza el libre ejercicio de los cultos dentro del marco del respeto de la libertad de conciencia.

Artículo segundo : La Republica no reconoce, ni subsidia ni retribuye culto alguno.

Resumamos: La laicidad ‘llave maestra’ del edificio republicano, es un principio filosófico, jurídico, constitucional, una moral de carácter universal que permite en base a la tolerancia mutua el respeto de sí y de los demás, una convivencia social pacífica. Dicho de otra manera la laicidad a la francesa es ante todo una construcción jurídica con valor constitucional desligada de cualquier ideología: se ciñe al derecho público y no al intimus o sea a la conciencia íntima.

La ley republicana garantiza el principio de la laicidad y se aplica no sólo al campo educacional sino a la justicia a la salud y también debería aplicarse al ámbito económico.

Como lo sabéis la Constitución de 1978 establece las relaciones entre el Estado y los cultos. En este asunto, me abstendré de cualquier comentario considerando que los representantes de Europa Laica y los laicos españoles son mucho más competentes que yo. Sin embargo, no puedo más que constatar que las medidas progresistas de laicización siguen desencadenando polémicas violentísimas. Ya no se habla, como lo afirmaba Pió XII « del odio satánico a dios profesado por los republicanos” sino que, a propósito de la voluntad del Presidente José Luís Zapatero de imponer « una clase de educación a la ciudadanía » en las escuelas públicas, los obispos consideran que la libertad de conciencia de los jóvenes está peligrando – un colmo – y que, « colaborar con la implantación de dicha enseñanza es colaborar con el mal ». O sea que – si entiendo bien- la libertad de conciencia consistiría en la imposición de un dogma. Tampoco podemos pasar por alto la apreciación altamente selectiva del vaticano y de sus aliados políticos en cuanto a la memoria histórica : por un lado se busca que las víctimas de la República se consideren como mártires, se procede a beatificaciones o – según el rango- a canonizaciones masivas y por otro, se niega honrar la memoria de las víctimas de la cruzada, del Estado nacional católico, como en el caso del memorial de Valencia. 

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