«La violencia en nombre de la religión es violencia contra la religión»

«El extremismo no es patrimonio de una sola religion, es un problema mundial y debemos unirnos contra ello»

«Hay que luchar contra Daesh no sólo militarmente, sino incluir también a las instituciones educativas y los líderes locales»

El diálogo entre religiones como herramienta para la resolución de conflictos en el mundo ha sido la idea clave abordada esta semana en Barcelona, en una reunión de expertos y representantes de varias instituciones auspiciada por el Ministerio de Asuntos Exteriores español y la Unión para el Mediterráneo. Entre los presentes en la cumbre estaba Faisal Bin Muammar, secretario general del Centro Rey Abdulá para el Diálogo Interreligioso e Intercultural (KAICIID, en sus siglas en inglés) -institución con sede en Viena, financiación saudí y apoyada políticamente por Austria, España y el Vaticano, como Estado observador-, quien concedió a EL MUNDO.es esta entrevista telefónica.

P.¿Cuáles han sido los logros de esta primera reunión de alto nivel sobre diálogo interreligioso?

R.Hemos establecido una conexión para compartir experiencias y conocimientos con el fin de trabajar por el diálogo interreligioso y combatir el extremismo.

¿Cuáles son los principales retos que se han marcado en la lucha contra el extremismo?

El extremismo es un problema mundial. Intentamos encontrar un modo de construir relaciones entre líderes religiosos y políticos y que participen en la lucha contra el extremismo. El papel de las religiones ha sido negado en el pasado, pero ahora la sociedad ha descubierto que el diálogo interreligioso es clave. El extremismo no es sólo patrimonio de una religión y debemos encontrar modos para frenarlo a través de las instituciones y de las políticas.

La religión ha servido y sirve de acicate de conflictos. ¿Qué se puede hacer para que se convierta en herramienta para resolverlos?

Hemos visto la manipulación que el extremismo ha hecho de la religión y cómo algunos grupos se han aprovechado de ella para cubrirse a ellos mismos bajo un manto religioso. Nuestro objetivo es construir puentes entre religiones y culturas para que no se asocie el extremismo a la religión. Debemos tener cuidado y estar unidos frente a ello. Lo que ocurre en Oriente Próximo es que se manipula la religión. Debemos llamar a estos grupos por su nombre: terroristas.

Oriente Próximo está bajo la amenaza de un enfrentamiento entre suníes y chiíes debido al auge de Daesh (acrónimo en árabe del autodenominado Estado Islámico). ¿Cuál es la mejor estrategia para combatir contra este grupo?
Debemos llamarles terroristas, no Estado Islámico. Luchar contra ellos y sus actos criminales no sólo requiere una estrategia militar, sino que se debe implicar a los medios, a las instituciones educativas y trabajar con los líderes religiosos locales. No hay una sola solución a Daesh, sino que se necesita una estrategia más completa.

Las minorías religiosas, como la cristiana, sufren la persecución a manos de Daesh.Atacan a todos: musulmanes, chiíes, suníes, yazidíes, cristianos…
La violencia en nombre de la religión es violencia contra la religión misma. Los cristianos son parte de Oriente Próximo, para nosotros no son una minoría sino ciudadanos esenciales de nuestras sociedades que tienen derechos y a los que hay que proteger.

En Europa también hay problemas de convivencia entre religiones, antisemitismo e islamofobia. ¿Cómo trabaja su organización para luchar contra esta discriminación?
Creemos que el diálogo es la vía para resolver estos problemas y pensamos que la unión contra el extremismo, tanto cultural como político, es la vía. Estamos viviendo una situación alarmante en Europa y debemos tener cuidado de no asociar la religión al extremismo.

¿Han detectado mayores recelos contra la comunidad musulmana en Europa después de los ataques de ‘Charlie Hebdo’ en París?
Estamos contra cualquier tipo de violencia. Lo que ocurrió [en París] debe ser interpretado como lo que fue: un ataque terrorista. Lo condenamos y llamamos al diálogo, al respeto y la libertad.

Arabia Saudí, uno de los fundadores de KAICIID junto con otros Estados, es un país que ha recibido críticas por promocionar este organismo internacional en pro del diálogo interreligioso mientras dentro del reino no hay libertad religiosa. ¿Piensa que promover instituciones como ésta puede ayudar a que eso cambie en el futuro?
Como representante de un organismo internacional, no hago comentarios sobre políticas internas de los países. Pero hay que tener en cuenta que Arabia Saudí es el corazón del mundo islámico y que las iniciativas para promover el diálogo son importantes para construir puentes en el ámbito internacional y ayudan a fomentar el respeto y la tolerancia.

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