La Xunta aclara que permite el velo ‘si se respeta el currículo escolar’

La delegada territorial de la Xunta en Lugo, Raquel Arias, señaló este miércoles que en el caso de la niña que quiere ir con velo al instituto lo más importante "es que esté escolarizada" y que el velo no será problema "si cumple el currículo escolar", esto es, si la niña cursa las asignaturas que le corresponden a su nivel.

Este matiz se refiere a que en algunos casos familias musulmanas se han negado a que sus hijas practicasen gimnasia, aunque, según indicó el padre de la niña, no es éste el caso. La Xunta aclaró que en Xinzo de Limia varias niñas van veladas al instituto sin que haya sido causa de problemas.

Integración
El primer caso en Lugo de una alumna musulmana que reclama como derecho el uso del velo islámico en el instituto ha puesto de nuevo sobre la mesa el tema de la integración de alumnos extranjeros en los centros escolares. Hace unos meses, fue la negativa de un profesor a examinar a dos alumnas de nacionalidad rumana que desconocían el idioma lo que reavivó la polémica. La escuela no es ajena a los cambios sociales que conllevan las migraciones, sino que, al contrario, es una de las esferas donde más se palpa. Aunque el caso del velo es puntual, —según señaló la Consellería de Educación—, sindicatos y docentes apuntan a la falta de recursos en los centros públicos para realizar convenientemente la integración de estos alumnos.

Los principales escollos no parecen estar ni en la vestimenta ni en las actitudes, sino en el idioma y también en que en las comunidades escolares no todo el mundo aprecia la diversidad cultural. "Hay padres descontentos porque creen que hay muchos alumnos extranjeros y que se les dedica demasiada atención. Sólo una minoría disfruta de la diversidad", apunta el orientador de un centro de Lugo que prefiere permanecer en el anonimato porque reconoce que la comunidad educativa en su centro está muy fraccionada y este tema levanta ampollas.

Es un tema peligroso, porque está directamente ligado a la inmigración, y este es campo abonado para la demagogia. En el centro al que pertenece este educador hay un alto número de alumnos musulmanes y "la integración es total, ejemplar", dice. Nunca se ha presentado un problema sobre la vestimenta, a pesar de que a la puerta se arremolinan muchas madres que sólo muestran el rostro, pero llevan a sus niños y niñas a la manera occidental, sin diferenciarse de sus compañeros. Y las diferencias culturales se solventan a base de diálogo y tolerancia.

Este profesor, como muchos otros, no pone el acento tanto en las diferencias culturales como en las lingüísticas, y reconoce que no beneficia a los nativos una clase con un número considerable de extranjeros si su manejo de las lenguas oficiales no es el óptimo porque "retrasan el ritmo de la clase", explica.

En Galicia, los alumnos de habla no hispana se colocan en un nivel educativo u otro en función de la valoración de los equipos de orientación de los centros. Si no pueden comunicarse con los alumnos, se utilizan pruebas matemáticas y de lógica para determinar sus conocimientos y madurez y a partir de ese diagnóstico los sitúan en el nivel correspondiente. Sin embargo, señala Julio Díez Escalante, presidente en Galicia del sindicato de enseñanza Anpe, la edad del niño también pesa, porque los centros no se arriesgan a poner a un chico de once años en una clase con los de siete, aunque su nivel sea parejo. Los progenitores podrían quejarse.

El alumno se mantiene en la clase asignada en las clases de materias como matemáticas, educación física y otras específicas y pasa a un grupo de refuerzo en las asignaturas de lenguas durante algunas horas. A este ritmo, hay niños que se ponen al día lingüísticamente en un curso y otros no lo consiguen en tres años. Depende de muchos factores, como los valores y el entorno del alumno, más que de la coincidencia idiomática. Los chinos y pakistanías destacan por su rápido avance.

Recursos
La eficacia del sistema no reside tanto en su planteamiento sino en los recursos materiales y humanos que se dispongan para llevarlo a cabo. "Hay que integrarlos, pero esos alumnos necesitan más trabajo, por la lengua y por las diferencias culturales", apunta José luis Rodríguez Trigo, de UGT, que señala que "el profesorado no llega". La integración y los observatorios de convivencia implantados en algunos centros "llevan consigo medios materiales y humanos y no estaría de más que hubiera educadores sociales que colaboraran con los centros".

Para Xosé Mariño, de CIG-Ensino, el sistema "deja bastante que desear en resultados" y subraya que "la dotación de recursos es insuficiente tanto en calidad como en cantidad". Señala, por ejemplo, que "en muchos casos no hay profesorado con conocimientos en esas lenguas y la carencia de personal con formación específica en interculturalidad es muy grande". Así las cosas, mantiene que "hay que romper una lanza en favor del profesorado porque hace una tarea ingrata". Díez Escalante comparte esta opinión y pide formación para los docentes y un protocolo de evaluación de alumnos extranjeros".

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