La virgen que (no) os parió

Lo siento. No respeto ni vuestra sentencia ni vuestras creencias. Sí, me dirijo a vosotros. A los ilustrísimos señores Don José María Gil Sáez, Don Fernando F. Benito Moreno y Don Tomás García Gonzalo. Me refiero a la sentencia que dictasteis el pasado once de noviembre por la que desde la Audiencia Nacional desestimáis el recurso contencioso-administrativo interpuesto por la Asociación Europa Laica contra el Ministerio del Interior por haber concedido la Medalla de Oro al Mérito Policial, con carácter honorífico, a favor de Nuestra Señora María Santísima del Amor. Mis disculpas a los lectores por el intento de asfixia que conlleva la longitud formalmente lapidaria de estas frases. Eso sí, una victoria pírricamenteajustada en la que ha ganado la sinrazón a la lógica. Tres votos a dos. Dos votos particulares que con dignidad profesional, creencias aparte, no han participado de este aquelarre pastoral contra la supuesta laicidad de nuestro país. Gracias por representar a la inmensa minoría que seguimos aferrados a una Justicia que no se inclina ante patrones ni patronas. Gracias Ilustrísimo señor DonJosé Luis Ibáñez, presidente de la Sala. Y gracias al otro ilustrísimo insurrecto con su voto particular, el señor Don Jesús Nicolás García Paredes que nos permiten vislumbrar la vigencia del Derecho con mayúscula tras la virginal derrota. Pero la democracia tiene eso. La mayoría no posee, necesariamente, la razón pero sí la legitimidad para llevar a cabo sus decisiones por muy disparatadas que estas puedan ser. Siempre que sean conformes a derecho claro. Pero si este derecho emana desde la judicatura con una impronta tan carca y pastoral se pervierte la propia noción básica y universal de la justicia. Así, cuando un magistrado impone sus creencias a su profesionalidad cuesta pensar que no está dictaminando una resolución a sabiendas de que es injusta ante la ley, por muy justa que le parezca ante lo divino. Espero que quepa algún tipo de recurso ante algún altísimo tribunal. Y no, no me refiero a ningún altar hacia deidad alguna. Esta sentencia sería inimaginable en cualquier país laico de la Unión Europea. Supongo que ya se estará hablando de ella en facultades de derecho de nuestro entorno y alguien recordará aquel ¿afortunado? lema político-turístico: Spain is different.

Eso sí, respeto a todas las personas. Incluso a los tres magistrados que han aprobado la sentencia que critico. Defiendo su libertad para pensar conforme a su contenido. Pero no estoy de acuerdo en que me deba someter a su criterio porque estamos hablando de las reglas de nuestra sociedad. Las que nos afectan a todas y todos en un país que compartimos, construimos y queremos de forma diversa y muy plural. El respeto no es para las ideas, las creencias o las religiones. ¿Dónde ponemos el listón? ¿Debemos respetar la creencia que impone la ablación del clítoris a las niñas, la inferioridad de la mujer o la superioridad de una idea, raza o religión? O por ceñirnos a la actualidad, ¿debemos respetar, aunque no compartamos, las matanzas de inocentes en Palestina o Siria o los asesinatos y secuestros lejanos de Boko-Haram en Nigeria, perpetrados todos ellos en nombre de ideas políticas o creencias religiosas? ¿Acaso son respetables los atentados y respuestas a sangre y fuego tanto por venganza política como en nombre de algún supuesto profeta para alcanzar el paraíso eterno? ¿Debemos respetar el totalitarismo que atenta a los derechos humanos, a veces incluso democráticamente? No. No todas las creencias e ideas son respetables. Pero sí lo son y deben serlo todas las personas. Con independencia de lo que piensen y en qué crean.

Por eso lamento que esta sentencia además de ser equivocada es profundamente irrespetuosa con todas aquellas personas que se juegan la vida a diario para que los demás tengamos una convivencia más tranquila. Me refiero a las fuerzas de seguridad y policías de todo estamento y ámbito que nos permiten pasear por nuestras calles a pesar del riesgo que implica la irracionalidad y brutalidad de delincuentes y terroristas de todo tipo de ideas, razas, creencias y religiones. Si no pasan más desgracias no es por la mediación de la virgen sino gracias a ellas y ellos. Y a la madre que los parió.

Psicólogo

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