Laicidad en el Estado dominicano: Ilusión, realidad o ideal

La religión existe desde que en el hombre se empezó a desarrollar el proceso cognitivo y el raciocinio, es lo que cuando la ciencia no podía hablar como habla en la actualidad, en el siglo XXI, le daba una explicación no tan lógica, pero muy basada en la fe, en la creencia en seres superiores que hacían posible todos los procesos de aquel entonces. América Latina tiene una particularidad en lo relativo a la laicidad del estado, puesto que en esta región el único país que ostenta una religión oficial es Costa Rica, en el resto de los países de América Latina, al menos a nivel legal existe una separación entre el estado y la iglesia, aunque, hay una gran cantidad que tiene acuerdos económicos con ciertas iglesias en particular, en especial con la iglesia católica. Cuando se excluye el tema legal, bien se puede llegar a la temeraria inferencia de que todos los países no solo de América Latina sino del mundo tienen un fuerte componente religioso en su cultura, que llega al nivel de que la vida sin religión para muchas naciones sería en teoría y en la práctica imposible.

El vínculo entre la democracia y la laicidad es histórico, puesto que ambas se desarrollan de la mano. Las sociedades “Premodernas” tenían un régimen político un tanto basado en el componente religioso, puesto que a mi entender la iglesia siempre ha sido un medio de control para la mentalidad de los miembros de la sociedad, no obstante, con el avance de los tiempos el paradigma ha cambiado, el desarrollo de la democracia ha traído la posibilidad de la secularización de los Estados, en donde la libertad de expresión y de culto pasan a ser Derechos Fundamentales.

Cuando se pretende llegar al concepto de Estado Laico, no se debe abundar más de lo necesario e inmediatamente decir que el laicismo es un movimiento que defiende la organización independiente a las entidades religiosas, por lo que en su defecto el Estado Laico no es más que aquel estado que se mantiene inerte en temas religiosos, es decir, no manifiesta un apoyo, pero tampoco un rechazo a la religión. El laicismo desde la óptica de un joven nacido a inicios del siglo XXI, cuando la mayoría de las cosas tenía una explicación lógica y las que no estaban avanzadas en su descubrimiento es la mejor postura que puede ejercer un gobierno ante las religiones, puesto que esto permite el desarrollo de la libertad de culto y este derecho hace posible otros derechos como son la libertad de reunión y de expresión.

La República Dominicana bien se debe decir constitucionalmente[1] hablando que juega un papel neutral en los temas religiosos, puesto que en su artículo 39 establece la igualdad de todos los dominicanos sin importar la religión ni ningún otro tipo de condición que puede ser objeto de discriminación, además, también impera el importantísimo artículo 45 de la constitución que establece la libertad de conciencia y culto. No obstante, a esto y en igualdad que otros países de la región, la República Dominicana guarda estrechos vínculos desde su concepción con las religiones, en especial con la iglesia católica, celebrando todos los días festivos celebrados por la iglesia, distinguiéndose además de otros países al ser el único país que en su escudo ostenta una biblia, que su lema es “Dios, Patria y Libertad”. Estas situaciones no permiten que se pueda decir que la República Dominicana es un Estado Laico del todo pues como si necesitar una lupa se observa que disimuladamente desde su concepción y ya componente de la cultura se ha manifestado un apoyo a ciertos grupos religiosos.

En el caso particular de la República Dominicana, decir que el estado mantiene una posición neutral en lo referente a religión, es una potencial falacia, puesto que el acuerdo entre la santa sede y el estado dominicano desmiente esto. La religión católica ostenta una ventaja no solo cultural, sino en muchos más ámbitos, llegando al punto de que hasta embajadores tiene la República Dominicana[2] y el decano del cuerpo diplomático de este país es enviado directamente por la Santa Sede. No solo esto, la iglesia católica y sus líderes gozan de un privilegio, que facilita en gran proporción la ampliación de cualquier entidad, la exención de impuestos o de cualquier contribución.

