Laicidad

La laicidad, como habéis podido comprobar aquellos que habéis visitado mi blog (http://hermeneutaeclectico.blogspot.com) es un de los temas que, en los últimos tiempos, me suscitan un mayor interés.

Tal atracción surge de una doble premisa: 

  1. La Ilustración, representó el proyecto de autonomía del hombre. El ser humano adquirió la mayoría de edad y, por lo tanto, pudo darse el hombre por sí mismo sus propias leyes, en vez de recibirlas de Dios, o de sus subrogados y ministros (la "Naturaleza" y la Iglesia jerárquica). El Enemigo para las religiones en general es la razón que prescinde de los dioses, la razón que trabajaiuxta propria principia, la razón que razona, en definitiva. Debemos recordar que la laicidad nace de la propuesta de Hugo Grocio,Etsi Deus non daretur[1], que salvó a Europa de la autodestrucción a la que la abocaban las continuas guerras civiles de religión. Podemos afirmar que este precepto es, históricamente hablando, la única auténtica e indiscutible raíz de Europa y de la modernidad en general.

< >En un mundo actual globalizado, donde las múltiples religiones deben necesariamente convivir, si queremos evitar la violencia que pueden llegar a generar, la laicidad es la apuesta por un espacio común de convivencia. En palabras de Fernando Sabater, "en la sociedad laica, cada iglesia debe tratar a las demás como ella misma quiere ser tratada… y no como piensa que las otras se merecen. Convertidos los dogmas en creencias particulares de los ciudadanos, pierden su obligatoriedad general pero ganan en cambio las garantías protectoras que brinda la Constitución democrática, igual para todos."[2] <!–. Ante tan grave consideración no me queda más remedio que hacer algunas reflexiones, que pongo a vuestra disposición para que sirvan de acicate a futuros debates.

 

Ante esto, debo necesariamente hacer una apreciación lingüística. Cuando hablamos de aconfesionalidad, laicidad, laicismo, anticlericalismo, agnosticismo…, muchas veces lo hacemos intercambiando gratuitamente los términos, como si fuesen sinónimos. Y, es probable que, de alguna manera, algunos lleguen a serlo en determinados contextos (es el caso de aconfesionalidad y laicidad en términos jurídicos, o de éste último término, con el de laicismo, en el habla coloquial).

De todas formas, especialmente en este tema tan espinoso, pues entra en materias tanta importancia vital para un gran número de personas, me gusta seguir lo que en sabiduría tolteca se llama "ser impecable con las palabras"[3] y, por lo tanto quiero definir al menos tres de ellas:

< >Laicidad:Galicismo que no existe en el diccionario de la Real Academia Española, pero que, si atendemos a su origen (laïcité), vendría a designar una característica de las instituciones públicas o privadas, que según este principio son independientes de las distintas Iglesias y que también se refiere a laimparcialidad y neutralidad, en este caso del Estado, con respecto a las distintas religiones (sería casi como un sinónimo de nuestra aconfesionalidad pues observemos que, en francés, el antónimo de confesionalidad es laicidad, no a-confesionalidad). Laicismo:Nuestro diccionario entiende el laicismo como aquella "doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa." Esta definición es ambigua porque prácticamente incluye lo que entendemos por laicidad, pero está connotada de su significado original en francés, que se refiere a la doctrina que quiere excluir la religión de todas las instituciones públicas. Aconfesionalidad:Que según la RAE sólo significa "que no pertenece o está adscrito a ninguna confesión religiosa" (significado que, como ya he comentado, es en la práctica casi sinónimo de laicidad). Es verdad que, el necesario pacto constitucional de 1979, provocó que, frente a algunos que pretendían definir el Estado español como laico, como ocurre en otras muchas Constituciones de nuestro entorno, los sectores católicos transaccionaron permitiendo que se utilizara el término aconfesional que viene a decir solamente, que no tiene una religión como propia. <!–. Y, desgraciadamente, los ejemplos son ya incontables: y, nombrando sólo a los de mi entorno más cercano en Europa, desde las intromisiones de la Iglesia Católica en la última Campaña Electoral, al lamentable discurso de Nicolas Sarkozy en San Juan de Letrán, donde afirmaba que las raíces de Francia son esencialmente cristianas y, lo que particularmente me preocupa más, con la publicación de la encíclicaSpe salvi del Papa, donde sienta las bases de la doctrina oficial de la Iglesia, desmontando el sutil viaje hacia la modernidad emprendido por la Iglesia Católica durante el siglo XX. Estos son sólo ejemplos de mi entorno más cercano, pero una simple mirada a lo largo y ancho del planeta nos muestra otros muchos casos con prácticamente todas las religiones.

 

Por último, quiero concluir esta brevísima reflexión en la que he esbozado mi posición alrededor del laicismo, apercibiendo de dos peligros que suelen amenazar la defensa de la laicidad y en los que debemos intentar no caer: 

< >En primer lugar, no debemos confundir laicidad con agnosticismo y, mucho menos, con ateismo. Mucho se puede decir sobre el agnosticismo y ha de quedar claro que no existe un "dogma agnóstico" que unifica esta doctrina. Pero para simplificar podemos resumir que se trata de una opción individual que, simplemente, reconoce una falta de certeza ante la existencia o inexistencia de dioses y que, por lo tanto, suele conducir al convencimiento de que, existan o no, no afectan a la condición humana. Sin embargo, una sociedad laica no puede ser una sociedad agnóstica, en tanto que neutral. La laicidad obliga a eliminar de la esfera del Estado lo religioso, incluyendo a lo agnóstico. De hecho, la verdadera fortaleza del laicismo está en un modelo de convivencia basado en la capacidad para respetar las respectivas religiones y que, en dicho marco común, todas las personas puedan desarrollar una esfera tan importante como la de sus respectivas espiritualidades, sin entrar en conflicto. El reto consiste en que, cada vez más creyentes sean, además, laicistas. En segundo lugar, el laicismo (como defensa militante de la laicidad) debe intentar no ser confundido con el anticlericalismo (por otro lado tan natural y justificable en la sociedad actual), ni centrarse sólo en la descalificación de la Iglesia Católica, por mucho que su Jerarquía haga méritos.

 


[1]GROCIO, H : De Iure Belli ac Pacis libri tres.

[2]SAVATER, F.: Laicismo: cinco tesis. (http://hermeneutaeclectico.blogspot.com/2008/02/laicismo-cinco-tesis.html)

[3]RUIZ, M.: Los cuatro acuerdos: un libro de sabiduría tolteca.

 

 

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