Es aberrante y contraproducente decir que la República Dominicana en la práctica es un estado del todo laico, puesto que visiblemente se evidencia que este país no solo tiene un apego cultural a la religiosidad, sino que la administración gubernamental contundentemente también brinda facilidades a un grupo religioso en particular que le facilitan la expansión y el desarrollo. La iglesia, principalmente la católica, ha jugado un papel influyente en la administración del estado desde sus inicios, destacando los conflictos entre Juan Bosch y la iglesia católica quienes acusaban a este de atentar a secularizar el país; en consonancia con otros poderes, pero sin restarle importancia a la iglesia católica, luego de siete meses, el 25 de septiembre de 1963 fue derrocado por un golpe de estado el expresidente Juan Bosch. Otro componente histórico importante y que está latente en la actualidad, es la celebración de misas y oficios religiosos por parte de los entes y órganos gubernamentales e inclusive órganos tales como la Policía Nacional poseen en sus instalaciones una iglesia activa y abierta al público, muestra valida y palpable del apoyo o al menos la no neutralidad del Estado a ciertos movimientos religiosos.

Ante estos eventos históricos surge una interrogante, ¿la laicidad converge con la democracia?, e inmediatamente para elaborar una respuesta prudente a la pregunta, aclarar la esencia de la democracia es lo fundamental, decir que se trata de un estilo de vida cuyas bases se encuentran en el respeto a la dignidad humana, a la libertad y a los derechos de todos y cada uno de los miembros. Siempre que el gobierno no interfiera directamente en las creencias particulares de los ciudadanos, imponiendo medidas que afecten el derecho a la libertad de culto, de expresión y de asociación, se puede seguir diciendo que en la República Dominicana se mantiene en un Estado social y democrático de derecho, puesto que en la democracia el respeto a las ideologías ajenas es la base de las relaciones interpersonales.

Desde lo más profundo del laicismo en la República Dominicana, la jurisprudencia dominicana no tiene ningún historial de persecución en materia religiosa, al menos no reposa ningún expediente en la base de datos de la Suprema Corte de Justicia (S.C.J.), viva muestra de que la administración gubernamental nunca ha tenido la intención de mitigar cualquier tipo de grupo religioso en particular. No obstante, cuando se va al tema internacional, la temática cambia totalmente, con tan solo mencionar un incidente, como fue el holocausto, en el que murieron 7 millones de personas tan solo por el grupo religioso al que pertenecían y aunque sea difícil de creer es un acontecimiento reciente, no hace tan siquiera un siglo de aquellos fatídicos hechos que son viva muestra de cuanta maldad puede llegar a arropar nuestros corazones.

Para finalizar, los principios en que se fundamenta la educación de la R.D., son principios cristianos[3], la lectura de la biblia es obligatoria en instituciones de formación pública[4], por lo que es obvio que la formación de los que en el mañana tomarán las riendas del país está orientada no hacia una religión en particular, pero si hacia una creencia e ideología como es el cristianismo y esto puede malinterpretarse puesto que no se permite el libre desarrollo de la personalidad del individuo. La situación de la República Dominicana con el tema de la laicidad del Estado es tanto compleja puesto que, en el aspecto legal, fuera del acuerdo suscrito por Trujillo y llamado “Concordato” entre R.D. y la Santa Sede, las leyes relativas a lectura obligatoria de la biblia y principios del sistema educativo, no se manifiesta ningún apoyo a ideologías religiosas en particular, pero cuando se activa el componente cultural de los miembros de las instituciones públicas el escenario cambia por la razón de que la religión católica y desde los inicios del país ha sido parte importante del desarrollo y se ha asentado en la mentalidad de los dominicanos como la religión base; la religión católica se ha convertido a través del tiempo en una “costumbre”.

Por  Erick S. Rosario García

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